América Latina

Haití: La permanencia de la Minustah, por qué están y por qué no se van

MINUSHT

Daniel Gatti (BRECHA)

Camille Chalmers es economista, profesor universitario, secretario de la Plataforma Haitiana por la Defensa de un Desarrollo Alternativo (Papda), Chalmers explica en esta entrevista, entre otros temas, las razones reales de la permanencia de las tropas de la Minustah en Haití, muy alejadas de las esgrimidas oficialmente.

-Haití ha sido tradicionalmente considerado por Estados Unidos como una suerte de reserva de recursos minerales. Desde hace muchos años, desde la primera ocupación militar del país, se sabe que hay en Haití recursos minerales en abundancia, pero ahora se han confirmado existencias más importantes que lo previsto de oro, bauxita, cobre, plata, a un nivel de concentración que los convierte en muy tentadores. Estamos hablando de reservas evaluadas en 80.000 millones de dólares repartidas a lo largo de más de 3.800 kilómetros cuadrados, gran parte del territorio del país.

Ahora mismo se está discutiendo una nueva ley de minería propuesta directamente por el Banco Mundial. Es por supuesto una ley hecha a medida de las grandes empresas trasnacionales y presentada a nivel interno como beneficiosa para el país y amigable con el ambiente Por el control de ese mercado se ha desatado una lucha entre grandes trasnacionales del sector, fundamentalmente de Estados Unidos y Canadá. La Newmont Mining Corporation, un gigante de la megaminería, gastó 30 millones de dólares en unos pocos años sólo en exploración.

Un país como Brasil, en su proyección subimperialista, tiene enorme interés en posicionarse en ese mercado. José Alencar, que fue vicepresidente bajo el segundo mandato de Lula, un gran empresario del sector textil de Brasil, fue personalmente a Haití a firmar un acuerdo de preferencias comerciales en esa área. Brasil busca además obtener prerrogativas de cara a su instalación en las zonas francas que ya están pululando en Haití (hay 14 en construcción). El propio Alencar ya está invirtiendo en ellas.

La Minustah es concebida como un dispositivo de acompañamiento de este proceso de saqueo de los recursos estratégicos del país, algo similar a lo que se hace en Congo, o en otras regiones de África ricas en minerales, en las que los cascos azules son útiles para fines de disciplinamiento y control de la población local.

Institucionalidad

Las decisiones de la Minustah de los dos últimos años han contribuido a debilitar la institucionalidad de un país que no necesitaba precisamente que lo poco que se había logrado construir en ese plano fuera minado. Las elecciones de octubre de 2010, las últimas realizadas en el país, fueron las peores de todo el ciclo abierto en 1990, y fue la Minustah la que controló la infraestructura técnica para llevarlas a cabo. Pero no sólo eso, también controló los resultados: la proclamación del presidente Charles Martelly, que aparecía muy atrás en la carrera, fue hecha por los generales de la misión, que lo declararon ganador. Y el colmo es que ni siquiera se han publicado los resultados oficiales de la elección. Los haitianos nunca los han conocido.

Lo paradójico es que esta inestabilidad política generada y avalada por la propia Minustah está siendo utilizada como un argumento para justificar la permanencia de las tropas: dicen que Haití es un Estado fallido y que hasta no recomponerlo no deberían marcharse. Es un argumento construido ideológicamente, porque si uno compara los niveles de violencia de Haití con los de la región son bajísimos. En Santo Domingo hay tres veces más homicidios por balas, en Trinidad Tobago más secuestros. Y ni hablar de México o Colombia. Y en ninguno de esos casos se habla de la necesidad de intervención externa. Eso tiene que ver con una actitud racista y con el rechazo a considerar a Haití una nación con derecho a autonomía. “Haití es una amenaza para la estabilidad del hemisferio”, dijo el Consejo de Seguridad de la onu cuando mandó a sus cascos azules, hace unos diez años.

Vuelta a la autarquía

La Constitución de 1987 descentralizaba el poder y daba a las colectividades locales la potestad de designar a los funcionarios encargados del poder territorial. Martelly y los grupos más poderosos introdujeron enmiendas para recentralizar el poder y designar directamente a esas autoridades. En los dos últimos años el gobierno ha hecho todo lo posible para no convocar a elecciones del tercio del Senado que debe renovarse en enero y las colectividades territoriales. Todos los alcaldes actuales fueron designados directamente por el presidente. Hay una clara nostalgia por la autocracia, por la época de la dictadura, en los cuadros de este gobierno instalado por la Minustah.

Esas ayudas…

La ayuda oficial al desarrollo propiciada por los organismos internacionales no es ayuda, es un instrumento de dominación, como ha sido ampliamente demostrado. Son ayudas que nada tienen que ver con atacar el tema de la pobreza. Por el contrario, generan endeudamiento y refuerzan el poder de los grupos dominantes. Haití lo vivió en carne propia, como una experiencia dolorosa después del terremoto de 2010. La primera reacción de Estados Unidos fue una ocupación militar con 23 mil marines y 165 barcos equipados con armas nucleares, sin ninguna consideración por la gente que estaba muriendo en la calle. Hubo entonces una instrumentalización de la catástrofe para crear una nueva situación y reforzar la dominación. Estamos hablando de un proceso que pasó de la dominación a la tutela y de la tutela a la recolonización. Después del terremoto se creó un escenario en el que los actores haitianos fueron completamente marginalizados de los espacios estratégicos de decisión: no sólo el Estado, los estamentos políticos, las organizaciones sociales, también las empresas. Entre 2010 y 2012 la Usaid, la agencia de cooperación al desarrollo de Estados Unidos, firmó 12.500 contratos con empresas estadounidenses y canadienses y sólo 22 con empresas haitianas. La mayoría de los fondos que llegaron al país después del terremoto, unos 5.000 millones de dólares, según se dice, fueron captados por las burocracias de las grandes ong y de los estados cooperantes

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