Historia/Islam

Madrid: Origen islámico

Los árabes llegan a Madrid sobre el año 711, muy al principio de su colonización, aunque no será hasta el año 852 cuando Muhammad I, quinto emir independiente de Córdoba, hijo de Abderramán II, construye en una colina situada en la margen izquierda del río Manzanares un acuartelamiento militar para vigilar el paso hacia el puerto de Guadarrama, fundando así Madrid. En esa misma época también manda la creación de Talamanca, Medinacelli y Esteras. Madrid sería una ciudad militar inserta en la Marca Media de los territorios fronterizos de al-Ándalus que, junto con la Marca Inferior y la Marca Superior, constituirían la franja fronteriza de al-Andalus que iba desde Cáceres hasta Teruel, pasando por Toledo, Cuenca y Guadalajara. La Marca Media tenía como capital a Toledo y llegaría hasta la transierra madrileña, o pie de monte de la sierra de Madrid, autentica frontera entre dos mundos.

Su misión era doble. Madrid –Mayrit en árabe- serviría por un lado como primera contención de los ataques cristianos, por otro sería la base de partida de las razzias musulmanas hacia el norte. En la época no existía el concepto de frontera, por lo que las Marcas eran una zona de tierra de nadie, aunque ocupada, en espera del avance del territorio conquistado y en suma de su completa colonización.

Integrada perfectamente en el sistema defensivo árabe, por el Noroeste era una fortaleza que servía de base para ataques y resistencias hacia y desde la transierra madrileña, aunque no estaba sola. De Norte a Sur, vigilando el flanco Noreste y siguiendo el valle de los ríos Jarama, Henares y Manzanares, se articulaba un sistema de atalayas o torres vigías que servían de estructura para la alerta temprana de ataques cristianos, obligando al enemigo a bajar para continuar su marcha hacia la capital de la Marca, Toledo, protegida finalmente por el foso del Tajo.

Estas atalayas defensivas crearon una efectiva red de caminos, resguardados por las milicias campesinas que usaban las torres, probablemente en régimen de encomienda, cuyos servidores estarían mantenidos por la población local. Se creaba así una red viaria segura y por lo tanto transitable de Zaragoza a Mérida, plenamente integrada en la Marca Media, que favoreció el desarrollo económico en una época altamente inestable. Gracias a eso, Madrid prosperó y fue creciendo de una pura guarnición militar a una población musulmana que fue elevada a la categoría de madina (medina, cuidad) poco después.

El acuartelamiento de Mayrit se pivotó en dos importantes núcleos muy cercanos entre sí. Por un lado estaría el alcázar o castillo para las tropas, situado al norte, sobre los terrenos que hoy ocupa el Palacio Real, con su propia muralla. Por otro lado, al Sur del cerro se situaría la al-Mudayna, o “la ciudadela”, donde la población civil viviría separada por una pequeña vaguada -la Cava de Palacio- fortificándose de manera independiente e impidiendo así sublevaciones de la población mayoritariamente bereber.

El nombre de la catedral de la Almudena no es casual, y se refiere al nombre árabe del asentamiento civil que hoy es ocupado por el templo cristiano y que entonces llegó a contar con su propia mezquita mayor, luego iglesia y finalmente viviendas, ya que fue destruida en el siglo XIX para hacer una manzana de casas, desplazándose el culto religioso al solar vecino que hoy es la catedral de Madrid.

La almudaina tenía una función eminentemente militar, ocupaba 7 hectáreas de superficie y estaba situada en el espacio que hoy ocupa el Palacio Real, la plaza de la Armería y la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena.
La Medina, situada al este y sur de la almudaina tenía una extensión de unas 10 hectáreas de superficie, estaba formada por dos barrios, uno de población musulmana y otro mozárabe, separados por el antiguo arroyo de San Pedro que discurría por la actual calle de Segovia. Algunos documentos del siglo XVI atestiguan que extramuros de la ciudad hubo un cementerio musulmán que estaría situado en torno a la zona de la actual plaza de la Cebada.

La separación de los dos núcleos desaparecería posteriormente con una  muralla conjunta que englobaría todo el recinto, mientras en el exterior se incrementarían los arrabales extramuros a partir de casas de labor o viviendas junto a los caminos de acceso a la ciudadela.

El nombre de Madrid y los viajes de agua

Una fortaleza como Madrid, aprovechando perfectamente lo accidentado del terreno de cara al enemigo, echaría por tierra todo el sistema defensivo si utilizara acueductos para su suministro hídrico, muy vulnerables ante largos asedios.

Los árabes diseñaron un sistema de abastecimiento por medio de canales subterráneos de agua que extraían el líquido y lo conducían mediante alcantarillas y respiraderos hasta el mismo corazón de la ciudad, dado lo susceptible del suelo madrileño a hacer largas galerías. Son los viajes de agua, una palabra que deriva del latín via aquae.

El nombre árabe de Madrid era Mayrit, pero ¿por qué se llamaba Mayrit? No existe un acuerdo claro sobre ese origen. Lo más probable es que este enclave musulmán tuviera un nombre similar a “Mayrit”, asociado a “lugar donde hay agua”. Un importante arabista de mediados del siglo XX, Jaime Oliver Asín, desarrolla incluso la teoría de que Mayrit pueda ser “lugar donde hay mayras”, siendo esas “mayras” los tunelillos que captaban agua potable del subsuelo y la transportaban a las zonas pobladas (es decir, los llamados “viajes de agua” que en el periodo cristiano serían enormemente ampliados).

En cualquier caso lo importante resulta la presencia del agua en la fundación de Madrid, ya fuera en su arroyo matriz o en los viajes de agua que la surcaron desde su fundación islámica hasta la creación del Canal de Isabel II, funcionando algunos incluso hoy. El primer escudo de la ciudad se refiere a estos hechos, al del agua y al de su muralla de silex o perdernal, muy apto para hacer fuego:

Fui sobre aguas edificada

Mis muros de fuego son

No será hasta el 1.162 cuando Fernando II ocupara Madrid, entrando en un sistema político y social diferente, pero que heredará las estructuras de su pasado islámico.

El principal vestigio que ha quedado de esta civilización en nuestra capital son los tramos de lo que fueron en tiempos las murallas que rodeaban el primer recinto de Mayrit. De ellas se conservan tramos en las inmediaciones de la Catedral de la Almudena y del justamente bautizado como Parque del Emir Mohamed I, así como en medio de unos garajes situados en los bajos del edificio de la calle Bailén más próximo al Viaducto. El límite oriental de estas primeras murallas discurría por terrenos inmediatos a la actual calle del Factor, lo que da una idea de las pequeñas dimensiones que tenía Mayrit, ya fuesen jaimas militares o casas de adobe civiles lo que hubiera intramuros. La principal de las puertas de la muralla árabe era la llamada de La Vega o de Alvega, situada en lo que hoy es el tramo más occidental de la Calle Mayor, frente a la Almudena. Daba salida a Mayrit hacia el Manzanares, y tras sufrir varias reformas fue derribada en 1820.

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