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Estados Unidos y sus guerras fracasadas: El pantano de Siria

ObamasiriaMiguel Guaglianone (BARÓMETRO INTERNACIONAL, especial para ARGENPRESS.info)

En los últimos tiempos a los Estados Unidos no le están saliendo muy bien las cosas en política exterior. Sobre todo desde que el Departamento de Estado y el Pentágono -léase los intereses de las grandes corporaciones- y sin importar el color político de quien esté en la Casa Blanca, decidieron que la intervención armada sería la forma principal de imponer sus objetivos a nivel global. Una política impulsada no sólo por el creciente predominio de los “halcones” en las decisiones de estado, sino también por su pérdida de influencia a nivel mundial provocada por un conjunto de factores que van desde su propia crisis interna y la correspondiente crisis de sus principales aliados, hasta el ascenso de nuevos protagonistas a nivel global tales como China, Rusia, India y Latinoamérica, que deciden cada vez más sin tener en cuenta los intereses estadounidenses y que tienden a generar el nuevo universo multipolar de la geopolítica planetaria.Así, la guerra en Irak luego del derrocamiento del gobierno de Saddam Hussein se fue estancando, y no fue posible mantener el control en un país en ruinas a pesar de los sucesivos gobiernos títeres instaurados. Luego de diez años de ocupación, la violencia de distintas facciones sigue estando presente (aún en la supuestamente protegida “zona verde” de Bagdad), y el vergonzoso y progresivo retiro de tropas ha sido la única respuesta posible. El saldo ha sido la destrucción de una nación, el saqueo de sus reliquias históricas y un relativo control sobre el petróleo iraquí por parte de las grandes corporaciones (todavía a pesar de los años no se ha logrado restaurar la producción del tiempo de Saddam).

Igual destino han sufrido en Afganistán, que fuera invadido bajo el pretexto de que el gobierno talibán protegía y promovía el terrorismo y dónde a la fecha, luego de 12 años de invasión, no han logrado ninguno de los objetivos propuestos. La resistencia continúa atacando no sólo a las fuerzas de ocupación, sino también a las del gobierno títere impuesto por las naciones occidentales. Los “estrategas” de Estados Unidos nunca estudian la historia, sino sabrían que desde Alejandro el Magno hasta el presente, el pueblo afgano ha logrado resistir a todas las múltiples invasiones que intentaron controlar su geopolíticamente vital territorio. El único saldo en crecimiento que ha dejado esta guerra, ha sido el aumento exponencial del cultivo de amapola y la producción de heroína, precisamente destinada a ser consumida en los países centrales. También aquí la guerra se ha estancado y presenta la misma cara que en Irak, la única salida parece ser una vergonzosa retirada, con el riesgo que el gobierno títere impuesto (al igual que en Vietnam) caiga rápidamente al irse las tropas invasoras.

Dónde en primera instancia las cosas parecían haber salido mejor para los intereses de la gran potencia ha sido en Libia. El nuevo método de ataque a través de intermediarios, producto de los repetidos fracasos militares anteriores y de las inmensas dificultades económicas de unos Estados Unidos en recesión para asumir los gigantescos costos de la movilización de tropas y equipamiento, dio unos rápidos frutos. Los terribles bombardeos por parte de la OTAN (78.000 misiones en menos de dos meses) y los ataques de todo tipo de opositores a Kadaffi estimulados, financiados y armados por los países occidentales, acabaron en muy poco tiempo no sólo con el gobierno libio, sino con las principales infraestructuras del país.

También como en Irak, el petróleo libio y sobre todo las grandes cantidades de dólares del Estado libio depositadas en los bancos europeos, quedaron en poder de los intereses occidentales. Las compañías norteamericanas y europeas consiguieron jugosos contratos para la “reconstrucción” del país que habían devastado. Pero, otra vez sin mirar la historia, los “estrategas” occidentales no tuvieron en cuenta dos hechos. El primero que el Estado libio no era un “Estado Nación” del tipo occidental, sino que la capacidad de Kadaffi había estado en lograr el consenso entre los grupos tribales que constituyen la estructura social del país. El segundo fue que, en la desesperación por tumbar rápidamente al gobierno libio, los países occidentales financiaron y armaron a cualquiera que dijera estar en su contra, sin ningún tipo de exigencia. El Consejo Nacional de Transición constituía una variopinta agrupación de facciones, que iban desde los opositores internos radicales libios hasta los grupos terroristas como Al Qaeda, pasando en el intermedio por grupos tribales y por todo tipo de tropas de mercenarios y delincuentes.

El resultado es que aún hoy la violencia sigue estando presente en Libia. Una violencia que ya le ha costado por ejemplo a los Estados Unidos la muerte de diplomáticos y que hasta la semana anterior sigue explotando en focos incontrolables, por parte de facciones que conservan su capacidad armada y no responden a ningún gobierno. Aquí no hay tropas de invasión para retirar, pero quienes representan los intereses occidentales no tienen la capacidad ni de dirigir u organizar, y aún menos de pacificar al país. A dos años de haber “terminado la guerra” la escalada de violencia continúa en un territorio libio donde lo normal es la devastación.

Siria

Cuando a fines del 2011 la política exterior norteamericana decidió aplicar a Siria el mismo libreto que aparentemente les había dado buen resultado en Libia, generando una supuesta “guerra civil” financiada desde el exterior, hacíamos el análisis de situación y pronosticamos que era probable que se estuviera gestando un conflicto prolongado y sin claros vencedores. Señalamos por ejemplo, que el gobierno sirio no había caído nunca en la ingenuidad de Kadaffi de desarmarse pensando que había conquistado las amistad de las potencias occidentales, muy por el contrario se mantenía hace casi cuarenta años en estado de guerra con su vecino Israel y no sólo estaba muy bien armado sino que mantenía un alto grado de capacidad militar. Otro elemento que hacía muy diferente el conflicto era que los países occidentales no lograron una decisión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que permitiera el bombardeo externo, ya que tanto Rusia como China no estaban dispuestas a ser partícipes de la destrucción de la nación siria, como lo fueron involuntariamente en el caso de Libia, al permitir la aprobación de una “zona de exclusión aérea” por parte de ese Consejo.

A pesar de estas diferencias (otra vez parece que los “estrategas” del Pentágono no leen la historia), los Estados Unidos impusieron el plan de guerra que les funcionara en Libia, con el objetivo de tumbar al gobierno sirio. Esta vez no sólo los estados europeos correrían con el peso de la factura de promover, financiar y armar a los “rebeldes”, sino que obtuvieron la cooperación de varios estados de la región (algunos de ellos curiosamente, enemigos entre sí) como Arabia Saudí, Jordania, Qatar, Turquía e Israel. Mientras tanto mantenían una furiosa ofensiva diplomática que buscaba aislar al gobierno de Bashar.Al-Asad, y lograr sanciones de todo tipo por parte de instituciones internacionales. Aunque no hubieran conseguido el aval para destruir desde el aire las infraestructuras y la aviación sirias, estaban dispuestos a tomar el riesgo de aplicar el plan, aunque fuera parcialmente.

Pero las cosas se fueron dando de otra manera. En la medida que el gobierno sirio lograba resistir las embestidas de los ataques, que no sólo fueron de guerra convencional y de guerrillas, sino que pasaron a ataques terroristas por parte de los “rebeldes”, y en la medida que además la posición de Rusia fue endureciéndose progresivamente (habiendo colocado el gobierno de Vladimir Putin una especie de “línea roja” en Siria, declarando que su país no permitiría una invasión extranjera); la guerra fue prolongándose y poco a poco el ejército sirio fue logrando sucesivas victorias frente a los mercenarios. Se dieron marchas y contramarchas, Turquía (vecino fronterizo) amenazó con intervenir directamente en forma militar, pero cuando comenzó a movilizar sus tropas hacia la frontera, la resistencia armada kurda que tiene en su interior, incrementó sus acciones militares, y debieron suspender sus pretensiones frente a Siria. Para compensar, la OTAN desplegó en territorio turco baterías de misiles Patriot para “defender a Turquía de Siria”. La Liga Árabe permitió al Ejército Libre Sirio (eufemismo para nombrar a los mercenarios) ocupar el puesto de esa nación en su seno. El gobierno sirio denunció ante las Naciones Unidas el uso de armas químicas por parte de los rebeldes, y Occidente contestó que era ese gobierno quien las empleaba. Las Naciones Unidas a través de su Secretario General (que opera como gobernador colonial de Occidente) declararon en el caso que “había que investigar al gobierno sirio”. Los miembros de la comisión enviada por las ONU hicieron declaraciones contradictorias, mientras unos decían que no encontraban pruebas de uso de armas químicas, otros afirmaron que habían descubierto que eran los “rebeldes” quienes las habían usado.

Todos estos entretelones no logran desviar el hecho que el gobierno sirio parece estar ganando la guerra en el terreno militar. La acción diplomática rusa logra entonces que en una visita del Secretario de Estado Kerry a Moscú, se convenga en la realización de una conferencia de paz en la cual esté presente el gobierno sirio. Todo pareciera estar apuntando a una resolución del conflicto.

La huída hacia delante

Sin embargo persiste la ciega tozudez de seguir intentando llevar adelante los planes establecidos aunque los hechos apunten a lo contrario. Obama se reúne por separado con Cameron (primer ministro Británico) y con Erdogan (primer ministro turco) y en ambas reuniones declaran seguir propiciando la caída del gobierno sirio como objetivo principal en Medio Oriente. Las Naciones Unidas bajo su influencia emiten una resolución de condena a Bashar Al-Asad y se expresa desde la Casa Blanca que los Estados Unidos van a armar por su parte a los rebeldes (ya comenzó a operar en territorio sirio una unidad mercenaria entrenada y armada por Estados Unidos en Jordania). Todo parece indicar que no importa de qué manera, el gobierno de Estados Unidos persistirá en sus objetivos. Aún cuando exista un informe de la CIA divulgado por los propios medios occidentales, que dice que Bashar Al-Asad cuenta con el respaldo de la mayoría del pueblo sirio y que es probable que gane las próximas elecciones con un apoyo mayor al 57% de los electores, lo que lo convertiría en presidente legítimo hasta 2020. Los propios medios occidentales muestran, aún con su información sesgada, como a los Estados Unidos no les importa en absoluto la “democracia” sino que van a imponer cada vez más abiertamente, la defensa de sus intereses (los de las grandes corporaciones) sin atender a ningún otro tipo de razón o consideración política.

Uno de los síntomas del tipo de crisis general que estamos viviendo, tiene que ver con esa ciega pretensión de imponer objetivos frente a realidades que no lo permiten. Del mismo modo que frente a la crisis europea los poderes económicos centrales repiten y repiten las fórmulas neoliberales que han demostrado su constante fracaso, en este caso la política exterior estadounidense intenta repetir y repetir las fórmulas intervencionistas de guerra que vienen naufragando sistemáticamente.

Así, Siria se les está convirtiendo en el mismo tipo de pantano que en que están enterrados en Irak y Afganistán. Y si la historia enseña algo, es que tendrán que salir de allí como salieron de Vietnam, con el “rabo entre las patas”.

Arnold Toynbee decía en su tratado sobre el Estudio de la Historia, que las crisis de civilización llegan cuando la minoría creativa que había elaborado propuestas civilizatorias que convencieron a los pueblos perdía su condición de tal, e intentaba convertirse en una minoría dominante apoyada únicamente por la fuerza. Decía también, estudiando el colapso de las civilizaciones, que en ese momento (el del colapso) era cuando curiosamente los imperios que habían dominado la civilización tenían la mayor capacidad militar de su historia, y que de nada les había servido para evitar la desintegración.

¿Alguna vez los “estrategas” van a decidirse a aprender de la historia o continuarán su ciega carrera hacia el vacío?

Algunas fuentes empleadas: RT TV – Hispan TV – Telesur – BBC – Rebelión – CNN (en inglés) – RTE – DW.

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