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El fanatismo contra los manuscritos de Tombuctú

tombuctu

11-06-2013
El desastre cultural de Malí

El anuncio del equipo de la Unesco que ha visitado Malí tras la intervención francesa ha advertido con pesar que como resultado de una investigación sistemática entre el 28 de mayo y el 3 de junio se ha podido determinar que hay 4.200 manuscritos antiguos destruidos contra la creencia optimista de que no superaban el centenar. Y lo que es peor: se confirma que los grupos Ansar al Din y MYAO que proclaman la Yihad radical, no se contentaron con capturar Tombuctú, Gao y Kidal sino que a sus masacres hay que añadirle el delito de memoricidio contra sepulcros y monumentos.

Hace 4 meses, mientras visitaba Mali en una investigación sobre la ruta transahariana de los libros medievales, advertí en la prensa internacional que esto sucedería con esa melancolía que tiene todo escritor al tener la razón en un hecho trágico. Y, por desgracia, lo irremediable ha devastado un país donde todavía viven en el miedo y en la incertidumbre bibliotecarios y custodios de los bienes culturales porque las amenazas en sus contra son inevitables. Miles salieron de Tombuctú a Bamako y se espera otra diáspora en los días por venir, dado que la guerra civil impide formular juicios prudentes sobre los que pasa. Ni los intervencionistas franceses ni la Junta Militar que gobierna Malí ni los radicales musulmanes dicen toda la verdad y la propaganda ha intoxicado de miedo el cálido ambiente.

Tombuctú, como Bagdad o El Cairo, es más un recuerdo colectivo de diversas generaciones que un lugar y no es incomprensible el temor que ha renacido por las consecuencias de nuevos ataques cuando se marchen las tropas francesas sobre la antigua ciudad, donde se han construido monumentos culturales que son Patrimonio de la Humanidad según la declaratoria que hizo la Unesco en 1988 y la inclusión de las extraordinarias bibliotecas del lugar, que forman parte del Programa Memoria del Mundo y sobre todo de la historia olvidada de España. Tombuctú, llamada también El Dorado africano y también la villa de los 333 santos, jamás ha conocido tiempos de paz, pero nunca an tes como ahora ha sido tan evidente su posible exterminio justo cuando había logrado ser una referencia turística planetaria con festivales de teatro y música.

El orientalismo ignoró por siglos –o para ser más exacto, omitió- el mestizaje curioso entre el mundo musulmán y los cultos antiguos africanos. Con la penetración del Islam cambiaron incluso las mitologías de pueblos tan independientes como los mandinga o los dogón. En Tarik al-fattash de Mahmud B. Muttawakkil Ka´ti se lee que el Caos dominó a sus habitantes, hasta que aceptaron el credo de Alá. Todavía puede encontrarse entre los ancianos una práctica esotérica animista; y la práctica exotérica islámica comunitaria.

La ciudad de Tombuctú, hoy abandonada por habitantes que huyen despavoridos, llegó a tener 200 madrazas para enseñar teología y no menos de 40.000 estudiantes divulgaron su doctrina. En Tombuctú funcionó la que se estima primera universidad del mundo de Sankore o Sankore Masjid; gracias a la erudición de sus creadores, la universidad alcanzó el número aproximado de 25.000 estudiantes y escolares entre los que se contaron hombres que llegaron a ser sabios como Abu Al Baraaka o Mohammed bin Mohammed Kara.

De las mezquitas habría que mencionar Djinguereiber, hoy con daños en sus sepulcros, erigida hacia 1325 por Ishaq es-Saheli, el escéptico arquitecto granadino nacido en 1290 que enriqueció por la millonaria fortuna que le pagó el espléndido emperador Mansa Musa, quien también se distinguió porque hizo su peregrinación a La Meca con sesenta mil personas y cien camellos cargados de oro sólo para probar su devoción. El edificio de la mezquita es extraño y su estilo desconcertante y mimético ante el paisaje se extendería por la ciudad al combinar el adobe y la palmera, como puede verse también en la milagrosa Sidi Yahya , que estuvo abandonada hasta que un iluminado apareció del desierto con las llaves y pudo abrirla siglos más tarde, o en la gigantesca Mezquita de Djenné.

De las grandes patrimonios de Tombuctú, sin duda que sus bibliotecas y libros. Una de ellas fue la biblioteca errante que conformó lo que hoy se llama Fondo Kati, una de las maravillas más increíbles de Malí. Ni su número es habitual (comenzó por la cifra de 400 volúmenes y hoy tiene 7000 volúmenes sagrados); tampoco deja de sorprender que sus manuscritos híbridos salieron en unas condiciones clandestinas de España, pasaron de mano en mano de Marruecos a Walata en Mauritania y estaban en el Níger hacia el siglo XVI hasta 1818, y sus herederos la escondieron cuando los franceses la buscaban en Malí para llevársela a París. Volvió a reaparecer la colección en 1990 y para 1999 estaba abierta al público, con los apuntes que solía hacer Mahmud Kati a sus textos que producen de fuentes árabes, españolas, hebreas e incluso francesas y que León el Africano admiró sin medida.

Según la versión de Ismael Diadiè Haïdara, descendiente autorizado de los Banû l-Qûtî ( de ahí el nombre Kati), hay más de 3 00 archivos que permitirían reescribir los lazos entre Tombuctú y el exilio morisco español, lo que permitiría recuperar una parte inevitable de la crónica de España. En Malí, aunque su nombre deriva del bambara y significa àmakɔ̌ o cocodrilo pantanoso, es habitual decir que quien no ha sido picado por un escorpión es porque no ha pisado la arena.

En un manifiesto público fechado el 25 de Febrero de 2000 autores como el fallecido Premio Nobel de Literatura José Saramago y autores de enorme importancia como Juan Goytisolo, Antonio Muñoz Molina, José Da Silva Horta y Ousmane Diadié Haidara, entre muchos otros, se alertaba sobre el estado del Fondo Kati:

“Hoy tres mil manuscritos de una familia exiliada de Toledo, la Familia Kati están en peligro de destrucción en Tombuctú. El diario ABC de España, News and Events de la Northwestern Uiniversity de EEUU, el Boletín de la Saharan Studies Association de EEUU, y el 26 Mars de Mali llevan meses señalándolo en vano” .

Lamentablemente, para 2012 el Fondo Kati todavía esperaba buena parte de la ayuda de la Junta de Andalucía, dispersada –como sabemos– por demagogos y políticos irresponsables. Los 7000 libros que ha cuidado Haïdara, estaban ya en peligro antes de que la ciudad fuera capturada por rebeldes Tuaregs, pese a que el tatarabuelo del intelectual escribió: “Hemos perdido el color y la lengua, pero nos queda la memoria”.

Bastó un golpe de estado en Malí el 22 de marzo de 2012 para que fuera más evidente la precariedad de este legado. En un sublime texto, un poeta se atrevía a expresar un tema que se volvería nostálgico y popular: “La sal viene del Norte, el oro viene del sur, la plata viene de los blancos, pero la palabra de Dios, los cuentos hermosos y las posturas santas sólo los hallarás en Tombuctú”.

El amor por los libros en Malí no era inusual y se citan anécdotas que tal vez exageran, pero definen un contexto. Se dice, por ejemplo, que Al Uaqidi al morir dejó 823 baúles de libros y que el erudito Al Jahiz fue uno de los primeros hombres víctimas de su biblioteca porque al caerle un armario con libros lo aplastó y murió. Son curiosidades, pero asombrosas porque en la misma fecha una biblioteca en Europa apenas llegaba a 2000 títulos en un monasterio. Sobre todo a partir de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 el exilio de familias moriscas al África estableció distintas rutas de libros que fueron sacados para ser salvados de la hoguera. Y entre algunos de los que huyeron estaban Al Fazzazi el Qurtubi (1229), Alí ben Ziyad (1468), el arquitecto y poeta Es Saheli (1290), el “último visigodo”, Yuder Pachá y el mitológico Azzan el Wazani mejor conocido como “León el africano”.

El 50% de 500.000 libros y archivos ha desaparecido hasta el día de hoy, y la comisión de la UNESCO ha encontrado daños irreparables que sobrepasan los 10 millones de dólares, esto, es el presupuesto de alimentación de todo el norte en ruinas… Todo el norte de Malí es una región sitiada, donde el Programa Mundial de Alimentos (PMA) calcula que los refugiados siguen en Mauritania, Níger, Burkina Faso y Argelia sin esperanzas de volver; y este miedo lo manifiestan los valientes bibliotecarios que resisten justo a esta misma hora el desafío de la violencia y el odio que han puesto una emboscada a Tombuctú. El 2 de abril la Directora Irina Bokova de la UNESCO publicó una nota de prensa manifestando su preocupación por el futuro de la cultura de Malí y dejó claro que la comunidad internacional debía reaccionar sin demora, pero el desastre ha llegado para tristeza del mundo.

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¿Primavera africana?”, preguntó no sin cierta sorna el guía que me despidió en el Aeropuerto de Bamako después de pasar un mes en Malí en enero de 2013.

¿Me pregunta por una posible primavera africana?”, volvió a interrogar con ese tono de los hombres que ya lo han visto todo o están por verlo y luego respondió de modo definitivo y suficiente cuando alguien advirtió en voz alta que el vuelo tendría un retraso de 24 horas más: “Sangre, dictaduras, corrupción, masacres, todo eso forma parte de la imagen de África, pero uds. los extranjeros sólo ven la fachada, vienen y se marchan pronto, y no entienden que la verdad del continente está en sitios sagrados como Tombuctú, un símbolo de la resistencia cultural y de la diversidad de nuestros pueblos”. Cuando el hombre se alejó, pensé en sus palabras y me dije a mi mismo que algo más grave estaba por venir porque el paradigma de tenacidad estaba en peligro. Esto mismo que pensé debió sentirlo ahora Lazare Eloundou Assomo al contemplar cientos de reliquias convertidas en ceniza por un sectarismo condenable que viola el derecho humano a la memoria e identidad que tienen todos los pueblos.

Fernando Báez es autor de “Las maravillas perdidas del mundo” (Oceáno, 2012)

Cuenta en Twitter @baezfer

Dónde están los manuscritos de Tombuctú

  • La mitad del territorio de Mali ha caído en manos de grupos afines a Al Qaeda y se teme que  la biblioteca Kati, uno de los tesores de la cultura del Al Andalus, esté en su poder. La Junta dice que esta ciudad es «un trocito de Andalucía en África» 
Los manuscritos de Tombuctú están formados por más de tres mil documentos. En la imagen, uno de ellos

10 de julio de 2012. 00:00hLidia Jiménez .  Madrid.

Que la desértica ciudad de Tombuctú (Mali), al noroeste de África, forme parte de Andalucía parecería una incongruencia. Pero no lo es. Al menos, no del todo. El legendario lugar, inspiración de novelistas y dorado de exploradores, esconde 3.000 documentos de esencial importancia para la reconstrucción del pasado de Al Andalus, la España musulmana, la convivencia de las tres culturas (árabe, cristiana y judía), nuestra historia. El golpe de estado perpetrado por una de las ramas de Al Qaeda, Ansar Din (Defensores del Islam), a finales de marzo, pone en peligro su supervivencia. Nadie sabe qué ha pasado con los manuscritos. La prensa internacional no accede a la zona. Las informaciones son de devastación, muerte, saqueo y caos. Y los papeles, ¿perdidos?

El hecho de que pocas personas conocieran la existencia de estos documentos, apuntan los historiadores, no resta importancia al tesoro cultural ubicado en Tombuctú por el tesón de una familia de moriscos llegados a Mali en el siglo XV. Los legajos están escritos en árabe, hebreo, español medieval y aljamiado (castellano con caracteres árabes). Hay tratados de medicina, astrología, matemáticas, geometría, derecho, crónicas de viajes… Por eso la Junta de Andalucía ayudó económicamente a su conservación, edificó una biblioteca y su página web de turismo incluye Tombuctú entre sus destinos. Y lo llama, quizás con un punto de exageración: «Un trocito de Andalucía». Como una provincia más. Lo que sí está claro es que la biblioteca Kati, llamada así por el apellido de la familia morisca que conservó los manuscritos, podría estar hecha trizas en estos momentos.

Documentos esenciales
La Junta ayudó a los descendientes de los antiguos castellanos exiliados por el grado de intransigencia y persecución de la época. Querían salvaguardar los manuscritos que los moriscos (musulmanes convertidos al catolicismo) llevaron allí en su diáspora entre los siglos XV y XVI.En febrero de 2000 un grupo de intelectuales, entre los que figuraban Juan Goytisolo, José Saramago o Valente, pidieron en un manifiesto «acciones urgentes» para salvarlos. En 2002, se construyó la biblioteca. «Los legajos poseen un valor histórico y cultural sencillamente esencial para entender el legado andalusí», explica a LA RAZÓN el hispanista de origen británico Michael Jacobs. Sus viajes a Tombuctú marcaron su trayectoria dedicada, sobre todo, a la España hispano-árabe. Cientos de moriscos, comenta el experto, «querían conquistar». Otros sólo huyeron. Todos ellos, junto con oleadas posteriores (y algunas incluso anteriores), poblaron la zona, a la ribera del río Níger. Las calles, arquitectura, celosías e incluso las puertas de las viviendas atestiguan su carácter musulmán/andaluz.

Pero la pregunta inevitable es: ¿qué ha pasado con la biblioteca que albergaba los manuscritos? Las especulaciones, de todo tipo: desde que se han quemado ya, dada la violencia devastadora de los terroristas; que alguien los ha sacado para protegerlos; que son ya pasto del suculento mercado negro o, quién sabe, que se hayan convertido en la joya de la corona de Al Qaeda, que tendría en su poder parte de su historia, la del mundo árabe, que es también parte de la nuestra (sobra recordar los 800 años de historia compartida, desde el 711 hasta 1492 ). Los especialistas prefieren pensar que no se han destrozado. No quieren ni pensarlo. «Ni siquiera Al Qaeda los destruiría. Sería destruir su propio pasado», llega a decir Jacobs.

Los islamistas del grupo armado yihaidista controlan ahora Tombuctú. Más de diez mausoleos musulmanes ya han sido destruidos. El pasado lunes arremetieron contra la puerta sagrada de una mezquita simbólica, Sidi Yeyia, de la que la creencia popular maliense aseguraba que «tras su destrucción vendría el fin del mundo». «Vinieron con picos y comenzaron gritando ‘‘Alá”», indicó un guía turístico de Tombuctú a una de las pocas agencias de comunicación que permanecía en la zona. «Eso es muy grave. Algunos de los civiles que miraban, lloraron», agregó.

La querencia de Al Qaeda por su antigua tierra, Al Andalus, ya ha quedado patente en varios vídeos reivindicativos de atentados, entre ellos en uno emitido poco después de la tragedia de las Torres Gemelas en Nueva York.

La familia Kati es africana pero sus raíces comienzan en Toledo. Tombuctú, en Mali, al sur de Argelia y en el cauce del Níger, fue el destino de esta familia castellana que huyó de Toledo en el siglo XV. Transmitido de abuelos a nietos, todos guardaron durante siglos los manuscritos de sus antepasados. El último de la saga, Ismael Diadié, historiador, en un perfecto español, lo contaba a TV1 en un documental grabado allí en 2008. «Fue mi padre quien decidió colocar y ordenar la herencia», contó Diadié. Los legajos se mantenían por entonces en baúles y cajas. Su conservación era mala. Algunos prácticamente se deshacían con solo tocarlos. «Contaban en Tombuctú que algunos de estos papeles, de incalculable valor, colgaban de las ramas de los árboles», recuerda Jacobs de sus primeras visitas a Mali.

¿Testimonios perdidos?
Entre los manuscritos,se encuentran verdaderos testimonios de la historia. Algunos autores cuentan en árabe las penalidades de su exilio por ejemplo. «Salí hace dos meses de Toledo, tierra de los moros, camino del reino del sur, tierra de los negros, donde espero encontrar la paz», reza uno en árabe. La fecha: 1468. Otros muestran pruebas manuscritas de la llegada a Tombuctú de otro exiliado andaluz, León el Africano, o de personalidades como el poeta Yuder Pachá en 1591. Los responsables de la biblioteca informaron de la existencia de documentación del siglo XV al XIX.

El Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) llegó a restaurar algunos de los legajos antiguos a través de la Agencia Andaluza de Cooperación. «Incluso tuvimos aquí documentos de Tombuctú, de los que éramos propietarios, pero se los llevaron para allá», informan desde el IAPH. Desde la Junta de Andalucía declaran que, de momento, la biblioteca «no se ha destruido», que los fondos documentales «puede que no se hayan tocado» y que, en cualquier caso, «son de propiedad privada» (de la familia Kati). Pero tampoco saben mucho más y, lo peor, nadie se hace responsable. No hay declaración oficial ni llamamiento internacional para que el legado no se pierda. «Habrá que esperar a ver qué pasa», concluyen.

En 1467, Toledo vivió una ola de violencia religiosa. Las antiguas familias cristianas que habían abrazado el Islam (de forma real o fingida) fueron víctimas de todo tipo maltrato social. También los judíos. Los moriscos cruzaron el mar, atravesaron el desierto, y llegaron a la mítica Tombuctú. Todo queda recogido en los «papeles perdidos». Las anotaciones en los márgenes, debida a la escasez de papel, datan de distintos periodos, en lenguas diferentes. En la biblioteca Kati puede encontrarse de todo. O se podía.

Una desaparición anunciada
Tombuctú fue un centro cultural a la altura de Córdoba o Damasco. En el siglo XV había 50 madrazas y 25.000 estudiantes. La población era de 80.000. Los continuos enfrentamientos, la sequía y la falta de recursos lo convirtieron en un municipio donde ahora apenas pasan burros cargados hasta la extenuación, niños descalzos, camellos cabizbajos o mujeres con telas de llamativos colores y las manos dolidas de trabajar.
Los terroristas no muestran piedad con nada. Alguno desconocerá que esconde la biblioteca. El historiador Manuel Villar Raso, que viajó a Tombuctú más de una decena de veces, alertó de la posible pérdida. «Hay tres libros de un enorme valor en la biblioteca: un libro que escribió uno de sus antepasados, un Corán ceutí grabado en oro y una importantísima biografía de Abu Haq Es Saheli», declaró hace pocos días a medios andaluces. Saheli, nacido en 1290 tuvo que huir de Al-Andalus y a Mansa Kankan Musa, el emperador de Mali, lo acogió. Para él alzó la Mezquita de Djingareyber, en la que, se inspiraría Antoni Gaudí para sus diseños.
El paraíso desaparece a manos de fanáticos. La historia siempre se repite.

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Un pensamiento en “El fanatismo contra los manuscritos de Tombuctú

  1. Salam Aleikum hermano me falta el aire y me inunda la pena al leer esto. Que afan tan grande existe hoy por borrar la historia los rastros de la historia. Siempre he desconfiado de lo que nos contaba se que no nos han dicho la verdad, pero si los pocos restos o evidencias desaparecen….. que facil les va a ser contar lo que les de la gana. Saludos y encantada como siempre de seguir leyendo. Y espero que si sigues escribiendo y haciendo traduccion, nos digas las novedades para poder leerlas.

    Maria. Maryam

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