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Centenario de la Primera Guerra Mundial

Senderos de gloria

Jesús Rodríguez Barrio

Martes 22 de julio de 2014

 

                               soldados08[El 28 de julio se cumplirán cien años del inicio de la Primera Guerra Mundial, uno de los conflictos más mortíferos de la historia de la humanidad. Con este motivo en las próximas semanas publicaremos una serie de artículos destinados al análisis de este acontecimiento.]

En el gélido amanecer del día 16 de abril de 1917, las tropas de asalto del ejército francés dieron comienzo a una ofensiva contra uno de los sectores mejor defendidos del frente alemán. La fuerza de choque estaba formada por 25.000 tirailleurs senegaleses.

El 9 de mayo la ofensiva se había detenido, sin haber conseguido quebrar las fortificaciones de la Línea Hindenburg. En los últimos días de abril, y en medio de una espantosa carnicería, una parte de los soldados se había negado a continuar el ataque.

En menos de un mes, el ejército francés había perdido 140.000 hombres en aquel sector del frente. El amontonamiento de restos humanos era de tal magnitud que dificultaba la movilidad de los que intentaban seguir avanzando.

El general Robert Nivelle, comandante supremo francés y autor de aquel plan descabellado y suicida, fue degradado y destinado al norte de África.

El ejército francés celebró 3.427 consejos de guerra contra soldados y dictó 554 condenas a muerte por cobardía, de las cuales se ejecutaron 49. El resto fueron conmutadas por largas condenas de cárcel.

Episodios similares (aunque de menor proporción) se habían producido anteriormente, en 1915 y 1916.

Cualquiera de ellos valdría para ambientar la obra de Stanley Kubrick (Senderos de Gloria,1957) /1 probablemente la mejor película antibelicista de la historia, que refleja de forma magistral la degradación moral que representó aquella “Gran Guerra” la cual, según los gobiernos imperialistas que la promovieron, “pondría fin a todas las guerras”.

El desastre había empezado en 1914. El 28 de julio de aquel año, Austria-Hungría había declarado la guerra a Serbia. En agosto se habían producido 13 declaraciones de guerra entre países europeos. Japón había declarado la guerra a Alemania aquel mismo mes. Italia lo había hecho el año siguiente y Estados Unidos en marzo de 1917. El día 2 de ese mismo mes, el zar de Rusia, Nicolás II, había renunciado al trono como consecuencia de una revolución popular cuyo escenario principal había sido la ciudad de Petrogrado, entonces capital del imperio ruso.

Pero en realidad el escenario en el que todo ello tuvo lugar había sido preparado hacía mucho tiempo. El final del siglo XIX había sido testigo de una carrera desenfrenada por la dominación del mundo entre los principales países capitalistas de Europa. Al terminar el siglo, solo un 10% del territorio africano estaba libre de la dominación colonial. Fuera de Europa, solamente Estados Unidos y Japón podían ser considerados como países totalmente libres de la dominación extranjera.

El 14 de junio de 1853 escribía Marx: “Es verdad que no solo observamos más síntomas amenazadores de conflicto entre las principales potencias y sus súbditos, entre el estado y la sociedad, entre las distintas clases sociales, sino que vemos, además, que el conflicto entre las distintas potencias actuales está alcanzando cotas cada vez más altas y pronto llegará un punto en el que habrá que desenvainar la espada y recurrir a la última ratio de los soberanos” /2.

El final del siglo XIX, aportó un ingrediente adicional: en los principales países industriales, la crisis económica más profunda que había experimentado el sistema capitalista (la “Larga Depresión”) exacerbó la lucha por la consecución de nuevos mercados.

En los albores del siglo XX, y en medio de una gran tensión internacional que cristalizó en conflictos como la guerra ruso-japonesa de 1905, la carrera armamentística ayudó a la recuperación económica /3.

Estaba en juego la dominación imperial para asegurar nuevos espacios económicos a un capital cuya rápida acumulación desbordaba las fronteras nacionales.

Los principales responsables de las decisiones que condujeron a la guerra estaban convencidos de su carácter inevitable /4. Únicamente faltaba saber el cuándo y el cómo.

Las previsiones solo fallaron en un pequeño detalle: las potencias europeas esperaban una guerra victoriosa, poco destructiva y corta. Se equivocaron por completo: la guerra fue larga, muy destructiva y todos los países europeos (incluidos los vencedores militares) resultaron perdedores en aquella contienda.

Después del hambre, los sufrimientos y las víctimas de la guerra (2 millones) Alemania fue vencida, humillada y obligada al pago de reparaciones (nunca totalmente pagadas) /5. El endeudamiento lastró su economía mientras intentó hacer frente a las reparaciones de guerra. No solo no pudo alterar el “reparto del mundo” a su favor sino que perdió la mayor parte de su ejército y la totalidad de su imperio colonial. Pero conservó su independencia como país y no fue destruida. Se rearmó militarmente y reconstruyó su ideología imperial a través del nazismo. Y en la siguiente guerra buscó en la Europa oriental las colonias (el “espacio vital”) que no había podido conseguir en África y Asia.

Bélgica y el noroeste de Francia sufrieron graves destrucciones. El efecto demográfico sobre la población francesa fue demoledor (ampliamente superior al que produjo la segunda guerra mundial y mucho mayor, proporcionalmente, que el sufrido por Alemania, cuya población era muy superior) /6.

El número de víctimas sufrido por Inglaterra duplicó el sufrido posteriormente en la segunda guerra mundial. El país no sufrió destrucción material. Pero, a pesar de la apropiación de parte de las colonias de los países vencidos, resultó muy debilitado como potencia imperial. El esfuerzo de guerra llevó al país a la extenuación. Su situación financiera (igual que en el caso de Francia) pasó de ser uno de los principales países acreedores a convertirse en un país fuertemente endeudado.

Toda Europa fue aplastada por el peso de la deuda /7. Pronto fue evidente que Alemania no podría hacer frente a las reparaciones de guerra, por lo cual fue necesario reformular las que se habían estipulado en el Tratado de Versalles (concretadas en el Programa de Pagos de Londres). En 1924 se puso en marcha el Plan Dawes (obra del estadounidense Charles Dawes) que reducía los pagos a la mitad /8. Al mismo tiempo, Estados Unidos puso en marcha un programa de préstamos destinado a la reconstrucción de Europa. Alemania recibió parte de esos préstamos y los destinó al pago de las reparaciones (junto con grandes emisiones de nuevo dinero que produjeron la devaluación de su moneda y la gran inflación).

Inglaterra y Francia utilizaban los pagos recibidos de Alemania para retornar la enorme deuda que habían adquirido con Estados Unidos como consecuencia de la compra de alimentos, materias primas, combustible y munición /9 durante la guerra. En este circuito diabólico, los pagos recibidos eran reciclados, en forma de nuevos créditos, por la economía financiera de Wall Street.

Estos créditos eran, principalmente, préstamos a corto plazo con un marcado carácter especulativo. El crack de 1929 llevó a la exigencia de retorno rápido, cosa que resultaba imposible, no solo por la debilidad financiera de Europa sino, también, porque una parte de ellos habían sido empleados para financiar proyectos de reconstrucción a largo plazo.

Ello produjo, de forma inmediata, la bancarrota financiera de Europa y hundió en la Gran Depresión a las economías de Europa central, que apenas habían empezado a recuperarse de los desastres de la Gran Guerra.

El terreno económico para el ascenso del nacional socialismo estaba abonado. El terreno político lo preparó la derrota de todos los sucesivos intentos revolucionarios que tuvieron lugar en centroeuropa (incluido un efímero estado socialista en Hungría) /10.

Italia, a pesar de su aportación secundaria en el curso militar de la guerra, sufrió un desastre nacional de proporciones catastróficas con la derrota de Caporetto. La escasa ganancia (muy inferior al coste y a las expectativas generadas) que obtuvo la nación en los tratados que pusieron fin a la guerra, generó una atmósfera de agravio y desencanto que, junto a las grandes tensiones sociales, propició el triunfo del fascismo, anticipándose en más de diez años a la toma del poder por Hitler.

Serbia, el país al cual la historia anecdótica ha culpabilizado como provocador del conflicto, fue el que registró la mayor proporción de víctimas mortales (un 15%) con respecto a la población que tenía antes de la guerra.

En Rusia, Austria-Hungría y el Imperio Otomano (países poco industrializados con la excepción de Austria) el atraso económico y la corrupción de los gobernantes multiplicó sobre la población los desastres y sufrimientos (especialmente el hambre) ocasionados por la guerra.

Todo ello cristalizó en la consecuencia económica, social y política más importante de la Primera Guerra Mundial: en poco más de medio año, dos revoluciones consecutivas acabaron con el imperio de los zares e instauraron la Unión Soviética, el primer estado obrero del mundo, en un territorio que abarcaba más de la mitad del continente euroasiático.

Los efectos sobre el orden del “antiguo régimen” del siglo XIX fueron demoledores. Alemania fue desposeída de su condición imperial y otros tres imperios desaparecieron: Rusia, Austria-Hungría y el Imperio Otomano. Surgieron multitud de estados nuevos en Europa.

En los territorios del antiguo imperio otomano surgieron también nuevos protectorados y semicolonias como consecuencia del reparto imperialista de sus despojos entre Inglaterra y Francia /11.

Una de las consecuencias más nefastas de la administración imperialista que realizó Inglaterra con los despojos del Imperio Otomano ha perdurado hasta hoy: después de la conquista de Jerusalén en 1917, Lloyd George, hombre de fuertes convicciones bíblicas, propuso la creación de una Patria Judía en Palestina. El proyecto tenía también un fuerte componente oportunista: por un lado, pretendía conseguir, para los proyectos imperiales de Inglaterra, el apoyo del naciente sionismo que estaba creciendo entre la comunidad judía de aquellos territorios. Pero también, y por encima de todo, pretendía ser una desvergonzada propuesta para conseguir el apoyo de la poderosa comunidad judía de Estados Unidos con el objetivo de conseguir su entrada en la guerra, cosa que finalmente sucedió ese mismo año. El proyecto cristalizó en la llamada Declaración Balfour (ministro de asuntos exteriores del gabinete de guerra británico) que sentó las bases para construir, en 1948, el futuro estado sionista de Israel.

A pesar de todos los tratados de paz, la guerra continuó en Europa hasta 1921, a través de la guerra civil rusa, iniciada cuando aún no había terminado la guerra en el frente occidental. Durante tres años uno de los conflictos más destructivos y sangrientos que se han vivido en Europa asoló el joven estado soviético. El triunfo, conseguido por el Ejército Rojo de Trotsky a costa de inmensos sufrimientos, militarizó y endureció el estado soviético (marcando fuertemente su carácter desde el principio) en medio de una atmósfera de cerco internacional apoyada en la intervención de una fuerza multinacional anticomunista constituida por los ejércitos de la Entente.

Los estudiosos de los pactos que precedieron a la segunda guerra mundial deberían reflexionar sobre el precedente que marcó el pacto de Rapallo, firmado en 1922 entre la Rusia Soviética y la Alemania de Weimar. Tal vez en 1939 el terreno para el entendimiento soviético-alemán ya estaba abonado desde mucho antes, cuando los mismos que humillaron a la Alemania vencida intervinieron militarmente para asfixiar al joven estado soviético en uno de los episodios más vergonzosos de la política internacional en el siglo XX /12.

Apenas diez años transcurrieron entre el final de la guerra civil rusa y la intervención imperialista de Japón en Manchuria, iniciada en 1931. Tan solo diez años de paz entre 1914 y 1945 /13.

La movilización económica y militar tuvo también un efecto corrosivo en la sociedad del antiguo régimen en dos aspectos: el primero fue la incorporación masiva de las mujeres a la producción industrial de la economía de guerra, más allá de sus ocupaciones tradicionales en la agricultura, el servicio doméstico y la industria textil. El segundo fue la movilización de las tropas coloniales que realizaron Francia e Inglaterra para luchar en el frente occidental europeo. El mito de la supremacía blanca se vio fuertemente afectado por el espectáculo de ver a los miembros de la raza supuestamente superior destruirse entre ellos de la forma más cruel.

Entre las consecuencias de la Gran Guerra hay que citar también la división del socialismo que marcó toda la historia del movimiento obrero del siglo XX. La causa no fue únicamente la revolución bolchevique. Anteriormente ya se había producido la bancarrota moral del socialismo reformista europeo cuando, a pesar de todas las proclamas internacionalistas que siempre había realizado, la socialdemocracia europea fue incapaz de oponerse a la guerra imperialista y apoyó los créditos de guerra en Alemania, Francia e Inglaterra /14. Después de la guerra, los partidos reformistas apoyaron incondicionalmente el orden capitalista allí donde ejercieron el poder /15.

El espectáculo grotesco que supuso la pugna, al final de la guerra, por el reparto imperialista de los despojos coloniales de los imperios derrotados no podía ocultar el hecho fundamental que, junto con la revolución socialista en Rusia, marcaría desde entonces el curso de la historia: aquellos imperios decimonónicos estaban económicamente arruinados y fuertemente endeudados con respecto al verdadero poder que se había consolidado con aquella Gran Guerra.

El poder de los grandes monopolios financieros, la fase superior del capitalismo, que Lenin /16 había analizado magistralmente en 1916, se había consolidado en su plenitud. A partir de ese momento, el único verdadero imperio que existiría a nivel mundial sería el imperio del capital financiero, representado por el país que constituía su máxima expresión: los Estados Unidos de Norteamérica.

El total de muertos entre todos los países beligerantes en la primera guerra mundial alcanzó los 9,3 millones. Entre ellos murieron 2,3 millones de rusos, 2 de alemanes, 1,9 millones de franceses 1 de austrohúngaros, 800.000 británicos, 450.000 italianos y 126.000 estadounidenses /17. Los inválidos y discapacitados, con graves secuelas, sumaron varios millones /18 y muchos de ellos murieron posteriormente como consecuencia de ellas.

A las víctimas de carácter estrictamente militar hay que añadir las que perdieron la vida como consecuencia de la epidemia de gripe (la “gripe española”) desatada al final de la guerra y relacionada, de forma casi segura, con los desastres sanitarios, tóxicos y alimentarios que la acompañaron. Según cálculos aproximados, la epidemia causó la muerte a 21 millones de personas en el mundo.

En agosto de 1914, las principales capitales europeas fueron escenario de grandes celebraciones patrióticas. En ellas, las multitudes aclamaban a los hombres que partían para recorrer aquellos senderos de gloria que condujeron a una de las mayores catástrofes de la humanidad.

21 / 07 / 2014.

Jesús Rodríguez Barrio es Doctor en Economía.

Notas

1/ Habría que citar, también, otras dos notables películas que recogieron los desastres de aquella guerra: Johnny cogió su fusil (Dalton Trumbo, 1971) y Adiós a las armas (Frank Borzage, 1932).

2/ Marx: La revolución en China y en Europa. Publicado en The New York Daily Tribune el 14/06/1853.

3/ Alemania puso en marcha un ambicioso plan de construcción naval para crear una moderna “Flota de Alta Mar”. Lo cual fue seguido en Inglaterra por una expansión similar de la “Gran Flota” para no perder la primacía naval. Otros países, como Francia, Rusia y Austria-Hungría también incrementaron sus gastos militares.

4/ Resulta imprescindible, para entender el comienzo de la Gran Guerra, la obra de Bárbara W. Tuchman Los Cañones de Agosto (RBA, Barcelona, 2012). La obra recoge y analiza, de forma minuciosa, todo lo que sucedió en el mes de agosto de 1914.

5/ La parte de la “deuda de guerra” que la Alemania nazi dejó de pagar, fue condonada (junto con toda la deuda exterior alemana) al terminar la segunda guerra mundial.

6/ Diversos autores señalan que, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, Francia acusaba las secuelas de la anterior guerra (entre ellas, la debilidad demográfica) en mucho mayor medida que Alemania.

7/ En su obra Las consecuencias económicas de la paz (Ed. Crítica, 2002) J.M. Keynes señaló el efecto desastroso que produciría el endeudamiento sobre la economía de Alemania y sobre toda la Europa de postguerra.

8/ John H. Morrow Jr. La Gran Guerra (Edhasa, Barcelona, 2014) p. 633.

9/ A pesar de que Estados Unidos se incorporó tardíamente a la guerra (en marzo de 1917) se calcula que produjo aproximadamente un 25% de la munición que dispararon los países de la Entente. Dicha munición, al igual que grandes cantidades de alimentos, combustible y materias primas, fue comprada a crédito, principalmente por Inglaterra y Francia.

10/ Las mismas causas que produjeron el ascenso del nacional socialismo en Alemania tuvieron una fuerte influencia en la consolidación del socialismo nacional y el estalinismo en la Unión Soviética. Un corrosivo e inquietante debate sobre el paralelismo entre ambos conceptos se puede encontrar en Grossman, Vida y Destino (Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2007, pp. 509-511).

11/ El Tratado de Sykes-Picot fue firmado en 1916 entre Francia e Inglaterra, contradiciendo todos los principios de autodeterminación recogidos en los Catorce Puntos de Wilson.

12/ La intervención antibolchevique de los ejércitos de la Entente fue promovida por Winston Churchill y secundada con gran entusiasmo por Estados Unidos a pesar de todas las declaraciones liberales y democráticas de Wilson. Japón aportó el mayor contingente de soldados para apoyar al ejército blanco de Kolchak en una guerra de carácter marcadamente criminal y terrorista contra el ejército rojo y el pueblo soviético. Según cálculos del general Graves, comandante de las fuerzas estadounidenses en Vladivostok, Kolchak había matado a 100 personas por cada una que habían matado los bolcheviques.

13/ Algunos historiadores sostienen la propuesta, no exenta de fundamento, de una única Gran Guerra de 30 años (con pequeños intermedios de paz) en el principio del siglo XX.

14/ Para encontrar un paralelismo en los años recientes podríamos comparar el apoyo a la guerra imperialista de 1914 con la incapacidad demostrada por la socialdemocracia europea para oponerse a los planes de austeridad neoliberales, que suponen la destrucción del estado del bienestar en los países de la Unión Europea.

15/ Uno de los episodios más negros de la historia del socialismo fue la brutal represión, en enero de 1919, del movimiento espartaquista alemán por el gobierno de los socialdemócratas Ebert, Scheidemann y Noske, que culminó en el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

16/ V. I. Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo. Fundación Federico Engels. Madrid, 2007.

17/ Herwig, Holter: The First World War. Londres, Arnold (1997) p. 447. Recogido en: John H. Morrow Jr., op. cit.

18/ El uso de gases tóxicos como arma de guerra dio lugar a horribles secuelas, entre ellas la ceguera y daños neurológicos graves en muchos casos.

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