Actualidad/Palestina

Sobre la responsabilidad de los periodistas, de los medios y de Palestina

Marwan Bishara

Domingo 20 de julio de 2014imagen-hamas

Las contradicciones entre el liberalismo y el imperialismo occidental han deformado la visión de los periodistas de los medios dominantes.

Los palestinos pueden ser pesados a veces, de puro paranoicos. Piensan que todos los occidentales les odian. Y si se juzga por sus reacciones de estos últimos días, está claro que ningún medio les merece perdón. La manera en que critican a la CNN, la BBC y Al Jazeera América prueba claramente que son paranoicos.

¡No se ve que todo su país esté ocupado! ¡O que todo su pueblo esté desposeído! Pero, si, ¡es cierto!: su país está ocupado y están desposeídos. De hecho, Palestina está asediada y los palestinos se rebelan una vez más.

¿Y qué? ¡Ser víctimas de 70 años de ocupación y de 70 años de desposesión no le pone a nadie por encima de toda crítica y de toda sospecha! ¡Es como si los medios occidentales estuvieran en contra de los palestinos!

¿Me equivoco? ¿Están en su contra? Es en cualquier caso lo que piensan los palestinos que viven en Occidente. Cuantas recriminaciones…

Esta parcialidad desacomplejada de los medios ha llevado a gente como Yusef Munayyer, el director de la Fundación Jerusalén, a preguntarse si la “ CNN no se había convertido en el medio oficial de Israel”. Munayyer cita el reportaje de la CNN del 30 de junio sobre la muerte de los tres colonos israelíes que daba la palabra a tres israelíes: el antiguo embajador israelí en los Estados Unidos (que ahora es analista de la CNN); el actual embajador israelí en los Estados Unidos y Mark Regev, el portavoz oficial del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

Y, ¿cuántos palestinos han sido invitados a expresarse sobre la violencia a gran escala y el castigo colectivo infringido a su pueblo por la máquina militar israelí? “Ninguno” según Munayyer.

Sin embargo, ¿no es exagerado hablar de parcialidad? ¡Después de todo el número de israelíes invitados a pronunciarse sobre el avión desaparecido en vuelo de la compañía malasia era poco más o menos le mismo!

Gracias a Dios, no se puede acusar a Al Jazeera América (AMAM) de lo mismo, pues dan la palabra a algunos palestinos. Y sin embargo, el palestino Ali Abunimah se ha quejado, tras haber hablado en la emisora, de que David Shuster, el periodista de AMAM que le entrevistaba “le había hecho sufrir un interrogatorio más propio de un abogado de Israel”. Y de hecho, muchos de quienes siguen a Abunimah en Twitter han lamentado que la entrevista “tuviera el aire de haber sido realizada por la FOX”.

A Abunimah le chocó que el periodista le preguntara porqué no expresaba su simpatía y sus condolencias a las familias de los colonos; además, en lugar de condenar la indiferencia lamentable de Hamas, tuvo el mal gusto de lanzarse a una vehemente denuncia de la ocupación israelí y del apartheid, como si fuera el momento y el lugar para entregarse a ese tipo de diatriba cuando se supone que todos ponemos las banderas a media asta y respetamos los tres días de duelo, igual que hace Israel cada vez que un palestino es asesinado.

Bien, de acuerdo, Israel no lo hace. Pero abren una investigación, cantidad de investigaciones que desembocan siempre en otras investigaciones. A pesar de ello, las recriminaciones no cesan; son incluso contagiosas. Resulta ahora que los palestinos y quienes les apoyan llevan a la BBC ante los tribunales para saber por qué el medio británico, en su promoción de Jerusalén, la califica de “ciudad israelí”.

¡Hay que ser tiquismiquis! Cuando se sabe que toda Cisjordania, Jerusalén-Este incluido, ha vuelto al fin al seno de sus “legítimos propietarios” bajo el nombre de “Judea y Samaria”, ¿por qué preocuparse por la forma en que la BBC habla de Jerusalén? Verdaderamente hay que estar loco.

Desgraciadamente, nada de esto tiene gracia. Es incluso completamente penoso cuando se piensa en todos los sufrimientos que engendra en todos quienes sienten cercana Palestina.

A propósito de los hechos y de la ficción

La primera responsabilidad de un periodista es establecer los hechos. Todo el mundo, incluyendo los israelíes y los palestinos, tiene derecho a su opinión, pero no a su versión de los hechos.

Si nos alejamos de los hechos, la ficción o la propaganda pueden complicar los problemas políticos en lugar de clarificarlos. Y una vez que los hechos son establecidos, los periodistas deben esforzarse por comprenderlos sin ideas preconcebidas para llegar lo más cerca posible de la verdad de la situación.

¿Está ocupada Palestina? Sí. ¿Jerusalén este está ocupado? Sí. ¿La cobertura mediática occidental está completamente sesgada a favor de Israel? Por supuesto. Y es muy fácil de demostrar.

¿Es Hamas un subproducto de la ocupación israelita? Sí. Exactamente igual que Hezbolá es un subproducto de la ocupación israelí de Líbano, al-Shabab un subproducto de la ocupación etíope de Somalia, al-Qaeda de la ocupación soviética de Afganistán y el Estado Islámico de la ocupación estadounidense de Irak. La historia habla por si misma.

¿Porqué Hamas llama a la violencia contra Israel en lugar de expresar sus condolencias cuando mueren unos israelíes? Porque es lo que le parece más propicio para estimular el espíritu de resistencia de un pueblo que sufre una ocupación opresiva y criminal.

¿Ha sido Hamas quien ha matado a los tres jóvenes colonos israelíes?

¿Periodistas o policías?

Es completamente normal que un periodista investigue con la habilidad de un fiscal para comprender las causas de los problemas importantes. Como policías, los periodistas se interesan por los hechos, pero a diferencia de los policías, no están encargados de hacer respetar la ley, ni siquiera en teoría.

Los periodistas tienen el deber capital de descubrir y examinar, ejerciendo su espíritu crítico, la responsabilidad política fundamental, muy a menudo indirecta, que ha llevado a una situación de violencia.

Es evidente que una ocupación militar es un sistema basado en la violencia que no funciona más que por la fuerza; un sistema que produce hasta el infinito lo que él mismo practica: la violencia. Ninguna acción, por terrible que sea, debería jamás ser cortada del contexto de violencia que la ocupación implica. Cuando un periodista separa los casos individuales de violencia del contexto más amplio de la violencia colectiva, da pruebas de irresponsabilidad en el plano moral y de deshonestidad en el plano periodístico.

La ocupación no es un problema teológico o religioso. No es un problema de musulmanes, de judíos, de árabes y de israelíes. Se trata de poder, de pretextos sobre los que ese poder se apoya y de sus ramificaciones.

Una ocupación civil, con su cortejo de colonias -consideradas como ilegítimas y contrarias a la Convención de Ginebra por el Consejo de Seguridad de la ONU- en los Territorios Ocupados palestinos es igualmente violenta.

Es lógico pensar, como hacen los palestinos, que debido a que Israel continúa haciendo crecer sus colonias, ilegalmente y por la fuerza, a pesar de la reanudación del proceso de paz, él es el verdadero responsable de la violencia que reina entre los dos campos: los colonos y la población local.

¿Periodistas o diplomáticos?

Los periodistas no tienen vocación de poner de acuerdo a dos campos opuestos elaborando un compromiso: ese es el papel de los políticos o de los diplomáticos. La primera responsabilidad de un periodista es dar las informaciones que permitan comprender una situación y sus perspectivas de forma imparcial y sin ideología. Pero eso no es todo. Los periodistas deben también interrogarse sobre la naturaleza de las fuerzas en presencia y sobre la forma en que ejercen su poder o abusan de él.

Dar a un nazi y a un judío el mismo tiempo de palabra no llevará a una visión sana del Holocausto. Igualmente dar a un racista y a su víctima el mismo tiempo de palabra no permitirá comprender el apartheid. Una exigencia así “de igualdad de trato” para probar una “neutralidad” es en el mejor de los casos un engañabobos. De la misma forma, dar a los portavoces de los dos campos el tiempo para demoler la línea oficial del otro no hace más que doblar el nivel de propaganda. Permitir el encuentro del ocupado y el ocupante a la sombra de la ocupación no es buen sino mal periodismo.

En realidad, los medios a los que les gusta hacer de abogados del diablo -una actitud que puede ser benéfica cuando permite una puesta en cuestión equitativa- harían mejor si renunciaran a la falsa dicotomía del a favor y en contra y se dedicaran a la organización de debates que permitan sacar a la luz los matices de una situación, lejos del discurso oficial, de las reivindicaciones habituales y de las frases prefabricadas.

¿Sensible y controvertido?

La tensión entre el liberalismo y el imperialismo occidentales y las contradicciones entre los valores de Occidente y su política han deformado desde hace mucho la visión del tercer mundo de los periodistas de los medios dominantes. Además, las intimidaciones, y en particular el miedo a las acusaciones de antisemitismo, han logrado corromper el planteamiento de los periodistas occidentales sobre el conflicto israelo-palestino. No digo que el antisemitismo no exista. Digo que el abuso de esta acusación por los agentes de propaganda sionistas ha alterado en gran medida la visión de los periodistas.

Está generalmente admitido que el conflicto israelo-palestino es un asunto sensible y controvertido que los periodistas deben abordar con precaución para no contrariar a poderosos miembros de la clase dirigente o el campo israelí occidental. Los periodistas saben que la acusación de antisemitismo puede destruir su carrera, por infundada que sea. Desgraciadamente no faltan devotos policías del pensamiento que no dudan en difamar a cualquiera que se atreva a criticar la Ocupación hasta que quede completamente aniquilado.

Pero esto no debe desanimar a quienes han optado por esta honorable profesión de hacer su trabajo con ética. En el caso presente, esto consiste en señalar de forma equitativa los errores y las malas acciones del gobierno israelí, de la Autoridad Palestina y del régimen de Hamas en Gaza.

Aunque los periodistas no tengan necesidad, como los doctores, de una licenciatura para ejercer su profesión y no tengan que temer condenas por negligencia profesional que les imposibilitarían ejercer su profesión, su responsabilidad en el desarrollo de una sociedad más sana no debe ser subestimada.

Marwan Bishara es un eminente analista de Al Jazeera. Ha sido anteriormente profesor de relaciones internacionales en la universidad americana de París. Ha escrito mucho sobre política mundial, y constituye una autoridad sobre las cuestiones de oriente medio e internacionales.

16/07/2014

http://www.info-palestine.net/spip.php?article14681

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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