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¿Quien es Imam Alí Ar-Rida?

 Sheij Al-Mufid – Kitáb al-Irshad.

                                            El Imam después de Abu Al-Hasan Musa ibn Yafar fue su hijo  Abu Al-Hasan Alí ibn Musa Ar-Rida, la paz sea con ambos, por su mayor nobleza respecto al resto de sus hijos y de los miembros de su familia y su manifiesto conocimiento, discernimiento, religiosidad y juicio.

El conjunto de los sabios de la sunna y de la shía están conformes en ello y lo reconocen.

Y fue Imam por designación explícita de su padre para que ocupase el Imamato tras él y por indicación suya sobre él y no sobre ninguno de sus otros hijos ni de los miembros de su familia.

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7/2  Mención de los testimonios explícitos (Nass) de su padre respecto a su derecho al Imamato

Entre las autoridades que recogieron los testimonios y las indicaciones relativas a la designación para el Imamato de Ar-Rida Alí ibn Musa, la paz sea con él, que hizo su padre, se encuentran, entre los cercanos a él y gente digna de crédito y pía, sabios doctores de la ley y seguidores de los Imames, Dawud ibn Kazír Ar-Raqí, Muhammad ibn Isaac ibn Amár, Alí ibn Iaqtín, Naím Al-Qábúsí, Al-Huseyn ibn Al-Mujtár, Zayád ibn Marwán Al-Majzumí, Dawud ibn Suleiman, Naser ibn Qábús, Dawud ibn Zurbí, Yazíd ibn Salít y Muhammad ibn Sinán.

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad ibn Qúlúyáh, que lo recibió de Muhammad ibn Yaqub, de Ahmad ibn Mehrán, de Muhammad ibn Alí, de Muhammad ibn Sinán e Ismaíl ibn Giáz al-Qasrí y ellos de Dawud ar-Raqí, que dijo:

«Dije a Abu Ibrahím Musa, la paz sea con él:

«¡Doy mi vida por ti! En verdad, mis años son ya muchos, así pues, toma mi mano y líbrame del Fuego ¿Quién será nuestro señor después de ti?»

Él señaló a su hijo Abu Al-Hasan y dijo: «¡Ese es vuestro señor después de mí!»

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub Al-Koleyní, de Al-Huseyn ibn Muhammad, de Maála ibn Muhammad, de Ahmad ibn Muhammad ibn Abdel lah, de Al-Hasan, de Ibn Abu Umayr, que Muhammad ibn Isaac ibn Ammár dijo:

«Dije a Abu Al-Hasan Primero, la paz sea con él: «¿No me indicarás de quién deberé tomar mi religión?

Él dijo: «De este hijo mío, Alí.»

Mi padre me tomó de la mano y me llevó a la tumba del Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, y me dijo: «¡Oh hijo mío! En verdad, Dios majestuosos y elevado dice: En verdad,  pondré en la Tierra un sucesor.[1] Y, en verdad, cuando Dios dice algo, es leal a su palabra.»

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqúb, de Muhammad ibn Yahia, de Ahmad ibn Muhammad ibn Isa, de Al-Hasan ibn Mahbúb, que Al-Huseyn ibn Naím As-Saháf dijo:

«Estábamos yo, Hishám ibn Al-Hakem y Alí ibn Yaqtín en Bagdad y Alí ibn Yaqtín dijo: «Estaba con Abdu As-Sáleh Musa y me dijo: «¡Oh Alí ibn Yaqtín! Este Alí es el señor de mis hijos y por eso le he dado mi kunia

Aunque en otro hadíz, en lugar de kunia (Abu Al-Hasan) se lee kitab (libro).

Entonces, Hishám se golpeó la cara con la palma de su mano y dijo: «¡Ay de ti! ¿Qué has dicho?»

Alí ibn Yaqtín dijo: «Lo escuche de él tal como te lo he dicho ¡Lo juro por Dios!»

Y Hishám dijo: «Entonces, él es el dueño del asunto después de su padre.»

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad ibn Yaqub, de un grupo de sus compañeros, de Ahmad ibn Muhammad ibn Isa, de Muawia ibn Hakím, de Naím Al-Qábúsí, que Abu Al-Hasan Musa, la paz sea con él, dijo:

«Mi hijo Alí, es el mayor de mis hijos, al que más prefiero y al que más amo de ellos. Él ha leído conmigo el Yafr y nadie puede leerlo excepto un profeta o el heredero de un profeta.»

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Ahmad ibn Mehrán, de Muhammad ibn Alí, de Muhammad ibn Sanán y Alí ibn Al-Hakam, que Al-Huseyn ibn Al-Mujtár dijo:

«Cuando Abu Al-Hasan Musa, la paz sea con él, estaba en prisión, nos hacía llegar sus mensajes por escrito: «Mi testamento es para el mayor de mis hijos, que haga tal y que haga tal otra cosa y que fulano no le entregue nada hasta que no se vea conmigo o Dios me decrete la muerte.»

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Con la misma cadena de transmisores, de Ahmad ibn Mehrán, de Muhammad ibn Alí, que Zayád ibn Marwán Al-Qandí dijo:

«Fui a ver a Abu Ibrahím Musa y se encontraba con él su hijo Abu Al-Hasan, la paz sea con ambos, y me dijo: «¡Oh Zayád! Lo que este hijo mío escriba es como si lo hubiera escrito yo y su palabra es como si fuese mi palabra, su mensajero es como si fuera mi mensajero y lo que él diga es como si lo hubiera dicho yo.»

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Y con esa misma cadena de transmisión, de Ahmad ibn Mehrán, de Muhammad ibn Alí, que Muhammad ibn Al-Fadíl dijo: Me relató Al-Majzúmí, cuya madre era descendiente de Yafar ibn Abu Táleb, lo siguiente:

«Nos mandó llamar Abu Al-Hasan Musa y nos reunimos con él.

Luego, dijo: «¿Sabéis para qué os he llamado?»

Nosotros dijimos: «No.»

Él dijo: «Atestiguad que este hijo mío es mi heredero y quien se hará cargo de mi asunto y que es mi sucesor después de mí.

Con quien yo tenga una deuda, que la cobre de este hijo mío.

Con quien yo tenga contraído un compromiso que le pida a él su cumplimiento.

Quien tenga que encontrarse conmigo, que lo haga entregándole a él una nota.»

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Y con esa misma cadena de transmisión, de Muhammad ibn Alí, de Abu Alí Al-Jazáz, que Dawud ibn Suleiman dijo: «Dije a Abu Ibrahím Musa, la paz sea con él: «Temo que suceda algo y que ya no pueda encontrarme contigo, por tanto, dime quién será el Imam después de ti?»

Él me dijo: «Mi hijo Abu Al-Hasan.»

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Con la misma cadena de transmisión, de Ibn Mehrán, de Muhammad ibn Alí, de Saíd ibn Abu Yahm, que Nasr ibn Qábús dijo: «Dije a Abi Ibrahím Musa, la paz sea con él: «Le pregunté a tu padre quién sería el Imam después de él y me dijo que serías tú. Después, cuando murió Abu Abdel lah, la paz sea con él, las gentes fueron a derecha e izquierda, pero yo y mis compañeros declaramos que te seguiríamos a ti. Así pues, dime cuál de tus hijos será el Imam después de ti.»

Él dijo: «Mi hijo fulano.»

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Con la misma cadena de transmisión, de Al-Dahák ibn Al-Ashaz, que Dawud ibn Zarbí dijo: «Lleve a Abu Ibrahím, la paz sea con él, un dinero y él tomó una parte y rechazó otra, así que le dije: «¡Que Dios te bendiga! ¿Por qué razón has dejado este dinero en mis manos?»

Él dijo: «El próximo Imam te lo pedirá.»

Así que, cuando llegaron noticias de su muerte, me llamó Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, y me preguntó por aquel dinero y yo se lo entregué.»

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Con la misma cadena de transmisión, de Ahmad Ibn Mehrán, de Muhammad ibn Alí, de Alí ibn Al-Hakam, de Abdel lah ibn Ibrahím ibn Alí ibn Abdel lah ibn Yafar ibn Abu Táleb, de Yazíd ibn Salít, en un hadíz muy largo,  que Abu Ibrahím, la paz sea con él, dijo el año en que murió:

«En verdad, yo seré llevado este año y el Imamato pasará a mi hijo Alí, que ha sido así llamado después de otros dos Alí. El primer Alí fue Alí ibn Abu Táleb, el segundo Alí fue Alí ibn Al-Huseyn, la paz sea con ellos.

A éste le ha sido entregado el entendimiento del primero y su tolerancia, su auxilio y su religiosidad y las dificultades del segundo y su paciencia ante aquello que aborrece.»

Y todo ello se encuentra en un hadíz más largo.

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Muhammad ibn Al-Hasan, de Sahl ibn Ziyád, de Muhammad ibn Alí y Ubaydul lah ibn Al-Marzubán, que Abu Sinán dijo:  «Fui a ver a Abu Ibrahím Musa, la paz sea con él, un año antes de que se fuese a Iraq. Su hijo Alí estaba sentado frente a él.

Él me miró y dijo: «¡Oh Muhammad! Este año habrá algunos movimientos, pero no debes preocuparte por ello.»

Yo dije: «¡Que Dios me sacrifique por ti! ¿Qué sucederá?» Porque sus palabras me habían preocupado.

Él dijo: «Iré a ver a este tirano, pero no recibiré daño de él ni del que vendrá después de él.»

Yo dije: «¡Que Dios me sacrifique por ti! Y ¿Qué sucederá?»

Él dijo: Dios extravía a los opresores. Dios hace lo que quiere. [2]

Yo dije: «¡Que Dios me sacrifique por ti! Y ¿Qué significa eso?»

Él dijo: «Quien dañe el derecho de este hijo mío y deniegue su Imamato después de mí, será como quien negó el Imamato de Alí ibn Abu Táleb, la paz sea con él, y dañó su derecho después de la partida del Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia.»

Yo dije: «Juro por Dios que, si él me alarga la vida, yo me someteré a su derecho y proclamaré su Imamato.»

Él dijo: «Has dicho la verdad ¡Oh Muhammad! Dios te alargará la vida y te someterás a su derecho y proclamarás su Imamato y el Imamato del que venga después de él.»

Yo dije: «Y ¿Quién será?»

Él dijo: «Su hijo Muhammad.»

Yo dije: «Yo lo acepto y me someto ante él.»

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7/3  Mención de algunas pruebas sobre su Imamato  y de algunos relatos que hablan de él

Me informó Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Muhammad ibn Yahia, de Ahmad ibn Muhammd, de Ibn Mahbúb, que Hishám ibn Ahmar dijo: «Me dijo Abu Al-Hasan Primero, la paz sea con él: «¡Sabes si ha llegado alguien procedente del Magrib?»

Yo le dije: «No.»

Él me dijo: «Sí. Ha llegado a Medina un hombre del Mágrib. Acompáñanos.»

Montó a caballo y yo monté y fui con él hasta encontrar a un hombre del Magrib que tenía con él algunas jóvenes esclavas.

Yo le dije: «Muéstranoslas.»

Él nos enseñó siete esclavas jóvenes y saludables, pero Abu Al-Hasan dijo que no tenía necesidad de ninguna de ellas y le dijo al hombre: «Muéstranos más.»

El hombre dijo: «No tengo más que otra que está enferma.»

Abu Al-Hasan le dijo: «¿Qué te pasa que no nos la muestras?»

Pero el hombre no quiso hacerlo y se marchó.

Al día siguiente, me envió y me dijo: «Dile: ¿Cuánto quieres por tu joven esclava? Y si te dice: tanto y tanto, tú le dices: «La compro.»

Así que fui a él y me dijo: «No la venderé por menos de tanto y tanto.»

Yo le dije: «La compró.»

Él me dijo: «Es tuya, pero, infórmame quién es el hombre que estaba ayer contigo.»

Yo dije: «Es un hombre de Banu Háshim.»

Él dijo: «¿Quién de Banu Háshim?»

Yo dije: «No sé más que eso.»

Él dijo: «Te informo que, cuando la compré en el lejano Magrib, vino a mí una mujer de las Gentes del Libro y me dijo: «¿Qué hace esa mujer contigo?»

Yo le dije: «La he comprado para mí.»

Entonces, ella me dijo: «No es adecuado que una mujer como ella esté con un hombre como tú. Lo adecuado es que esa joven esté con el mejor hombre que haya en la Tierra, porque dentro de poco habrá de dar a luz un niño como no ha nacido en Oriente ni Occidente otro igual.»

Yo se la llevé a Abu Al-Hasan, la paz sea con él, y no mucho tiempo después ella dio a luz a Ar-Rida, la paz sea con él.»

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Muhammad ibn Yahia, de Ahmad ibn Muhammad, que Safuán ibn Yahia dijo:

«Cuando falleció Abu Ibrahím Musa, la paz sea con él, y Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, habló, temimos por él a causa de ello y alguien le dijo: «Has hecho público un asunto de tal importancia que tememos que, por esa razón, ese tirano (Harún Ar-Rashid) te perjudique.»

Él dijo: «Lo intentará por todos los medios pero no encontrará la manera de conseguirlo.»

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Alí ibn Muhammad, de Ibn Yumhúr, de Ibrahím ibn Abdel lah, de Ahmad ibn Ubaydul lah, que Al-Gafarí dijo:

«Yo tenía una deuda con un hombre de la familia de Abu Ráfí, el sirviente del Mensajero de Dios, llamado fulano. El me reclamó el pago de la misma con insistencia y yo, al ver aquello, me fui a la mezquita del Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, a rezar la oración de la mañana y después me fui a ver a Ar-Rida, que ese día se encontraba en Al-Aríd y, cuando me acercaba a su puerta, el salió montado en un burro, llevando una camisa y una capa.

Cuando le vi, sentí vergüenza ante él. Cuando llegó junto a mí, se paró y me observó y yo le saludé. Era el mes de Ramadán.

Yo le dije: «¡Doy mi vida por ti! Tengo una deuda con uno de tus siervos llamado fulano y anda diciendo cosas de mí a todo el mundo.»

Yo me decía que él se limitaría a decirle que me dejase en paz. Y juro por Dios que no le dije cuanto le debía. Él tampoco me dijo nada y me ordenó que me sentase hasta que él volviese.

Permanecí allí y recé la oración del anochecer. Yo estaba ayunando y mi pecho estaba encogido y deseaba marcharme pero, entonces, él vino hacia mí.

A su alrededor venían gentes mendigándole y él les iba dando limosnas, pasó a mi lado y entró en su casa. Luego se asomó y me invitó a entrar. Me puse en pie y entré con él. Se sentó y me senté con él y comencé a relatarle cosas sobre Ibn Musayb, gobernador de Medina, de quien solía traerle noticias con frecuencia.

Cuando terminé de hablar, dijo: «¿No creo que hayas roto tu ayuno aun?»

Yo le dije: «No.»

Él pidió que trajesen comida para mí y, cuando la pusieron ante mí, le dijo a su criado que comiese conmigo.

Tanto yo como su sirviente nos saciamos de comida y, cuando hubimos terminado, dijo:

«Levanta el cojín y toma lo que hay bajo él.»

Levante el cojín y debajo había muchos dinares. Los tomé y los guardé en mi bolsillo.

Él ordenó a cuatro de sus sirvientes que me acompañasen hasta mi casa, pero yo le dije: «¡Doy mi vida por ti! Las gentes de Ibn Musayb pueden estar sentadas en el camino y no me gustaría que me viesen acompañado de tus sirvientes.»

Él dijo: «Tienes razón. Que Dios te guíe por el camino recto.» Y ordenó a sus criados que se volviesen cuando yo se lo dijese.

Cuando estaba cerca de mi casa y ya podía verla, les dije que se volviesen. Entré en mi casa y pedí que me trajesen una lámpara. Miré los dinares y eran cuarenta y ocho. La deuda que tenía con aquel hombre era de veinte ocho dinares.

Entre los dinares había uno de ellos que brillaba extraordinariamente y su belleza me llamó la atención. Lo tomé y lo acerque a la lámpara y en él estaba escrito claramente: «La deuda de ese hombre son veintiocho dinares y el resto es para ti.»

Y juro por Dios que yo no le había dado a conocer la cantidad que le adeudaba.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Alí ibn Ibrahím, de su padre, de algunos de sus compañeros, que dijeron:

«Cuando Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, salió de Medina para realizar su peregrinación, y eso fue el mismo año en el que Harún Ar-Rashid hizo su peregrinación a La Meca, se acercó a una montaña situada a la derecha del camino, llamada Fáreg.

Abu Al-Hasan la observó y dijo: «¡Oh Fáreg! Al que destruya un lugar de descanso tuyo le cortarán en trozos.»

No supimos que significaba aquello, hasta que, cuando Harún llegó a aquel lugar hizo una parada. Yafar ibn Yahia subió a la montaña y ordenó que construyesen allí para él un lugar donde descansar y cuando regresó de La Meca, volvió a subir a aquel sitio y ordenó que lo demoliesen y cuando llegó a Iraq  Yafar ibn Yahia fue cortado en trozos.»

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Me informó Abu Al-Qásim, Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Ahmad ibn Muhammad, de Muhammad ibn Al-Hasan, de Muhammad ibn Isa, de Muhammad ibn Hamsa ibn Al-Hayzam, que Ibrahím ibn Musa dijo:

«Le pedí con insistencia a Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, una cosa que quería de él y él me aseguró que la obtendría.

Un día, salió a recibir al Gobernador de Medina y yo estaba con él. Llegó a las cercanías de tal fortaleza y descendió del caballo a descansar bajo un árbol  y yo descendí con él y no venía con nosotros dos un tercero.

Entonces, yo le dije: «¡Doy mi vida por ti! Esa fiesta está celebrándose ahí al lado y juro por Dios que no tengo ni un dirham ni nada que se le parezca.»

El escarbó con mucha energía con su látigo en la tierra, luego golpeó con su mano y sacó de ella un trozo de oro y me dijo: «Úsalo y mantén oculto lo que has visto.»

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Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Al-Huseyn ibn Muhammad, de Muala ibn Muhammad, que Musáfir dijo: «Estaba con Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, en Miná y pasó por allí Yahia ibn Jáled con el rostro cubierto para protegerse del polvo. Ar-Rida, la paz sea con él, dijo: «¡Pobres! No saben lo que les espera este año.»

Luego dijo: «Lo más sorprendente será lo que le suceda a este Harún. Ambos irán como estos dos.» Y levantó su mano con dos dedos juntos.

Dijo Musáfir: «Juro por Dios que no entendí a lo que se refería hasta que no enterramos juntos a ambos.»

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7/4 El califa Al-Mamún le ofrece el califato

Al-Mamún ordenó que viniesen a verle un grupo de miembros de la familia de Abu Táleb y les trajeron desde Medina a su presencia y entre ellos venía Ar-Rida Alí ibn Musa, la paz sea con él. Tomaron con ellos el camino de Basra hasta llegar a él.

El responsable del viaje era un hombre llamado Al-Julídí y junto a él fueron a ver a Al-Mamún y éste alojó a todos en una casa y alojó a Ar-Rida Alí ibn Musa en otra casa, le trató con gran cortesía y honores y luego le hizo venir a su presencia y le dijo: «Quiero renunciar al califato y depositar esa responsabilidad en tus manos ¿Qué opinas de ello?»

Ar-Rida se opuso a ello y le dijo: «Le pido a Dios que te  guarde ¡Oh Gobernador de los Creyentes! de que nadie escuche esas palabras.»

Entonces, él volvió a hacer le la misma proposición por escrito, diciéndole: «Si tú rechazas mi ofrecimiento, deberás aceptar heredar mi cargo después de que yo muera.»

Ar-Rida rechazó tal cosa de manera rotunda y Al-Mamún le pidió que fuese a verle.

Con él se encontraba solamente Al-Fadl ibn Sahl, llamado Dur Raásatain, es decir el poseedor de dos mandos (el gobierno civil y el militar) y nadie más estaba presente en la reunión.

Al-Mamún dijo a Ar-Rida: «Veo que lo más adecuado es entregarte la responsabilidad de gobernar a los musulmanes y descargarme yo de tal responsabilidad poniéndola sobre tus hombros.»

Ar-Rida le dijo: «¡Dios! ¡Dios! ¡Oh Gobernador de los Creyentes! Yo no tengo capacidad ni poder para asumir tal responsabilidad.»

Al-Mamún le dijo: «Entonces te nombraré mi sucesor.»

Él dijo: «Excúsame de tal cosa ¡Oh Gobernador de los Creyentes!

Al-Mamún le habló como si le estuviese  amenazando si se negase a ello, diciéndole:

«Ciertamente, Umar ibn Al-Jatáb estableció un consejo de seis personas para designar a su sucesor, una de las  cuales era tu abuelo Amir al-Muminín Alí ibn Abu Táleb y ordenó que quien no se sometiese a las decisiones del mismo debería ser ajusticiado. Por lo tanto, no tienes más remedio que aceptar lo que quiero de ti. Así que no veo que puedas escapar a ello.»

Ar-Rida, la paz sea con él, le dijo entonces:

«Acepto tu deseo de que sea tu heredero a condición de que no me vea obligado a ordenar ni a prohibir, a emitir disposiciones legales ni a juzgar, a designar ni a retirar de su cargo a nadie, ni a cambiar nada de lo que actualmente existe.»

Y Al-Mamún aceptó todas sus condiciones.

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Me dijo el noble Abu Muhammad Al-Hasan ibn Muhammad: «Me dijo mi abuelo: Me dijo Musa ibn Salma: «Estaba en Jorásán con Muhammad ibn Yafar y escuché que Dur Raasataín salió ese día diciendo: ¡Qué cosa más sorprendente! ¡He presenciado algo sorprendente! Preguntadme qué es lo que he presenciado.»

Le dijeron: «¡Que Dios te bendiga! ¿Qué es lo que has visto?»

Él dijo: «He visto a Al-Mamún, el Gobernador de los Creyentes, diciéndole a Alí ibn Musa Ar-Rida: «Veo que lo más adecuado es entregarte la responsabilidad de gobernar a los musulmanes y descargarme yo de tal responsabilidad poniéndola sobre tus hombros.» Y he visto a Alí ibn Musa decirle: «¡Oh Gobernador de los Creyentes! Yo no tengo capacidad ni poder para asumir tal responsabilidad.»

No he visto jamás al Califato en una situación de mayor desamparo que ésta. El Gobernador de los Creyentes renuncia a él y se lo ofrece a Alí ibn Musa y Alí ibn Musa lo rechaza y se opone a asumirlo.»

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Un grupo de historiadores y biógrafos de las obras y los tiempos de los califas relató que, cuando Al-Mamún quiso que Ar-Rida Alí ibn Musa aceptase su propuesta e hizo lo que hizo, ordenó que Al-Fadl ibn Sahl se presentase ante él y le informó de lo que había decidido y le ordenó que se reuniese con su hermano Al-Hasan ibn Sahl para ello.

Ellos así lo hicieron y se presentaron ante él.

Al-Hasan le trató de hacer ver la importancia que aquello tenía y lo que suponía que él renunciase a que su familia pudiese heredar su mando.

Entonces, Al-Mamún le dijo: «Le prometí a Dios que si conseguía el califato se lo entregaría al mejor de la familia de Abu Táleb y no conozco otro mejor que ese hombre en toda la superficie de la Tierra.»

Cuando Al-Hasan y Al-Fadl vieron que estaba decidido a hacerlo, renunciaron a intentar que cambiase de opinión.

Él les envió a Ar-Rida para que le llevasen su ofrecimiento, pero éste lo rechazó. Ellos insistieron una y otra vez hasta que él finalmente aceptó. Ellos dos regresaron y le informaron de ello a Al-Mamún, de lo cual éste se alegró.

Cuando llegó el jueves, se reunió con sus consejeros. Al-Fadl ibn Sahl les informó de la decisión que Al-Mamún había tomado respecto a Alí ibn Musa y que le había nombrado su heredero y le había puesto de nombre Ar-Rida (El que da su consentimiento).

Él les ordenó que volviesen el jueves siguiente y que se pusiesen ropas de color verde para jurarle fidelidad y recibir los ingresos del año.

Cuando llegó el día, todos cabalgaron, desfilaron  conforme a sus respectivos rangos: los comandantes militares, los cortesanos, los jueces y demás, todos ellos vestidos de verde.

Al-Mamún había ordenado que colocasen dos grandes plataformas elevadas en las que sentarse él y Ar-Rida, de manera que ambos estuviesen a la misma altura y tuviesen la misma clase de asiento y adornos y desde donde pudiesen contemplar la parada e hizo que Ar-Rida, que iba vestido de verde y portando turbante y espada, se sentase allí.

Luego, ordenó a su hijo Al-Abbás ibn Al-Mamún que fuese el primero en jurarle lealtad. Entonces, Ar-Rida levantó su mano y golpeó su propio rostro con el revés y el rostro de ellos con la palma.

Al-Mamún le dijo: «Extiende  tu mano para que te presten juramento de lealtad.»

Y Ar-Rida le dijo: «Así era como el Mensajero de Dios tomaba juramento de lealtad. Su mano estaba por encima de la mano de quienes le juraban lealtad.»

Se repartieron enormes sumas de dinero y oradores y poetas ensalzaron los grandes méritos de Ar-Rida, la paz sea con él y lo que le correspondían a Al-Mamún por lo que había hecho.

Luego, Abu Abád llamó a Al-Abbás ibn Al-Mamún. Él se acercó a su padre, besó su mano y éste le ordenó que se sentase a su lado.

Luego fue llamado Muhammad ibn Yafar ibn Muhammad y Al-Fadl ibn Sahl le dijo: «¡Levántate!» Él se levantó y se acercó a Al-Mamún, pero no besó su mano y éste le dijo que fuese a tomar su regalo.

Luego, Al-Mamún le dijo: «¡Oh Abu Yafar! Regresa a tu sitio.» Y él se fue.

Tras eso, Abu Abád fue llamando uno a uno a los Alawis y a los Abbásis y les fue entregando sus regalos hasta que el dinero se terminó.

Entonces, Al-Mamún dijo al Imam Ar-Rida: «¡Habla a la gente!»

El Imám alabó a Dios y le glorificó y dijo: «En verdad, nosotros tenemos un derecho sobre vosotros por causa del Mensajero de Dios y vosotros tenéis un derecho sobre nosotros también por causa de él. Si vosotros cumplís con nosotros en eso, se hace obligatorio para nosotros concederos el derecho que tenéis.»

Y no se ha mencionado que dijese nada más en aquella ceremonia.

Al-Mamún ordenó que se acuñase un dirham con el nombre de Ar-Rida, la paz se con él y casó a Isháq ibn Musa ibn Yafar con la hija de su tío paterno, Isháq ibn Yafar ibn Muhammad, y le ordenó que dirigiese la peregrinación y hablase de Ar-Rida y de su nombramiento como heredero, la paz sea con él, por todas las ciudades por las que fuese pasando.

Y relató Ahmad ibn Muhammad ibn Saíd lo siguiente:

«Me relató Yahia ibn Al-Hasan al-Alawí:

«Me relató uno que escuchó a Abdel Yabbár ibn Saíd hablar ese mismo año desde el púlpito de Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, en Medina, que, en su súplica, pidió por él, llamándole el Príncipe (Walíu al-Ahd) de los musulmanes Alí ibn Musa ibn Yafar ibn Muhammad ibn Alí ibn Al-Huseyn ibn Alí ibn Abu Táleb, la paz sea con todos ellos.»

Seis antepasados tiene, que todos ellos son

los más nobles de quienes han bebido el agua de las nubes.

Y mencionó Al-Madáiní, recogido de sus maestros: «Cuando Ar-Rida Alí ibn Musa, la paz sea con él, se sentó en la reunión en la que se proclamó su nombramiento, se levantaron ante él los oradores y los poetas, mientras las banderas ondeaban sobre su cabeza.

Y dijo, transmitiéndolo de uno de los presentes, que era de los íntimos de Ar-Rida, la paz sea con él, que dijo:

«Ese día yo me encontraba junto a él y él me miró cuando yo estaba con mi corazón lleno de gozo por lo que estaba sucediendo. Me indicó que aproximase más a él. Yo me acerque más y él me dijo en voz que nadie más pudiese oír: «No ocupes  tu corazón con este asunto ni te llenes de gozo con él porque es algo que nunca sucederá.»

Entre los poetas que estaban presentes ante él se encontraba Dibíl ibn Alí Al-Juzaí, quien, cuando llegó ante él dijo: «He compuesto una qasida y me he prometido no recitarla ante nadie antes de que lo haga ante ti.»

Él le ordenó que se sentase hasta que el número de gentes reunidas en torno a él disminuyese. Entonces, le dijo: «¡Ven ahora!»

Él recitó ante Ar-Rida su poema, cuyas primeras estrofas dicen:

 

Las escuelas donde se recita el Corán están silenciosas

El hogar de la revelación es como un patio vacío.

Recitó el poema hasta el final. Entonces, Ar-Rida, la paz sea con él, se puso en pie y entró en su habitación. Luego, le envió a un sirviente con una bolsa de seda que contenía seiscientos dinares y le ordenó que le dijese:

«Utiliza este dinero para regresar a tu hogar y discúlpanos.»

Entonces, Dibíl dijo: «No. Por Dios que no es esto lo que quiero ni para lo que he venido. Pero dile que me dé una de sus ropas.» Y le devolvió la bolsa al sirviente.

El sirviente regresó junto a Ar-Rida y éste le dijo: «Llévasela de nuevo.» Pero esta vez le envió también una pieza de su ropa.

Cuando Dibíl llegó a Qom y las gentes vieron la ropa del Imam, le ofrecieron mil dinares por ella, pero él los rechazó diciendo: «No. Juro por Dios que mil dinares no llegan para pagar ni un trozo de ella.»

Luego, marchó de Qom, pero ellos le siguieron y le apresaron y le quitaron la ropa, así que tuvo que regresar a Qom y negociar con ellos y ellos le dijeron: «No podrás recuperarla. Si quieres, aquí tienes mil dinares.»

Él dijo: «Me tenéis que dar también un trozo de ella.»

Así que le entregaron mil dinares y un trozo de la camisa.»

***

Y relató Alí ibn Ibrahím, de Yáser Al-Jádem y Ar-Rayán ibn As-Salt, quienes dijeron:

«Cuando llegó la fiesta de la designación de Ar-Rida, la paz sea con él, Al-Mamún le pidió que acudiese a la ceremonia, que dirigiese la oración y que hablase a la gente. Ar-Rida le respondió diciendo: «Ya sabes las condiciones que acordamos entre tú y yo para que yo aceptase el cargo, así pues, dispénsame de dirigir la oración.»

Al-Mamún le respondió: «Lo que quiero con ello es tranquilizar los corazones de las gentes y darles a conocer tus virtudes.»

El mensajero estuvo yendo y viniendo entre ellos. Cuando Al-Mamún insistió que debía hacerlo, Ar-Rida le respondió con un mensaje en el que decía: «Hubiera preferido que me hubiese excusado de ello, pero si no lo haces, saldré como salían el Mensajero de Dios y Emir al-Muminín Alí ibn Abu Táleb.»

Al-Mamún le dijo: «Sal como te parezca.» Y ordenó a las autoridades y a las gentes que acudiesen a la casa de Ar-Rida por la mañana temprano.

Las gentes estaban sentadas en los caminos y en los techos de las casas esperando que Abu Al-Hasan, la paz sea con él, apareciese. Mujeres y niños se habían reunido esperando para verle salir de su casa. Los comandantes militares y los soldados estaban esperando ante su puerta, jinetes en sus caballos, desde la salida del Sol.

Abu Al-Hasan, la paz sea con él, tomó un baño y se vistió. Se puso un turbante blanco de algodón, dejando que una de sus puntas colgase sobre su pecho y la otra entre sus hombros, se perfumó suavemente y tomó un bastón en su mano, diciendo a sus sirvientes: «Vosotros haced lo que yo haga.»

Salieron delante de él y él iba descalzo, con sus pantalones remangados hasta media pierna y sus ropas recogidas. Caminó un poco y levantó su cabeza hacia el cielo y alabó la grandeza de Dios diciendo: «¡Al.lahu Akbar!»

Y sus criados repitieron con él: «¡Al.lahu Akbar!»

Luego, siguió caminando hasta llegar a la puerta y allí se paró de nuevo.

Cuando los comandantes y los soldados le vieron aparecer de aquella manera, todos se bajaron de sus monturas a tierra y el más afortunado de todos fue quien tuvo un cuchillo con el que cortar las tiras de sus sandalias, quitárselas y comenzar a caminar descalzo.

Ar-Rida dijo en la puerta: «¡Al.lahu Akbar!» y todos repitieron con él: «¡Al.lahu Akbar!»

Nos parecía que los cielos y los muros le respondían y que la ciudad de Marv temblaba con los llantos y el clamor de las gentes cuando vieron a Abu Al-Hasan y escucharon sus alabanzas a Dios.

Cuando la noticia de aquello llegó a Al-Mamún, Al-Fadl ibn Sahl Dur Raasatain le dijo: «¡Oh Gobernador de los Creyentes! Si Ar-Rida llega al lugar de la oración de esta manera, las gentes pueden sublevarse con él y todos nosotros tememos por nuestras vidas.  Pídele que regrese.»

Al-Mamún le envió un mensaje que decía: «Hemos puesto sobre tus hombros demasiada carga y te hemos agotado y no queremos que tengas que sufrir  dificultades, así pues, regresa y que dirija la oración de la gente alguien que lo haga de la manera tradicional.»

Abu Al-Hasan entonces, pidió su calzado y se lo puso, montó y regresó.

La discordia se adueñó de las gentes y el desorden de su oración.

***

Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Alí ibn Ibrahím, que Yáser dijo:

«Cuando Al-Mamún decidió salir de Jorasán en dirección a Bagdad, salió con él Al-Fadl ibn Sahl Du Ar-Raasatain y nosotros salimos con Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él.

A Al-Fadl ibn Sahl le llegó una carta de su hermano Al-Hasan ibn Sahl mientras estábamos en una de las paradas del camino. La carta decía:

«He estado investigando lo que sucederá en el futuro año y he descubierto que en tal día de tal mes, siendo miércoles, sufrirás el calor del hierro y el calor del fuego y mi opinión es que tú y el Gobernador de los Creyentes y Ar-Rida vayáis a los baños ese día y os sumerjáis en él y que cubráis todo vuestro cuerpo de sangre, para alejar de vosotros el mal.»

Du Ar-Raasatain escribió entonces a Al-Mamún contándole aquello y pidiéndole que preguntase a Abu Al-Hasan, la paz sea con él, sobre ello.

Al-Mamún escribió a Ar-Rida preguntándole y Abu Al-Hasan le respondió diciendo: «Yo no iré mañana a los baños.»

Al-Mamún volvió a preguntarle qué hacer y Ar-Rida le escribió: «Yo no iré mañana a los baños, pues he visto al Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, esta noche y me dijo: «¡Oh Alí! No entres en los baños mañana.

Así que ¡Oh Gobernador de los Creyentes! te aconsejo que ni tú ni Al-Fadl vayáis a los baños mañana.»

Al-Mamún le escribió: «Has dicho lo correcto ¡Oh Abu Al-Hasan! Y el Mensajero de Dios ha dicho la verdad. No iré mañana a los baños. Al-Fadl sabrá mejor lo que hacer.»

Y dijo Yáser: «Por la tarde, cuando el Sol se ocultó, Ar-Rida, la paz sea con él, nos dijo: «Decid: Nos refugiamos en Dios del mal que descenderá esta noche.»

Estuvimos repitiéndolo y, cuando Abu Al-Hasan hubo rezado la oración del amanecer, me dijo: «Sube a la terraza y mira a ver si oyes algo.»

Cuando subí, escuche unos llantos que se iban haciendo cada vez más frecuentes e intensos, pero no vi a nadie. Entonces, Al-Mamún entró por la puerta que conectaba su casa con la casa de Ar-Rida, la paz sea con él, y dijo: «¡Oh mi señor! ¡Oh Abu Al-Hasan!  ¡Que Dios te recompense por el favor. Abu Al-Fadl fue a los baños y un grupo de personas armadas de espadas entró tras él y le mató. Tres de ellos han sido detenidos y uno de ellos era el hijo de su tío materno Al-Fadl ibn Dul-Qalamain.»

Él dijo: «Los oficiales, los soldados y los hombres de la casa de Al-Fadl se reunieron ante la puerta de Al-Mamún y dijeron: «Él le ha asesinado.»

Y le insultaban y pedían su sangre y encendieron fuegos para prender la puerta de la casa.

Entonces, Al-Mamún dijo a Abu Al-Hasan: «¡Oh mi señor! ¿Podrías salir ante esas gentes y tranquilizarles para que se dispersen?»

Él dijo: «Sí.»

Abu Al-Hasan montó a caballo y me dijo: «¡Oh Yásir! ¡Monta!»

Así que monte en mi caballo y, cuando salimos por la puerta de la casa, él miró a las gentes que se habían reunido en torno suyo y les hizo un gesto con la mano para que se dispersasen.

Yásir dijo: «Las gentes le obedecieron y juro por Dios que comenzaron a atropellarse unos a otros para marcharse, sin que él señalase a ninguno de ellos en particular, sino que las gentes se apresuraron y se marcharon sin más.»

***

Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Mualá ibn Muhammad, que Musáfir dijo:

«Cuando Al-Mamún ibn Al-Musayyib quiso atacar a Muhammad ibn Yafar, Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, me dijo: «¡Oh Musafir! Ve y dile a Muhammad ibn Yafar: «No salgas mañana, porque si sales mañana serás derrotado y tus compañeros matados. Y si te pregunta cómo lo sabes, dile que lo has visto en un sueño.»

Así que fui a él y le dije: «¡Doy la vida por ti! No salgas mañana, porque si sales mañana serás derrotado y tus compañeros matados.»

Él me dijo: «¿Cómo lo sabes?»

Yo le dije: «Lo he visto en un sueño.»

Él me dijo: «Los siervos tienen sueños cuando no se lavan el culo.»

Así que salió a combatir y fue derrotado y sus compañeros matados.»

***

7/5  Sobre la muerte de Ar-Rida Alí ibn Musa, la paz sea con él, sus causas y algunas noticias sobre ello

Cuando Ar-Rida Alí ibn Musa, la paz sea con él, estaba a solas con al-Mamún, solía llamarle la atención muchas veces, le llamaba a tener temor de Dios y le afeaba por las cosas que hacía desobedeciendo los mandatos divinos. Al-Mamún, exteriormente, siempre aparentaba aceptar sus palabras, pero en el fondo las aborrecía y no podía soportarlas.

Un día que Ar-Rida fue a visitar a Al-Mamún y le encontró realizando sus abluciones para la oración mientras un criado le echaba agua en la mano. Así que le dijo: «¡Oh Gobernador de los Creyentes! No des participación a nadie en tus actos de adoración a tu Señor.»

Entonces, Al-Mamún despidió al criado y termino de realizar sus abluciones él solo, pero aquello incrementó su odio y animadversión hacia él.

Ar-Rida solía hablar con desprecio de Al- Hasan y Al- Fadl, los hijos de Sahl, cuando Al-Mamún se los mencionaba. Les describía a ambos en los mismos términos y les criticaba por no hacer caso a las advertencias que les dirigía.

Ellos dos, sabedores de aquello, y buscando ganar el favor de Al-Mamún, no perdían oportunidad de criticar ante él a Ar-Rida, mencionándole cualquier cosa que sirviese para separarle de él y hacer que éste temiese la actitud de las gentes hacia él. Y no cesaron de obrar así hasta que consiguieron que Al-Mamún cambiase la opinión que tenía de Ar-Rida y decidiese matarle.

Y sucedió que, un día que Ar-Rida y Al-Mamún estaban comiendo juntos, Ar-Rida se sintió enfermo por la comida y Al-Mamún aparentó estarlo también.

Muhammad ibn Alí ibn Hamza relató, de Mansúr ibn Bashir, que su hermano, Abdel lah ibn Bashir, dijo:

«Al-Mamún me ordenó que dejase crecer las uñas de mis dedos más de lo normal pero que no se lo dijese a nadie, y así lo hice.

Luego, me llamó y me envió a por algo parecido a los dátiles indios y me dijo: «Amasa todo esto con tus manos.»

Cuando lo hice se puso en pie y se marchó. Fue a donde se encontraba Ar-Rida, la paz sea con él, y le dijo: «¿Cómo estás?»

Él dijo: «Creo que estoy bien.»

Él dijo: «Hoy yo también me siento bien, gracias a Dios. ¿Ha venido hoy alguno de los criados a servirte?»

Él dijo: «No.»

Al-Mamún se enfadó y grito a sus criados. Luego le dijo: «Toma ahora zumo de granada, pues eso es de las cosas de las que uno no debe prescindir.»

Luego, me llamó y dijo: «Trae unas granadas.»

Yo las traje y, entonces, me dijo: «Exprímelas con tus manos.»

Así lo hice y Al-Mamún se lo dio de beber a Ar-Rida, la paz sea con él, con su propia mano y aquello fue la causa de su muerte. No pasaron más de dos días y murió, la paz sea con él.»

***

Y se ha mencionado que Abu As-Salt Al-Harawí dijo:

«Entré a ver a Ar-Rida, la paz sea con él, y acababa Al-Mamún de estar con él, entonces, me dijo: «¡Oh Abu As-Salt! ¡Ya lo han hecho!»

Luego comenzó a proclamar la unicidad de Dios y Su grandeza.

Y se relato que Mohammad ibn Al-Yahm dijo:

«A Ar-Rida le gustaban las uvas. Un día Al-Mamún trajo algo y lo puso en ellas y se las llevó a Ar-Rida y él comió de ella y eso fue lo que le mató cuando se encontraba en la situación que anteriormente hemos mencionado, pues dicen que era un veneno sutil.»

***

Cuando murió Ar-Rida, la paz sea con él, Al-Mamún mantuvo su muerte en secreto durante todo un día y una noche, luego, mandó llamar a Muhammad ibn Yafar As-Sádeq y al grupo de la familia de Abu Táleb que vivían con él, para que hicieran acto de presencia.

Cuando llegaron les anunció el fallecimiento de Ar-Rida, la paz sea con él. Lloró y aparentó gran tristeza y dolor. Él mismo les mostró su cuerpo sin señales de violencia y dijo: «¡Qué duro es para mí verte en este estado! ¡Oh hermano mío!  Yo contaba con haber partido antes que tú, pero Dios rechaza todo excepto lo que Él quiere.»

Luego ordenó que se le diesen los baños mortuorios, se le amortajase y perfumase y salió acompañando su cuerpo, como uno más de sus porteadores, hasta llegar al lugar donde debía ser enterrado y le enterró.

El lugar era la casa de Hamíd ibn Qahtaba, en una villa llamada Sanábád, cerca de Nawqán, en la zona de Tús, donde estaba también la tumba de Harún Ar-Rashíd.

La tumba de Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, está situada delante de la suya en dirección a La Meca.

Ar-Rida Alí ibn Musa, la paz sea con él, murió y, que nosotros supiéramos, no dejó más hijos que aquel que sería el Imam después de él, Abu Yafar Muhammad ibn Alí, la paz sea con ambos, que tenía, el día en que murió su padre, siete años y unos meses.»


[1] Sagrado Corán, 2:30.

[2] Sagrado Corán, 14:17.

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