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Finalmente se impone la verdad sobre Libia

Eric Draitser

Más de tres años después de que los EE.UU. y sus aliados de la OTAN desataran una “intervención” y un cambio de régimen en Libia, la administración EE.UU. admite que tal vez “se equivocaron.”

Naturalmente, muchos de nosotros fuimos demonizados interminablemente por hablar en contra que la guerra, y en contra de todos esos políticos, analistas y “activistas” a la izquierda y la derecha, que defendieron el “humanitarismo” de hacer la guerra en Libia. Fuimos atacados como “dictadores blandos “, “teóricos de la conspiración” y “anti-estadounidenses”. Y sin embargo, hoy en día seguimos siendo la voz que aún proclaman a gritos la inmoralidad y la ilegalidad de esa guerra. Por suerte, parece que la administración USA está empezando a escucharnos.

Una de las instituciones político-académica más respetadas en los EE.UU. – el Centro Belfer para la Ciencia y Asuntos Internacionales en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard – ha publicado un informe que socava la narrativa establecida de la guerra en Libia, poniendo al descubierto la dura y fría realidad, de lo que Libia era al comienzo de la guerra, lo que realmente sucedió en los primeros días, y en lo que Libia se ha convertido hoy en día.

Por supuesto, la responsabilidad de los trágicos y duraderos efectos de la guerra debe ser puesta a los pies de Obama, Cameron, Sarkozy y el resto de los participantes, además de los medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales que deliberadamente difunden mentiras acerca de la realidad sobre el terreno en Libia. Todos deben rendir cuentas.

¿Ver la luz finalmente?

El reciente informe, que en realidad tiene casi un año de antigüedad, fue escrito por el Dr. Alan Kuperman, Profesor Asociado de Asuntos Públicos de la Universidad de Texas, Austin.

El Dr. Kuperman intenta arrojar luz sobre algunos de los aspectos clave de la desinformación, antes y durante la guerra en Libia.

Estos importantes hallazgos contradicen cada justificación para esa guerra, desde las mentiras y distorsiones de Samantha Power, Susan Rice y Hillary Clinton, a la avalancha de propaganda de supuestas organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

Mediante el examen de las confusiones y mentiras contadas por estas personas y órganos del poder blando, el Dr. Kuperman deja muy claro que, al igual que con Irak, el pueblo de los Estados Unidos (y de gran parte del mundo) ha sido mentido sobre otra guerra.

Una de las principales mentiras sobre Libia y Gadafi fue la afirmación totalmente infundada de “masacres” por las fuerzas de Gadafi en Bengasi y algunas otras ciudades.

 

Esta afirmación, perpetrada por Human Rights Watch, entre otros, fue repetida hasta la saciedad por cada medio de comunicación importante.

Como el Dr. Kuperman escribe:

Al contrario de lo informado por los medios occidentales, Gadafi no inició la violencia de Libia atacando a manifestantes pacíficos.

Las Naciones Unidas y Amnistía Internacional han documentado que en las cuatro ciudades libias inicialmente afectadas por el conflicto civil a mediados de febrero 2011: Bengasi, Al Bayda, Trípoli y Misurata, la violencia fue en realidad iniciada por los manifestantes.

El gobierno respondió a los rebeldes militarmente, pero nunca tomó a los civiles como objetivos de manera intencional ni recurrió a la fuerza “indiscriminada”, como los medios de comunicación occidentales afirmaron.

Los primeros informes de la prensa exageraron la cifra de muertos multiplicándola por diez, citando “más de 2.000 muertes” en Bengasi durante los primeros días del levantamiento, mientras que Human Rights Watch (HRW) más tarde documentó sólo 233 muertes en toda Libia en ese período.

Estos son sin duda hechos importantes que merecen un examen más detenido, ya que contradicen completamente la narrativa estándar de la guerra en Libia y, lo más importante, las justificaciones para ello.

En primer lugar y lo más importante es la cuestión de quién inició la violencia. Los temas de conversación en todos los medios de comunicación occidentales hasta principios de 2011 sostuvieron que Gadafi estaba “asesinando a su propio pueblo”, y que esto justifica una intervención humanitaria, para “ayudar a la gente de Bengasi.”

Sin embargo, la verdad hasta ahora ocultada es que fue la violencia de los “manifestantes” (a los que, con razón, se debe calificar de terroristas dentro de las protestas) quienes realmente iniciaron la violencia, utilizando a los manifestantes como escudos humanos.

En segundo lugar, la idea de que las fuerzas de Gadafi tomaron intencionalmente a civiles como blanco de sus disparos ha sido ampliamente desacreditada.

Muy por el contrario, la evidencia muestra ahora que Gadafi hizo todo lo posible para asegurarse de que los civiles no resultaran dañados en la operación antiterrorista, como puede ser evidenciado por el hecho de que “Gadafi evitó atacar a los civiles … “

HRW informa que “de los 949 heridos [en Misrata] en las primeras siete semanas de la rebelión, sólo 30 eran mujeres o niños, lo que significa que las fuerzas de Gadafi se centraron casi exclusivamente en los combatientes.”

 

En lugar de ordenar la matanza indiscriminada de civiles, Gadafi trató de mantener la disciplina entre sus fuerzas de tal manera que pudieran eliminar la insurgencia con el menor daño colateral posible.

En tercer lugar está el simple hecho de que todos los datos de muertes denunciadas por los medios que animaban a la guerra no sólo no eran exactos, sino que eran muy exagerados, más allá de los parámetros de “margen de error”.

De hecho, al multiplicar el número de muertos por diez, Human Rights Watch juega conscientemente el papel de agencia de relaciones públicas de Estados Unidos y la OTAN.

Por supuesto, Human Rights Watch, entendió desde hace mucho tiempo que debía ser muy amable con el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA, y se ha convertido cada vez más en una organización desacreditada a los ojos de los investigadores serios y de los activistas de derechos humanos.

El papel de HRW en Libia expuso a la organización, de una manera que nunca antes había sido expuesta, como órgano de la proyección del poder blando de los EE.UU., trabajando incansablemente para justificar por razones humanitarias lo que es, sin duda, una guerra imperialista pura y dura.

El Dr. Kuperman también señala otro aspecto clave de la narrativa occidental, que es una ficción completa, es decir, que el objetivo de Estados Unidos y la OTAN al librar la guerra no era el cambio de régimen, sino la protección de los civiles.

Como Kuperman escribe:

La sabiduría convencional también se equivoca al afirmar que el objetivo principal de la OTAN en Libia era proteger a la población civil.

La evidencia revela que el principal objetivo de la OTAN era derrocar el régimen de Gadafi, aunque fuera a costa de aumentar el daño a los libios.

La OTAN atacó a las fuerzas libias de forma indiscriminada, incluyendo algunas en retirada y otras en la ciudad natal de Gadafi, Sirte, donde no representaban una amenaza para la población civil.

Por otra parte, la OTAN continuó ayudando a los rebeldes, incluso cuando ellos rechazaron reiteradamente las ofertas gubernamentales de alto el fuego que podría haber puesto fin a la violencia y a salvo a los civiles.

Dicha asistencia militar incluía armas, entrenamiento y despliegue encubierto de cientos de tropas de Qatar, lo que permite finalmente a los rebeldes capturar y ejecutar sumariamente a Gadafi y hacerse con el poder en octubre de 2011.

De hecho, los EE.UU. y sus aliados abandonaron la justificación de la “protección de los civiles” casi tan pronto como se aprobó la Resolución CSNU 1973, autorizando simplemente una zona de exclusión aérea en Libia, que las fuerzas de la OTAN tomaron como una autorización de facto para la guerra total.

Como describe el Dr. Kuperman, las fuerzas de la OTAN estaban claramente comprometidas en una guerra aérea para destruir las instituciones militares y políticas del gobierno de Gadafi, en lugar de limitarse a la protección de los civiles y al apoyo a los rebeldes. De hecho, las fuerzas de la OTAN se convirtieron en el principal impulsor de la campaña contra Gadafi, lo que permitió que los rebeldes tomasen el territorio y, por cierto, llevasen a cabo sus masacres de civiles.

Incluso Human Rights Watch, que suprimió totalmente la verdad sobre la limpieza étnica llevada a cabo contra los libios negros mientras estaba sucediendo, se vio obligada a admitir los crímenes de lesa humanidad en Libia, y en concreto el desplazamiento forzado de la etnia Tawergha.

Naturalmente, estas revelaciones llegaron demasiado tarde para salvar a los muchos libios negros inocentes, sobre todo en la provincia de Fezzan, que fueron masacrados por los rebeldes apoyados por Estados Unidos y la OTAN.

El informe de Kuperman también pone de relieve una serie de otros efectos desastrosos de la guerra de Estados Unidos y la OTAN en Libia, incluida la guerra civil en Malí, la proliferación de armas en grupos terroristas de todo el norte de África y el caos general y el desmoronamiento de todas las esferas políticas, económicas y sociales en Libia. Además, Kuperman señala que la la participación en la guerra de Estados Unidos y la OTAN prolongó significativamente la guerra. Él escribe:

“Cuando la OTAN intervino a mediados de marzo de 2011, Gadafi ya había recuperado el control de la mayor parte de Libia, mientras los rebeldes se retiraban rápidamente hacia Egipto. Por lo tanto, el conflicto estaba a punto de terminar, apenas seis semanas después de su inicio, con un saldo de unos 1.000 muertos, entre ellos soldados, rebeldes y civiles atrapados en el fuego cruzado. Al intervenir, la OTAN permitió a los rebeldes reanudar su ataque, lo que prolongó la guerra por otros siete meses, y causó al menos 7.000 muertes más.“

Este es un punto crítico a destacar. Incluso el número ofrecido por la investigación occidental de 7000 – una subestimación en mi opinión, pues la cifra de muertos es probablemente mucho más alta – la guerra de Estados Unidos y la OTAN condujo directamente a, por lo menos 6.000 muertes adicionales en Libia. Lejos de “proteger a los civiles”, parece que los Estados Unidos y la OTAN estaban demasiado ocupados matándolos.

Al tomar nota de algunos de los puntos críticos, el informe de Kuperman también deja de lado algunos otros resultados vergonzosos de la guerra, incluyendo la destrucción deliberada de infraestructura crítica (incluyendo el Gran Proyecto del Río Hecho por el hombre), la opresión de las mujeres cuyos derechos estaban protegidos por Gadafi, el desplazamiento de muchos libios negros y africanos de otros países vecinos que se habían refugiado y encontraron empleo en la Libia de Gadafi, y muchos otros acontecimientos muy preocupantes.

¿Quién debe pagar?

Debido a que toda la narrativa de la guerra de Libia ha demostrado ser un invento del Departamento de Estado, la CIA, la Corte Penal Internacional, las ONG y otros apéndices del poder duro y blando de los EE.UU., entra en juego la cuestión de la culpabilidad.

Los Estados Unidos, junto con sus aliados, han estado aullando por Saif al-Islam Gaddafi, detenido ilegalmente por la milicia de Zintan desde el año 2011, para que sea llevado ante la Corte Penal Internacional para ser juzgado por crímenes de guerra.

Ahora que han surgido fuentes occidentales y no occidentales, tanto convencionales como no convencionales, para desafiar esta narrativa, es hora de que empecemos a preguntar quién debe rendir cuentas en Occidente.

En primer lugar entre los criminales deben estar funcionarios de alto rango en el gobierno de Obama, incluyendo al ex secretario de Estado estadounidense, Hillary “Vinimos, vimos, él murió” Clinton, y el propio presidente Obama.

No sólo ellos, y sus subordinados, han fabricado descaradamente la trama que ha dado lugar a una guerra de agresión (un crimen contra la paz, la más grave de las acusaciones de Nuremberg), engañado deliberadamente al mundo en cuanto a la naturaleza de su operación en Libia.

Rusia y China, sin duda se sentirán traicionadas por los EE.UU. y sus mentiras en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero esto es sólo la punta del iceberg.

¿Qué precio debe ser pagado por los medios de comunicación y las ONG por difundir deliberadamente información errónea?

Human Rights Watch y Amnistía Internacional deben enfrentar serias investigaciones por negligencia criminal, o al menos por una falta grave de difusión de mentiras – mentiras que se utilizaron como la principal justificación para la guerra, en la forma en que fue vendida a la gente.

¿Es un crimen inflar un 1000% las cifras de víctimas, cuando el resultado final es que eso se convierte en una justificación para la guerra? Si no es así, debería serlo, ya que sin este tipo de propaganda la guerra nunca podría haber sido vendida al público.

Los medios de comunicación, especialmente algunos ostensiblemente en la izquierda, también deben rendir cuentas de su mala información y de la desinformación. Democracy Now está en la cima de la lista de organizaciones culpables.

Como Bruce Dixon, Jefe de Redacción del Informe de la Agenda Negra, escribió en el apogeo de la guerra:

“Así como el resto de los periodistas occidentales, Anjali Kamat [corresponsal en Libia de Democracy Now] nunca vio ningún “mercenario”, ni sus balas de gran tamaño. Ella nunca vio ninguna fosa común de los cientos o miles presuntamente asesinados por “la potente maquinaria de fuego” de Gadaffi.

Nadie ha localizado a los miles de sobrevivientes heridos, que deben haber sido el resultado de disparar contra la multitud matando a cientos de personas, y nada de esto ha impedido a Democracy Now mantener la historia al igual que Fox News o CNN o MSNBC …

Algo está realmente mal en esta foto…

Tenemos que preguntarnos si, al menos en cuanto a la guerra de Libia concierne, Democracy Now no está simplemente alimentando la versión de los medios corporativos, el Pentágono y el Departamento de Estado, en lugar de cumplir con el papel de los periodistas independientes, no-empotrados.

Como Dixon señala, Democracy Now hizo gala, como poco, de una mala práctica periodística, y en el peor de los casos, se desempeñó como el flanco izquierdo de la maquinaria de la propaganda imperial.

Informando fielmente de los “hechos”, que ahora han sido desacreditados por completo, Kamat y Democracy Now cebaron la bomba del apoyo de la izquierda progresista a la guerra “humanitaria”.

Por supuesto, Democracy Now no es la única que debe ser considerada responsable.

Todos los principales medios de comunicación de los EE.UU., obviamente apoyaron la línea de EE.UU. en Libia. También lo hizo Al Jazira, la agencia qatarí de noticias que ganó notoriedad durante los años de Bush como un medio de comunicación hostil a la política de EE.UU. en Irak.

Sin embargo, en el momento de la guerra de Libia, Al Jazira había purgado su personal de cualquier persona verdaderamente crítica con la política exterior de EE.UU., particularmente en lo que se refería a la narrativa de la “primavera árabe”.

De hecho, gente de adentro me ha dicho que la negativa de algunos de los periodistas más principistas a suprimir la verdad de lo que estaba ocurriendo en Libia coincidió con una ola de renuncias, renuncias forzadas y despidos en Al Jazira.

Parecería que, en lugar de informar de las noticias, Al Jazira, al igual que sus contrapartes occidentales, estaba más interesado en servir al poder que en desafiarlo.

De hecho, Al Jazira fue la primera agencia de noticias que informó y repitió hasta la saciedad la mentira de que los soldados de Gadafi estaban violando sistemáticamente a las mujeres en Bengasi, y que los oficiales al mando habían repartido Viagra a sus soldados.

 

Esta afirmación, fue repetida por Hillary Clinton, Susan Rice, la Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay y muchos otros, que ya han sido desacreditados, sin absolutamente ninguna evidencia para fundamentar la acusación.

Y, sin embargo, fue una de las principales alegaciones que se utilizaron para justificar la acusación formal emitida por Luis Moreno-Ocampo como jefe de la Corte Penal Internacional.

Este hecho, entre muchos otros, muestra cómo la irresponsabilidad de Al Jazira y de casi todas las otras agencias periodística y de derechos humanos, condujeron directamente a la guerra en Libia.

Por desgracia, es poco probable que alguna de las partes responsables de la guerra criminal y vergonzosa en Libia puedan ser citadas a declarar para dar cuenta de sus crímenes ante un tribunal.

Sin embargo, pueden ser obligados a rendir cuentas en el tribunal de la opinión pública. Sus instituciones deben ser desacreditadas. Sus nombres y caras deben ser conocidos y deben difundirse por todo el mundo. Todos ellos comparten la responsabilidad de la miseria infligida a la gente inocente de Libia. Y nosotros, que nos hemos resistido a esta guerra desde el principio, hemos sido reivindicados. Desafortunadamente, no hay consuelo para quienes se encuentran en un cementerio de Libia.

Eric Draitser es analista geopolítico independiente con sede en la ciudad de Nueva York, es el fundador de StopImperialism.org y columnista de opinión para RT, en exclusiva para la revista en línea “Nueva Perspectiva del Este”

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2 pensamientos en “Finalmente se impone la verdad sobre Libia

  1. Y al negro asesino Obama hasta le dieron su Nóbel de la Paz. Realmente lamentable y avergonzante los Nóbel. Pero si se lo dieron al perro rabioso Kissinger ¿qué se puede esperar?

    El gobierno loco y asesino de Estados Unidos, respaldado por sus comadres europeas, poco a poco acabando con el mundo entero… Que en paz descanse la Paz.

  2. Y al negro asesino Obama hasta le dieron su Nóbel de la Paz. Realmente lamentable y avergonzante los Nóbel. Pero si se lo dieron al perro rabioso Kissinger ¿qué se puede esperar?

    El gobierno loco y asesino de Estados Unidos, respaldado por sus comadres europeas, poco a poco acabando con el mundo entero… Que en paz descanse la Paz.

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