Islam

Tratado El Núcleo del Núcleo en el viaje y la conducta espiritual de la gente de discernimiento-Prólogo del traductor

nuralai

Luz sobre luz

 

Acuciado por alimentar un alma ignorada y desconocida durante tanto tiempo, se precipita el mundo en pos de una espiritualidad que le dé las respuestas y soluciones que, ni la filosofía ni la tecnología han sido capaces de proporcionarle.

Partiendo de la ignorancia, es lógico y posiblemente inevitable que esa búsqueda se revista en un principio de suposiciones e ilusiones que tengan más que ver con la estética holywoodiense y con la imaginería de turbantes, harenes y pipas de agua de Wald Disney que con la realidad. Pero como, por otro lado, la realidad misma es cada vez más acuciante y acuciadora, esa búsqueda se va haciendo cada vez más precisa. La dura experiencia nos afila.

El punto de luz inicial va creciendo conforme nos acercamos a él.

Se hace, entonces, más necesaria que nunca una guía que nos ayude a digerir las nuevas y desconocidas vivencias sin que nos atragantemos en el proceso o nos lancemos a volar como mariposas desde la terraza del último piso. Es decir, sin que nos quedemos trabados sin saber como seguir adelante, ni tampoco nos creamos que hemos alcanzado la iluminación y la santidad y que nos encontramos más alla del bien y del mal.

Al llegar a este punto, es importante saber que forma y contenido son unicamente dos conceptos para referirnos a una misma realidad, dos perspectivas desde las que contemplar una sola cosa.

La experiencia espiritual, para que sea algo más que un instante de elevación, un flash, una iluminación repentina y momentanea, ha de preservarse en el continente de los ritos, de las formas.

Puede que haya una iluminación, un flash, una iluminación interior momentanea, pero no habrá espiritualidad verdadera si no existe una práctica ritual que la contenga.

El camino está en la observancia de los ritos, en especial de la oración diaria. Una oración que no sea forma vacía de contenido, sino continente de presencia ante Dios, de consciencia de Su infinita majestuosidad y grandeza y de mi propia insignificancia. Oración de la que se ha dicho: «Es el viaje del creyente ante la presencia divina (mirach) ».

 

Es en el marco de los ritos en el que se puede desarrollar la experiencia espiritual, sean estos ritos los propios del Islam cuando la persona sea musulmana, o los de cualquiera de los otros mensajes revelados.

No estamos hablando únicamente de ser buenos. Se puede ser bueno sin necesidad de ser religioso. Hablamos de un viaje que nos permita alimentar el alma y guiar al espíritu, de forma cada vez más certera, hasta alcanzar un estado en el que el alma se aniquila y el espíritu se funde en el Todo y caen los velos que nos hacían ver la realidad como multiplicidad y el yo y el Él como dos cosas. Más aun. Que nos permita familiarizarnos con ese Todo, navegar en Él, a veces regresar de Él y, en contadas ocasiones, guiar a otros hacia Él.

El texto que presentamos en las páginas siguientes es uno de los más importantes escritos sobre gnosis desde el punto de vista del Islam en el siglo XX.

En un estilo profundo y sencillo, El Tratado del Núcleo del Núcleo en el viaje y la conducta espiritual de la gente de discernimiento trata de las etapas y los procesos que debe atravesar quien aspire a ser un viajero espiritual, si quiere alcanzar su realización interior.

Ilustra, así mismo, los orígenes coránicos de la gnosis y la relación de esta con el Islam puro mohammadí.

Finalmente, aclara el significado del concepto wiláya y el papel que juegan los Imames  en la transmisión de los conocimientos esotéricos y de las verdades relativas a la Unidad y Unicidad divinas (Tauhíd), la parte que ocupa en la vida espiritual de los creyentes y el lugar de la Casa Profética (Ahl ul-Bayt) en la travesía espiritual hacia Dios.

 

Ayatolá Aláma Seyed Muhammad Huseyn Tabatabaí fue uno de los sabios islámicos más prominentes del siglo XX en Irán. Alummno de Seyed Muhammad Huseyn Tabatabaí, fue profesor de filosofía islámica, jurisprudencia, ética y gnosis en las escuelas teológicas de Qom a lo largo de treinta y siete años, fue un sabio religioso eminente, un pensador original, filósofo, teósofo, poeta, escritor y comentador del Corán, así como un gnóstico de alta realización espiritual.

El propio Seyed Muhammad Huseyn Tabatabaí nos relata que había estudiado el Fusús al Hikam[1]de Ibn al-‘Arabi durante años y pensaba que estaba bien familiarizado con esta obra capital de la gnosis sufi, antes de trasladarse a Nayaf, en Iraq, para continuar sus estudios.

Encontrándose en aquella santa ciudad decidió acudir a las clases que Aga Qadí Tabrizí impartía sobre Fusús. Desde la primera clase sintió como su estado espiritual (hal) cambiaba y las paredes de la habitación se hacían eco de las palabras del Sheyj al-Akbar.[2]

Comprendió que hasta ese momento él sólo había llegado a entender el significado literal de las palabras recogidas en el texto y que solamente entonces comenzaba a comprender lo que ellas realmente significaban.

Posteriormente, su maestro inició al joven Tabatabaí, quien comenzó a practicar, simultáneamente a sus estudios formales, una rigurosa disciplina espiritual y largos ayunos de silencio, que marcaron su personalidad para el resto de su vida.

Dice Seyed Huseyn Nasr: «Uno no podía permanecer ante él, incluso cuando impartía sus lecciones, sin experimentar algo del sagrado silencio del que todas las palabras merecedoras de ese nombre proceden y al que todas ellas regresan.»

 

Durante los treinta años que estuvo enseñando en Qom, Aláma Tabatabaí impartió cursos regulares sobre el Shifá de Avicena y el Asfar de Mulá Sadrá.

Los fines de semana enseñaba, en reuniones privadas, textos de gnosis de los grandes gnosticos a un reducido número de alumnos. Además, tenía un círculo aun más restringido de discípulos que fueron iniciados en los misterios de la gnosis y del viaje espiritual.

Esta obra que ahora se traduce es un resumen de las enseñanzas impartidas por Aláma Tabatabaí a ese restringido grupo en aquellos encuentros íntimos, recopiladas por Aláma Tehraní, que participó en ellos, entre los años 40 y 50 de siglo XX.

La obra representa, por tanto, los aspectos más esotéricos de las enseñanzas de Aláma Tabatabaí.

Como dice Seyed Huseyn Nasr:  «Esta obra de Alama Tehraní es representativa de un tipo de tratados gnósticos y del esoterismo islámico que han sido raramente estudiados en Occidente hasta hoy.

Para comprender la rama del conocimiento que esta obra representa es necesario profundizar de manera general en las diferentes manifestaciones de las enseñanzas esotéricas del Islam.

La primera y más conocida de las enseñanzas esotéricas islámicas es, desde luego, el sufismo, que ha producido un amplio tesoro de escritos que van desde la vida de los santos a consejos prácticos, desde tratados éticos a poesías, y de aforismos y cartas a trabajos didácticos sobre metafísica islámica, cosmología, psicología, escatología y otros muchos temas. Este último tipo de trabajos se asocia en particular con las enseñanzas teóricas del sufismo acerca del conocimiento unitivo conocido como gnosis, irfán o ma‘rifa. Su gran teórico fue Ibn al-Arabi, muchas de cuyas obras, así como de las pertenecientes a su escuela, están siendo ahora traducidas y estudiadas en las lenguas europeas.

Una segunda cristalización de las enseñanzas esotéricas islámicas se encuentra en los escritos filosóficos y teológicos ismailíes, los cuales, a pesar de su especial color, asociado a una rama particular del Shiísmo, se sumerge también en las fuentes universales del esoterismo islámico. De hecho, el Ismailismo ha estado históricamente muy próximo al sufismo, tanto en sus orígenes como tras la invasión mogola, época en la que, al menos en Persia, apareció a menudo disfrazado de sufismo, y podemos encontrar comentarios ismailíes a obras sufíes bien conocidas. Así mismo, durante la época de la dinastía Qayar, algunos de los Imames ismailíes recibieron también la iniciación sufi.

Una tercera categoría es la gnosis shiíta duodecimana (irfan-e shií), la cual a dado a luz un gran número de obras , la mayor parte de las cuales, aunque no la totalidad, escritas en lengua persa por figuras como Sayyid Haydar Amulí, Ibn Turka, Fayd Kashaní y Qadí Said Qommí, por no hablar de los filósofos místicos y teósofos que combinan filosofía y gnosis, como Mulá Sadrá y sus discípulos, en los últimos siglos y hasta nuestros días, incluyendo a Hach Mulá Hádí Sabzowarí, que vivió en la época Qayar, así como muchos filósofo-gnósticos del siglo XX. La Escuela de Teherán, fundada a finales del siglo XVIII con la llegada de la dinastía Qayar, posee dos ramas desde sus orígenes, una dedicada a la filosofía, especialmente a la filosofía de la escuela de Mulá Sadrá, y la otra al puro esoterismo islámico en forma de gnosis.

Esta segunda escuela fue fundada por Seyed Radí Lariyaní, conocido como Málik al-Bátin (Dueño de lo Interno) y por el maestro gnóstico más famoso del siglo XIII (XIX) en Persia, Muhammad Ridá Qumshahí, llamado el Ibn al-Arabi de su época por sus enseñanzas de la gnosis akbarí y del esoterismo islámico en general y que tuvo por seguidores a destacadas personalidades, tales como Mirzá Nasír Yilání, Mir Sayyid Nachrizí, Mirzá Ahmad Ashtiyaní,Seyed Kázim Asár, Muhyi ud-Dín Mahdí Ilahí Qumshaí, cuyas enseñanzas sobre gnosis práctica conforman la materia original del presente trabajo.

Los trabajos gnósticos de las personalidades aquí mencionadas son, en su mayor parte, desconocidos en Occidente, aunque últimamente y gracias a las obras de Henri Corbin y de algunos otros eruditos, están comenzando a recibir una cierta atención.

En Persia al menos, como resultado de las tensiones politico-religiosas entre los últimos sabios religiosos de la época Safávida y las órdenes sufíes establecidas, especialmente la Nematolahí, el término “Sufi” devino anatema en los círculos religiosos shiítas y el término “gnosis” (irfán) vino a reemplazar al de tasawuf en muchos contextos.

Mientras que en las primera épocas, grandes sabios shiítas, como Seyed Haydar Amulí, se identificaban abiertamente con el sufismo, de la última parte del siglo XI (XVII) en adelante, los sabios shiítas se distanciaron de la mayor parte del sufismo común, al cual denominaron “tasawuf-e janaqahí” (sufismo de convento).

Este distanciamiento no sólo afectó a los sabios exotéricos, los cuales se oponían a las prácticas e interpretaciones esotéricas, sino también a quienes estaban totalmente inmersos en el mundo de la gnosis sufi y que se consideraban a sí mismos seguidores de las obras de los grandes maestros sufíes, como Ibn al-Arabi, Rumí y Yamí.

La mayor parte de los eruditos que se ocupan del mundo shiíta opinan que, además de las órdenes sufíes, como la Dahabí y la Nematolahí, que son “janaqahí” y semejantes a las grandes órdenes sufíes del mundo sunnita, con su cadena iniciática (silsila) que liga a discípulo y maestro a lo largo de los siglos hasta alcanzar los orígenes de la revelación coránica, existe el aspecto general esotérico del Shiísmo, el cual otorga ese carácter gnóstico que algunos trabajos shiítas poseen, así como la guía especial que otorgan los Imames de la Casa Profética, especialmente en el caso de algunos sabios duodecimanos poseedores de un conocimiento esotérico del más elevado nivel.

Lo que hasta ahora no ha sido seriamente estudiado en el Shiísmo Duodecimano es la presencia de una “cuarta categoría”: la de quienes pertenecen a una cadena iniciática que liga maestro y discípulo, pero sin la organización formal que caracteriza a las bien conocidas órdenes sufíes.

Esta cadena de transmisión posee una transmisión regular del poder iniciático, guía espiritual y prácticas espirituales similares a las presentes en las órdenes sufíes, pero fueron protegidas por el secreto, especialmente entre los sabios shiítas, y son causa de la aparición de un cierto número de gnósticos y santos eminentes entre la casta de los sabios religiosos.

Esta cadena de transmisión ha permanecido y permanece muy escondida en el Shiísmo. Sus métodos y disciplinas son transmitidos sólo oralmente y los maestros eligen a unos pocos de entre sus, normalmente numerosos, alumnos, para iniciarles, paralelamente a su estudio de los grandes textos de la gnosis teórica, en la senda de la perfección espiritual. En las escuelas religiosas del mundo shiíta (Hauza Ilmiya) tanto en Persia como en Iraq, Pakistán, la India, o cualquier otro lugar, algunos estudiantes suficientemente capacitados son seleccionados para recibir las enseñanzas de Ibn al-Arabi, Sadr ud-Dín Qunyawí y otros grandes maestros, pero, incluso entre ellos, no a todos los estudiantes que alcanzan esos niveles, ni siquiera de los que llegan a estudiar los textos más avanzados, como Misbah al-Uns de Al-Fanárí, se les permite entrar a formar parte del selecto grupo de los iniciados. Para recibir esa iniciación es necesario que en el discípulo se encuentre presente una virtud espiritual, un profundo anhelo por lo divino, una sed de realizar el conocimiento metafísico.

Este libro de Aláma Tehrání es un fruto de ese rama del esoterismo islámico. Al ser el mismo una recensión de las enseñanzas orales de su maestro Aláma Tabatabaí, la obra es un ejemplo del tipo de trabajos que, en el contexto de las tradiciones shiítas y comentarios sobre el Corán, tratan sobre los estadíos de la senda espiritual y revela las iluminaciones del conocimiento unitivo que yacen al final de dicha senda.

Efectivamente, esta obra revela los aspectos más íntimos de las enseñanzas de uno de los grandes sabios del siglo XX y es el primer espécimen de este tipo de escritos que ha sido traducido al castellano.

Las enseñanzas espirituales de Aláma Tabatabaí están resumidas en esta breve pero jugosa obra que es, verdaderamente, el núcleo del núcleo del fruto de la revelación y que recibe su título del que Ibn al-Arabi dio a uno de sus bien conocidos escritos.

Como hemos dicho El tratado del Núcleo del Núcleo en el viaje y la conducta espiritual de la gente de discernimiento fue originalmente un ciclo de conferencias que Aláma Seyed Muhammad Huseyn Tabatabaí dio a un selecto grupo de sus estudiantes y discípulos en Qom, entre los años 1949 y 1950.

Ayatolá Seyed Muhammad Huseyn Huseyní Tehraní, que contaba entonces veinticinco años y era uno de los más brillantes alumnos de Aláma Tabatabaí, tomó abundantes notas de esas conferencias. Unos años antes de su muerte, Tehraní, recopiló, editó y comentó estas notas y las publicó en su forma actual en la ciudad de Mashad, Irán. La traducción actual está basada en la 12ª edición del libro, publicada en 2006 por la Universidad de Mashad, Irán.

A pesar de sus numerosas contribuciones en el terreno de los estudios islámicos y de un considerable reconocimiento y respeto en la comunidad académica de Qom y Mashad, Aláma Tehraní ha permanecido desconocido fuera de Irán. Por tanto, es adecuado realizar una pequeña presentación biográfica y examinar brevemente su pensamiento religioso y su orientación intelectual.

Ayatolá Seyed Muhammad Huseyn Huseyní Tehraní proviene de una prominente familia de sabios iraníes shiítas, entre los que se encuentran Muhammad Báqer Machlisí, Ayatolá Mirza Muhammad Tehraní, autor de Mustadrik al-Bihār,Muhammad Saleh Jatunabadí y Seyed Mahdi Bahr al-Ulúm.

Ayatolá Seyed Muhammad Huseyn Huseyní Tehraní nació en Teherán el año 1925 y falleció en Mashad el año 1995. Su abuelo, Ayatolá Hach Seyed Ibrahím, fue alumno en Samarra de Ayatolá Mirza Hasan Shirazí (m. 1894), conocido entre los sabios islámicos como Mirza-yi Awwal (el Primer Mirza). Su padre, Ayatolá Seyed Muhammad Sádeq, fue alumno de Mirza Muhammad Taqí Shirazí (m. 1920), conocido como Mirza-ye Dowwom (el segundo Mirza). Tras completar sus estudios en Samarra, Iraq, Muhammad Sádeq regresó a Irán y se estableció en Teherán.

Poco es lo que se ha escrito sobre la vida y el carácter de Muhammad Sádeq durante el reinado de Reza Shah (1925-1941), sin embargo, existen evidencias que apuntan a su activa participación en las acciones desarrolladas por la oposición a su régimen. Algunos comentaristas, entre ellos su propio hijo Aláma Tehraní, recogen que, como muchos otros de los sabios espirituales shiítas de la época, Ayatolá Muhammad Sádeq se opuso fuertemente a la occidentalización y secularización de Irán. Fue especialmente activo en Teherán, en la organización y dirección del movimiento que se oponía a la disposición gubernamental para prohibir el uso de la vestimenta religiosa, aprobada en Diciembre de 1928 y contra la ley de abolición del velo islámico de las mujeres, promulgada el año 1935.

A causa de estas actividades, fue arrestado y encarcelado en varias ocasiones. A pesar de los intentos del gobierno para desacreditarle, Ayatolá Muhammad Sádeq fue considerado uno de los más eminentes y respetados doctores de la ley (muchtahidún) en Teherán durante la primera mitad del siglo XX.[3]

A diferencia de su padre, el joven Muhammad Huseyn no recibió su primera educación religiosa en la escuela teológica de Qom. Fue su propio padre quien se encargó de su formación hasta que estuvo bien instruido en las ciencias islámicas, o “ciencias tradicionales”. Realizo en Teherán su educación primaria, secundaría y posteriormente ingresó en la Escuela Técnica de Teherán y se graduó en ingeniería mecánica entre los años treinta y cuarenta. Tras ello, ingresó en el Seminario teológico de Qom y pasó a formar parte del círculo de estudiantes de Aláma Tabatabaí.

Los siete años siguientes, el joven Muhammad Huseyn también fue alumno en fiqh y Usul de Sheyj Murtada Haerí Yazdí, Ayatolá Baha ud-Diní, Sheyj Abdel Yawad Esfahaní y de Seyed Muhammad Damád.

Tras esos siete años estudiando con estos tres prominentes profesores, Muhammad Huseyn Tehraní recibió su titulación como Doctor en Leyes (muchtahid) y decidió viajar a Nayaf para continuar sus estudios.

En esta santa ciudad permaneció otros siete años, durante los cuales fue alumno de Ayatolá Aga Buzúrg Tehraní, Ayatolá Seyed Mahmúd Shahrudí, Ayatolá Seyed Abu Qásim Juí, Ayatolá Sheyj Huseyn Hil.lí y de otros grandes sabios.

Varios fueron los maestros y gnósticos que representaron un importante papel en la formación espiritual de Aláma Tehrání. Como el mismo ha señalado, su primer maestro y guía espiritual fue Aláma Tabatabaí, quien le inició en la gnosis (irfán) y guió su progreso espiritual a lo largo de los años que pasó estudiando en Qom.

Hasta el final de su vida, Aláma Tehraní expresaba continuamente su admiración por Aláma Tabatabaí y por sus conquistas intelectuales y espirituales. Cuando Aláma Tehraní partió de Qom hacia Nayaf había comenzado ya su viaje gnóstico y desarrollaba una activa vida espiritual.

Durante los años que pasó en Nayaf, tal y como Aláma Tabatabaí le había aconsejado, Tehraní entró en relación con Ayatolá Abbas Quchaní.

El año 1957, Tehraní conoció al mayor maestro espiritual que existía en Kerbalá, Iraq, llamado Hach Seyed Hashim Haddád (m. 1984), un acontecimiento que transformó el alma y el destino de Tehraní.

Aláma Tehraní relata que había oído el nombre de Hach Seyed Hashim Haddád a Aláma Tabatabaí, que siempre hablaba de él con respeto y admiración. Cuando fue a Nayaf y visitó a Ayatolá Sheyj Abbas Quchaní, Tehraní le preguntó por Hach Seyed Hashim Haddád y se informó que éste vivía en Karbalá. Un misterioso anhelo de encontrar a Seyed Hashim llevó finalmente a Tehraní a peregrinar a Karbalá. Ese mismo año se encontró con aquel gran maestro. El alma joven de Tehraní fue totalmente capturada por la eminencia espiritual y el carisma que emanaba de Seyed Hashim Haddád y sufrió una profunda transformación. En Haddád encontró a un sincero musulmán,un gnóstico perfecto, un gran maestro espiritual y un guía que había atravesado el reino de la multiplicidad y se encontraba completamente aniquilado en la Divina Unidad (Tauhíd).

En sus mismas palabras:

…Seyed Hashim Haddád estaba tan absorto en la Unidad Divina que las palabras no alcanzan para describir su estación espiritual y su personalidad. Estaba más allá de toda descripción y comprehensión. Era una de las más poderosas figuras del viaje espiritual de las que habían atravesado el reino angélico (malakút) y alcanzado el reino de los Nombres Divinos (lahút) y de la Omnipotencia Divina (yabarút) y se encontraba totalmente aniquilado en la Divina Esencia.[4]

En su obra Ruh-e Muyarrad, Aqaie Tehraní describe detalladamente la estación espiritual y los niveles de conocimiento gnóstico de Aqaie Haddád y la forma en la que entrenaba a sus discípulos en materias espirituales. [5]

Desde su encuentro con Haddád hasta la muerte de éste, Tehraní realizó un notable progreso en la vía espiritual, hasta el punto que su maestro le llamaba Seyed Al-Taifatain (El Noble de las dos Escuelas, es decir de los eruditos y de los gnósticos).[6]

Después de varios años estudiando en Nayaf, Haddád le indicó la conveniencia de que se trasladase a Irán. Tehraní así lo hizo y comenzó en Teherán a impartir clases y a dirigir las oraciones de la comunidad. Así mismo comenzó a dar discursos en la mezquita Qáim de Teherán.

Para su formacióny siguiendo las orientaciones de Aqaie Haddád, buscó la guía espiritual de Shayj Muhammad Yawád Ansarí, otro de los importantes maestros espirituales de su época, que vivía en la ciudad de Hamadán, Irán.[7]

Los siguientes veintidós años, Tehraní visitó regularmente Nayaf y las otras ciudades sagradas de Iraq, beneficiándose de las enseñanzas de Hach Seyed Hashim Haddád, dedicándose simultáneamente a predicar y difundir los principios doctrinales del Islam y a enseñar y entrenar estudiantes que llegaban a él desde los diferentes puntos de Irán.

En sus disertaciones públicas, que se hicieron muy populares, Tehraní se ocupó de desarrollar los diversos aspectos de las enseñanzas islámicas y también abordó temas socio-políticos, temas que fueron posteriormente publicados en Teherán y Mashad.[8]

Tehraní, al igual que su maestro Aláma Tabatabaí, debe ser considerado un estudioso de la escuela de Muhid Din ibn al-Arabi y seguidor de las ideas de Sadr ud-Din Shirazí (Mulá Sadrá).

Sentía un gran respeto y admiración por los filósofos iraníes, tales como Abu Rayhán Biruní, Ibn Sina (Avicena), Nasir ud-Din Tusí y Mulá Muhsen Fay Kashaní. En sus escritos, Tehraní cita frecuentemente las obras de estos pensadores y filósofos, así mismo hace continuas referencias al Corán.

Siguiendo el método de Aláma Tabatabaí, utilizaba algunos versículos coránicos para explicar otros, basándose en algunas tradiciones proféticas y de los Imames de Ahl ul-Bayt, así como en las referencias a ello realizadas por Imām Alí ibn Abi Tálib:

 

انَّ القُرآنَ يُفَسَّرُ بَعضُهُ بَعضًا

En verdad, algunos versículos del Corán explican otros.

y:

کِتَابُ اللَّهِ تُبصِرُونَ بِهِ وَ تَنطِقُونَ بِهِ وَ تَسمَعُونَ بِهِ وَ يَنطِقُ بَعضُهُ بِبَعضٍ يَشهَدُ بَعضُهُ عَلیَ بَعضٍ لا يَختَلِفُ فِِی اللّهِ وَ لا يُخَالِفُ بِصَاحِبِهِ عَنِ اللّهِ

El libro de Dios es con el que podéis ver la Verdad, decir la Verdad y oír la Verdad. Algunos de sus versículos hablan de otros. Algunos dan testimonio de otros. No hay contradicciones en Dios y quien se adhiere a sus palabras no se separa de Dios.[9]

 

Otros trabajos de Aláma Tehraní tratan temas políticos, sociales, históricos, morales o filosóficos. En su obra aparecen muchas referencias a los problemas que la sociedad de su época enfrentaba, aportando soluciones islámicas apropiadas.[10]

Escribió sobre metafísica y muchos otros temas islámicos y nos ayudo a entender mejor la relación existente entre Sufismo y Shiísmo. Sus escritos se caracterizan por su lucidez, originalidad y profundidad y son una clara muestra de sus profundos conocimientos del Corán, del Shiísmo, del Sufismo y de las literaturas persa y árabe.

Admiraba profundamente a Ibn al-Arabi, Sheyj Mahmúd Shabestarí, Maulana Yalál ud-Din Rumi, Hafez e Ibn Farid.

Su amor a estos poetas y pensadores sufíes se refleja en sus libros, en los cuales son citados con frecuencia.

También fue más explícito que sus maestros en la defensa del sufismo y en la crítica a quienes se oponían al mismo.

Fue un maestro, un orador de gran elocuencia y un prolífico escritor. Escribió, editó y tradujo numerosas obras sobre Sufismo, Shiísmo, escatología y otros temas relativos y, por su contribución a los estudios islámicos, recibió el apelativo de Aláma (Muy sabio) estando aun vivo.

Sus trabajos no sólo reflejan su enorme sabiduría sino también la profunda pureza de su alma, su fe y la sinceridad y genuina búsqueda del conocimiento y de la verdad.

Uno de los aspectos de su vida que no ha sido estudiado con detalle es su interés en las cuestiones políticas y sus actividades políticas en las dos décadas anteriores al triunfo de la Revolución Islámica en Irán.

Tehraní hizo de su mezquita un centro de actividad contra el régimen del Shah antes de la revolución y de movilización de las masas y de educación política tras el establecimiento de la República Islámica.

Son de particular interés sus comentarios sobre los acontecimientos que tuvieron lugar el 15 de Jordad de 1342 (5 de junio de 1963) y su colaboración con Ayatolá Jomeiní y algunos otros sabios de cara al establecimiento de un gobierno islámico.

Cuando el Imám Jomeiní fue arrestado por la policía del régimen y se difundieron los rumores de su posible ejecución, él mismo nos relata cómo mantuvo conversaciones con los más importantes ulamá de Qom y escribió a los de otras ciudades para que declarasen la condición de Doctor de la Ley (marya-e taqlíd) del Imám, e impedir así, conforme a la Constitución de 1905, que fuese ejecutado.

Consiguió que su ejecución fuese desestimada y, en lugar de ello, fue enviado al exilio, primero a Turquía y posteriormente a Iraq.

Antes del triunfo de la revolución islámica, Tehraní dedicó mucho de su tiempo y energías a purificar el Islam y el Shiísmo de creencias y prácticas que él consideraba corruptas y no-islámicas, aunque nunca abandonó sus estudios y prácticas de la gnosis.

Tras el triunfo de la revolución islámica, Aláma Tehraní se estableció nuevamente en la ciudad de Mashad y muchos estudiantes interesados en la gnosis se agruparon en torno a él, beneficiándose de su sabiduría y recibiendo su guía espiritual hasta su fallecimiento en 1995.

 

La publicación en años recientes de sus obras completas, revela su sorprendente producción, tanto en cantidad como en variedad. Sus trabajos abarcan un amplio campo que va desde el Corán, la imamología, la escatología y otros temas teológicos, a las dimensiones esotéricas y místicas del Islam y es una de las más impresionantes colecciones de obras eruditas producidas por un solo autor a lo largo del siglo veinte.

El hecho de que Aláma Tehraní poseyese un conocimiento enciclopédico tan impresionante no desdice en absoluto la profundidad de su erudición y entendimiento.

Él ejemplifica toda una categoría de autores islámicos que remite a Al-Farabí, Ibn Siná y Nasir ud-Din Tusí, en los cuales la extensión de su aliento no implica jamás pérdida de profundidad.

Junto a su significado histórico y teológico, Lubb al-Lubáb (El Núcleo del Núcleo) se eleva por sí mismo como una pieza maestra en el terreno de la espiritualidad y la gnosis.

Aunque, naturalmente, se expresa en el lenguaje y la terminología propios del Corán y de las tradiciones proféticas (ahadiz), constituye un mensaje de valor universal para todos los seres humanos. Es una obra significativa, no sólo porque da a conocer una corriente del esoterismo islámico y de la gnosis desconocida hasta la fecha. Es significativa sobre todo porque se ocupa de las realidades metafísicas y espirituales más profundas, que atraerá a todas aquellas personas, musulmanas o no, que se encuentran dedicadas a la búsqueda de los tesoros espirituales escondidos en las enseñanzas internas de la revelación y que también yacen en las profundidades de la naturaleza humana primordial, la cual, aunque actualmente oculta y de difícil acceso para la mayoría de las personas, constituye aun el verdadero centro de nuestro ser.

 

En la presente obra, Tehraní recogen las enseñanzas de Aláma Tabatabaí sobre la doctrina y el método de la taríqah (orden esotérica) que ambos seguían, en la cual se hace énfasis tanto en los aspectos exotéricos como en los esotéricos del Islam, así como en el amor y la devoción a la Casa Profética (Ahl ul-Bayt) y al Profeta mismo.

En ella, Aláma Tabatabaí explica estas ideas y afirma que la estación espiritual del Hombre Perfecto (al-Insán al-Kámil) sólo puede ser alcanzada por los Imames de la Casa Profética, identificando el status espiritual del Imam en el Shiísmo al del Qutb (Polo espiritual) en el Sufismo, cuya presencia en el mundo material es necesaria e indispensable para el mantenimiento del mismo.

La presencia de Aláma Tehraní continua sintiéndose fuertemente entre sus estudiantes y aquellos convencidos de la eficacia del camino de la gnosis y el perfeccionamiento espiritual, a pesar de los años transcurridos desde su fallecimiento.

Los libros de Alama Tehraní han sido editados y lo siguen siendo por diferente editoriales, como Hekmat y la Fundación para la traducción de las obras de Alama Tehraní y otras.

Sus tres obras: Naturaleza de Dios, Imamología y Escatología, son de especial interés y merecen que se haga una mención particular de ellas.

Al.lah Šenāsī (La Naturaleza de Dios) es una colección de discursos que Aláma Tehraní dio en la mezquita Qaem de Teherán. Comienza con un comentario a los versículos 35-64 del capítulo XXIV del Corán, titulado Sura de la Luz.

En estos discursos se tratan algunos de los más profundos temas metafísicos, tales como la Unidad de los Nombres, los Atributos y la Esencia Divina (Tauhíd), la epifanía (tayal.li) de la Luz divina en la existencia (wuyúd), la realidad de la Wiláya (manifestación divina en la persona de los Imames), la unidad con los divino, el significado de la expresión La huwa il.la huwa (No hay más él que Él) y otros temas relacionados con ellos.

Imām Šenāsī (Imamología) es un trabajo enciclopédico en dieciocho volúmenes, basado en el Corán y las tradiciones proféticas (ahadiz) que trata el tema del Imamato desde sus aspectos histórico, social, filosófico y esotérico y en particular del Imamato de Alíī ibn Abi Tálib.

En él se tratan temas como la necesaria presencia de un Imam Infalible en cada época, las tradiciones proféticas relativas al tema de la wiláya, el acontecimiento del Gadir Jumm en la última peregrinación del Profeta (Hach al-Widá), el desarrollo de las ciencias shiítas y el papel del Imam Yapar as-Sádiq y otros temas de naturaleza similar.

Ma‘ād Šenāsī (Escatología) es una obra en diez volúmenes que trata la escatología desde el punto de vista del Shiísmo. En ella se habla de cuestiones como el Mundo Intermedio (alam ul-Barzaj), la creación de los ángeles y sus funciones, la vida tras la muerte y la resurrección y el Día del Juicio Final, basándose en las enseñanzas del Corán y de las tradiciones proféticas y de los Imames de la Casa Profética.

Algunos otros trabajos de Aláma Tehraní son:

Hadīya-ye Gadīrīyya (El presente del Gadīr)

  • Lama ‘āt ul-Ĥuseyn (Los destellos luminosos de Imām

Ĥuseyn)

  • Mehr-e Tābān ( El Sol resplandeciente. Biografía de

‘Al.lāmaŤabāťabā’ī)

  • Nāme-ye piš newīs-e qānūn-e asāsī (Propuesta para la

            Constitución de la República Islámica de Irán)

  • Negareše bar maqāla-ye basť wa qabď-e turīk-e Šari‘a be

qalam-e doctor ‘Abd el-Karīm Surūš (Una observación al artículo “La Teoría de la Contracción y la Expansión         espiritual” del profesor ‘Abdel Karīm Surūš)

  • Nūr-e malakūt-e Qor’ān (La luz angelica del Corán)
  • Risāla-ye Badī‘a (Tratado Inicial– en árabe)
  • Risâla Ĥawl-e mas’ala-ye ru’yat-e helâl (Tratado sobre el

avistamiento de la Luna)

· Risâla-ye nikâĥīya (Tratado sobre el matrimonio)

· Risâla-ye Nuwīn (Nuevo tratado)

· Risâla-ye sayr wa sulūk (Tratado sobre el viaje espiritual)

atribuido a Seyed Mahdī Baĥr al- ‘Ulūm y editado con

una introducción y comentarios.

· Rūĥ-e Muŷarrad (El espíritu inmaterial)

· Tawĥīd-e ‘ilmī wa ‘aynī (Tawĥīd intelectual y esencial)

· Welâyat-e faqīh dar ĥukūmat-e islâm (El gobierno del

Doctorde la Ley en el Estado islámico)

· Waďżifa-ye fard-e musalmân dar iĥyâ’-e ĥukūmat-e Islam

(La obligación individual del musulmán en el Estado Islámico).

 Yafar Abdellah

Madrid, 10 de julio de 2007.

 

[1] Las gemas de las sabidurías de Muhyi ud-Din Ibn al-Arabi

[2] Ibn al-Arabi

[3] Para una breve descripción de las actividades de AyatoláMuhammad Sádeq Tehranícontra el régimen de Reza Shah, ver ‘Al.lāma Tehrānī, Ważīfa-ye fard-e musulmān dar iĥyā.ye ĥukumāt-e islām, editado enTeherán, 1989.

Para un relato de la reacción del los ulamacontra el gobierno y la política de Reza Shah, ver Muhammad H. Faghfoory,Ulama-State Realtions in Iran: 1921-1941, Internacional Journal of Middle East Studies, nº 19 (Noviembre 1987), p. 413-432 y The Impact of Modernization on the Ulama in Iran: 1925-1941, Journal of Iranian Studies, 26:3-4, Summer-Fall 1993, p. 277-312.

[4] Ruh-e Muyarrad, p. 22. Muassese-ye Taryuma wa Nashr.

[5] Para una mayor información sobre Hach Seyed Hashim Haddád y su papel en la vida espiritual de Aláma Tehraní, ver Ruh-e Muyarrad, Teherán, 1995, Entesharat-e Hekmát. El libro contiene información muy útil sobre los más importantes sabios (ulamá) contemporáneos de Qom y Nayaf, incluidos Ayatolá Hach Mirza Alí Aga Qádí , Ayatolá Muhammad Yawád Ansarí y muchos otros más de los que Aláma Tehraní fue alumno o compañero de estudios.

[6]Ruĥ-e Muŷarrad, p. 23, 33-37. Mu’assese-ye Tarŷuma wa Našr.

[7]y 9 Cf. Nūr-e Malakutī-e Qor’ān, Teherán, 1990-1996; Risāle-ye badī’ah Mašhad, 1997; Kāhiš-e Ŷam’iyāt: Darba-ye sahmgīn bar Paykar-e Muslimīn, Teherán, 1994 y Negarišī bar maqāla-ye basť wa qabď-e turīk-e šari’at be qalām-e doctor ‘Abd al-Karīm Surūš, Teherán, 1994.

 

 

[9] Imām Alí ibn Abi Tálib, Nahŷ ul-Balāga, discurso 133, p.414, Teherán, 1972.

[10] Ver en particular Nūr-e Malakutī-e Qor’ān, Risāle-ye badī’ah, Negarišī bar maqāla-ye basť wa qabď… , Ważife-ye fard-e musalmān.

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