Birmania

Escenas de una limpieza étnica en Birmania

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La mayoría de los desplazados, unos 140.000, son rohingyas que dependen únicamente de la ayuda de agencias humanitarias y ONG internacionales para sobrevivir. A principios de marzo, el Gobierno birmano expulsó a Médicos Sin Fronteras del Estado, privando de atención médica a unas 750.000 personas, la inmensa mayoría de ellas rohingyas. A finales de marzo, turbas de extremistas budistas arakaneses atacaron las oficinas y almacenes de varias ONG internacionales y agencias humanitarias. Fotografía: Un grupo de niños rohingya se despiojan los unos a los otros cerca del campo de desplazados internos de Say Tha Magyi, en las inmediaciones de Sittwe, capital del Estado birmano de Arakan. © Carlos Sardiña Galache.

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Las gemelas Ruk y Kun Sama nacieron a finales de marzo en un campo para desplazados internos cerca de Sittwe. Su madre padece tuberculosis, está muy débil y no les podía dar el pecho. La familia era tan pobre que sólo se podía permitir alimentarlas con crema en polvo para el café claramente inapropiada para bebés. Ni la madre ni las gemelas pueden recibir tratamiento médico. A mediados de abril, cuando se tomó esta fotografía, un trabajador de la ONG Partners Relief International que había visitado la zona clandestinamente (probablemente el único miembro de una ONG extranjera que había viajado a los campos Rohingya en un par de semanas) les compró la leche apropiada. Sin embargo las niñas y el padre murieron a principios de este mescomo consecuencia de unas diarreas que ningún médico pudo curar. © Carlos Sardiña Galache.

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La situación de los rohingyas es tan desesperada que el relator saliente de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Birmania, el jurista Argentino Tomás Ojea Quintana, declaró recientemente en una conferencia celebrada en Londres que “se están cometiendo crímenes de la humanidad” contra ellos y “hay elementos degenocidio en el Estado Rakhine [Arakan]”/ Fotografía: Campo de desplazados internos rohingya de SayTha Magyi, en las inmediaciones de Sittwe, capital del Estado birmano de Arakan. © Carlos Sardiña Galache.

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Campo de desplazados internos budistasarakaneses de Satyokyak, en Sittwe. Las condiciones son muy diferentes para losdesplazados internos budistas. Al contrario que los musulmanes, disfrutan delibertad de movimientos y pueden trabajar en la ciudad. El Gobierno birmano construyóuna de estas casas para cada familia, equipadas con electricidad y acceso aagua potable. ©Carlos Sardiña Galache.

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Como muchos otros desplazados internos rohingya en el campo de Ohn Taw Gyi. este niño sufría diarrea y fiebre debido a la falta de agua potable. Ningún médico había visitado el campo para tratar casos como el suyo durante muchos días. © Carlos Sardiña Galache.

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Campo de Dar Paing.Los desplazados internos rohingya de esta zona del campo no están registradosy, por tanto, no reciben comida del Programa Mundial de Alimentos. © CarlosSardiña Galache.

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En esta choza del campo de desplazados internos rohingya de Dar Paing vive unafamilia de ocho miembros. Cuando se tomó esta fotografía, a mediados de abril,esta mujer, llamada Nunu, llevaba diez días tumbada en el suelo porque estaba demasiado débil para moverse. Ella y su marido habían decidido abortar porqueno se podían permitir una séptima boca que alimentar. Ella no había dejado desangrar desde entonces. No la había visto ningún médico. Aquel día, fue llevada a la única clínica que hay en los campos. Allí, trataron de enviarla alHospital General de Sittwe. Ella se negó a ir. Los rohingya son rechazados amenudo por el personal del hospital y temen que los asesinen allí. Dos días antes había entrevistado a una mujer a la que las enfermeras habían dado unapaliza cuando estaba en el hospital cuidando de su prima. La mujer aseguraba que las enfermeras habían matado a su prima inyectándole un líquido verde y lahabían golpeado cuando trató de detenerlas. Nunu volvió a su choza sin recibirningún tratamiento. © Carlos Sardiña Galache.

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Campo de Dar Paing. Los desplazados internos deesta zona del campo no están registrados y, por tanto, no reciben comida delPrograma Mundial de Alimentos. ©Carlos Sardiña Galache.

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HadijaBegun y Noor Hussain perdieron a su hijo de un año, Noor Alam, cinco días antesde tomarse esta fotografía, a mediados de abril. El niño se despertó una mañanacon diarrea y fiebre. No había ningún médico disponible para atenderle y murióla noche siguiente. El hijo mayor de tres años Sayed Noor (en la foto) y otrosdesplazados en el campo de Ohn Taw Gyi, en el que vive la familia, sufrían losmismos síntomas. © Carlos Sardiña Galache.

Fuente: http://www.eldiario.es/desalambre/Escenas-limpieza-etnica-Birmania_12_260493949.html

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