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Tsipras sacude el ambiente político y económico europeo

  • El primer ministro griego, Alexis Tsipras, y la canciller alemana, Angela Merkel.

    El primer ministro griego, Alexis Tsipras, y la canciller alemana, Angela Merkel.

La decisión del Gobierno griego de convocar a un referéndum, que permita a su sociedad decidir si se doblega o no a los dictados de la Troika europea, sacudió el ambiente político y económico de la Unión Europea (UE).

La Unión Europea (UE) ha acostumbrado hasta hoy a someterse sin reclamos a lo que el Gobierno alemán define como líneas políticas y económicas a seguir por la Europa de los 28.

Syriza ha puesto en el tapete dos conceptos que suelen olvidarse en las relaciones  internacionales: Soberanía y Dignidad y sea cual sea el resultado del ejercicio democrático convocado para este domingo 5 de julio resulta positivo constar que algunas organizaciones políticas y algunos políticos son capaces de cumplir, a pesar de presiones, chantajes y amenazas sus promesas electorales.

Los índices bursátiles europeos, ante el anuncio del referéndum, estuvieron a la baja en promedios que rondaron los 4 puntos. Pero, más importante que puntos menos o más de bolsas de comercio, que responden más  a procesos especulativos, que a necesidades de nuestras sociedades, la decisión del gobierno griego se enmarca en la línea de los valores y la dignidad frente a la ambición de los poderosos de Europa. Conceptos que para el pragmatismo cínico suelen tener escasa relevancia.

SOBERANÍA CONTRA INDIGNIDAD

El Primer Ministro griego Alexis Tsipras mostró el camino a muchos políticos europeos, que se han puesto de rodillas frente a Alemania y su poderío económico. Para el sociólogo teutón Ulrich Beck el actual estado de la UE significa constatar que la principal potencia económica del Viejo Continente está en condiciones de dictar los términos y exigencias que deben cumplir las naciones más afectadas por una crisis económica que no levanta cabeza, hasta el punto que la supuesta autonomía democrática de los poderes del Estado de países como Grecia, Italia, España, Portugal e incluso la propia Alemania se encuentran en un claro debilitamiento. Esto, pues el verdadero dominio tras esas fachadas de poder nacional se expresan claramente en la denominada Troika: Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

Tsipras, en una alocución histórica convocó a un referéndum para decidir si se firma un acuerdo con la Troika. Esto, tras las fracasadas negociaciones entre Atenas y sus acreedores, que decidió al gobierno a suspender las operaciones bancarias hasta el 6 de julio e implementar un referéndum, que permita a la sociedad griega definir los pasos a seguir en materias donde su soberanía política y económica está en juego. Grecia adeuda, principalmente a bancos Alemanes y francesas, la friolera de 360 mil millones de euros en un plan de rescate, que al actual ritmo se prolongará hasta el año 2054. La posible cesación de pagos, tras la decisión de no pagar una cuota de 1.500 millones de euros que vencía el pasado 30 de junio,  ha llevado a plantear la posible salida del país helénico de la zona euro, en lo que sería la primera oportunidad que un miembro del otrora exclusivo club europeo tendría que abandonar esta organización política y económica regional.

El discurso de Tsipras dio cuenta que en los últimos 6 meses su gobierno ha estado luchando en difíciles condiciones donde los grandes poderes de Europa han querido asfixiar a Grecia “Compatriotas míos, sostuvo Tsipras… El mandato que nos disteis tenía como fin lograr un acuerdo que respetase la democracia, los valores europeos y que acabase definitivamente con esta crisis económica. Durante este periodo de negociaciones nos pidieron adoptar medidas de gobiernos anteriores, gobiernos que habían sido condenados en las elecciones. Nunca, ni por un momento, contemplamos rendirnos. Eso hubiese sido traicionar vuestra confianza. Tras cinco meses de negociaciones, nuestros socios europeos nos presentaron un ultimátum. Un ultimátum que contraviene los principios y valores de Europa”.

El ultimátum al que se refiere Tsipras  son una serie de medidas provenientes, no sólo de la Troika, sino también de organismos como el Banco Mundial y el Club de Paris – foro informal de acreedores oficiales y países deudores – y que significan pobreza y más sometimiento de los países del Tercer Mundo o aquellos que cuentan con una deuda externa tan voluminosa como injusta.  Las medidas que esos grupos de poder imponen a los países incluyen: la desregulación del mercado laboral, recortes en las pensiones, recortes en salarios públicos, incremento del IVA en alimentos. Disminución del Estado y la privatización de las pocas empresas que aún son parte del patrimonio de los Estados.

El Primer Ministro griego sostuvo en su discurso que “las propuestas que nos desean imponer, violan las reglas europeas y los derechos fundamentales del trabajo, la igualdad y la dignidad. El objetivo de algunos de nuestros socios no era más que la humillación de todo el pueblo griego… Tenemos una responsabilidad histórica para dignificar la democracia y nuestra soberanía. Es una responsabilidad con el futuro de nuestro país. Y esta responsabilidad nos lleva a responder al ultimátum según la voluntad del pueblo griego. Hace unos instantes he convocado a mi gobierno y he propuesto que el pueblo griego elija en ejercicio de su soberanía. Mi propuesta ha sido aceptada unánimemente”.

Ese beneplácito implica la aprobación por parte del Parlamento griego de la celebración de un referéndum el domingo 5 de julio donde se preguntará a los ciudadanos, si se acepta o se rechazan las medidas propuestas por la Troika. Tsipras, con esta decisión, hizo temblar las bolsas europeas y obligó a la Canciller Alemana Angela Merkel a sostener que se deberá esperar el resultado del referéndum antes de hablar con Syriza y negociar ya sea la continuación del rescate, la adopción de medidas menos leoninas o simplemente forzar la salida de Grecia de la Eurozona e incluso de la UE.

Tsipras señaló con convicción ante las amenazas provenientes de Berlín y sus corifeos “ante esta austeridad descarnada y autocrática debemos responder con democracia, compostura y decisión. Grecia, la cuna de la democracia, debe enviar un mensaje fuerte y democrático a Europa y a la comunidad internacional… En estas horas cruciales, debemos recordar que Europa es la casa común de sus gentes. En Europa no hay dueños ni esclavos. Grecia es una parte indispensable de Europa y Europa una parte indispensable de Grecia. Pero Grecia sin democracia es una Europa sin dignidad ni dirección. Os llamo a tomar una decisión a la altura de nuestra digna de nosotros. Por nosotros, por las generaciones futuras, por la historia de Grecia. Por la soberanía y la dignidad de nuestro pueblo”

Las palabras del premier griego, tras las crisis en Portugal, Italia, España y lógicamente el país que nos preocupa en este trabajo, Grecia han dejado al desnudo que el verdadero poder político y económico en el viejo continente es manejado por la Troika, develando que parlamentos, ejecutivos y la política europea en general baila al compas de Berlín y su brazo armado llamado Troika, que expresa un claro poder supraestatal, secundado sin reparos , tal como en su momento lo hizo Nicolás Sarkozy, por un gobierno francés presidido hoy por un timorato, debilitado François Hollande que de socialista sólo le queda la denominación.

GOLPES BLANCOS

El poder de Berlín en la política europea se consolidó con claridad y sin competencia alguna a partir del año 2014 al dar el “golpe blanco” a Grecia cuando las críticas y presiones contra el país helénico obligaron a dimitir al ex Primer Ministro Yorgos Papandreu, tras el anuncio de éste  de llamar a un referéndum para definir la aprobación de las medidas de ajuste impuestas al país balcánico,  como condición para aprobar el paquete de ayuda financiera. Misma idea que Tsipras ha impuesto ahora en su país pero en condiciones de apoyo político y social muy distintas a un régimen griego que venía en franca caída.

Fuera Papandreu se formó un gobierno de “unidad nacional” presidido por Lucas Papademos – ex vicepresidente del Banco Central Europeo –  con el PASOK y  la oposición liderada por Antonis Samaras como soportes políticos. Una crisis del establishment político, una crisis de confianza en las instituciones griegas que abrieron paso a un gobierno, el de Syriza que tras su triunfo en enero del año 2015  llamó a un nuevo trato, a una nueva forma de encarar las relaciones en una Unión Europea, que de la boca para afuera habla de unidad, relaciones horizontales pero que suele dar golpes de mando con la fuerza del motor alemán, cuando algún miembro del rebaño expresa signos de rebeldía

Alemania está dictando las nuevas pautas “democráticas” europeas, surgidas al alero del temor que despierta en los países más ricos – que es hablar más bien de sus grupos de poder financiero e industrial – el desarrollo de una crisis masiva en la Eurozona a través de un hipotético “contagio de los países PIGS” – denominación peyorativa para referirse a Portugal, Irlanda, Grecia y España – cuyas economías han sido permanente estabilizadas y sometidas al arbitrio de la Troika con medidas que esconde este circuito vicioso de seguir apuntalando un sistema económico esencialmente injusto, donde no se ayuda a los pueblos sino que a los poderes económicos y financieros, expresados en una banca corrupta y voraz. En general en Europa se ha concretado aquella máxima que a la hora de las ganancias estas son privadas pero a la hora de las pérdidas estas son sociales.

Los golpes blancos que se dieron el año 2014, tanto en Grecia como en Italia impusieron nuevas pautas políticas en Europa. Con Papademos y Monti, en su oportunidad, dos neoliberales “atlantistas” subordinados al capital financiero internacional  se hegemonizó el panorama  político europeo. Con un par de golpes blancos  cambiaron dos gobiernos sin tener que realizar  ninguna “amenazante” consulta popular. Hoy, en Grecia, tal conducta no ha podido ser realizada por lo que resulta a todas luces urgente, para los poderes fácticos europeos demonizar la figura de Tsipras o de todo aquel que hable de democratizar las instituciones europeas, como PODEMOS en España, de tal forma de no permitir la irrupción de ejemplos que puedan poner en entredicho el poderío alemán y la política de sometimientos de los gobiernos de la UE al eje Berlín-París.

El análisis general de la crisis que afecta a Europa ha centrado su foco en lo económico olvidando que a la par de este problema se suma una crisis política e institucional de envergadura, que requiere soluciones estructurales pero donde el elemento “derechos sociales” debe estar necesariamente resguardado. Si esto no es así tendremos  a la construcción europea en un trance de difícil salida, sobre todo para los países más débiles de la Eurozona y más aún de aquellos provenientes, principalmente, del ex campo socialista.

Para el eurodiputado catalán Raimon Obiols “la crisis política en Europa deriva, en buena medida, de una crisis institucional cuyo origen se remonta a la parálisis que se produjo  tras los resultados negativos a la constitución europea en Francia y los Países Bajos. Desde entonces hemos ido dando vueltas sin movernos de lugar. La respuesta política de Europa a la crisis económica es insuficiente y descoordinada con consecuencias nefastas para la sociedad que mayoritariamente sufre los efectos de políticas surgidas en los pasillos de Bruselas, Berlín, Paris, ajenos a los intereses de las grandes mayorías y más cercanos a los intereses de la gran banca europea, capaz de derribar gobiernos en lo que se cree son las democracias más antiguas del mundo”.

El análisis puramente económico de los procesos tiende a desvirtuar la búsqueda de soluciones cuando se presentan los problemas. Por ello se piensa, sin mucha profundidad, que la crisis financiera  podría amenazar la viabilidad  de la propia UE. Recuerdo en ello las palabras del Eurodiputado portugués Rui Tavare cuando su país vivía graves zozobras económicas y se hablaba incluso de un cesación de pagos  “la Unión Europea vive una crisis económica y social, repercusión de la financiera, donde Europa y su construcción no es aún una democracia, sino que más bien un club de democracias y como ocurre en todo club quienes llegan a mandar  son dos o tres de los socios más influyentes. No tenemos como UE instancias de legitimidad democrática, el Presidente de la Comisión Europea  – brazo ejecutivo del bloque de 27 países – no es elegido sino que nombrado  por el Consejo Europeo , que es la expresión de los gobiernos, no de las sociedades europeas. Y a esto hay que sumar el enorme poder que posee Alemania. No existe ninguna propuesta, por buena que sea que pueda ser considerada si Alemania la veta. Y, no hay ninguna idea, por pésima que sea, que pueda ser vetada si Alemania insiste en ella. Esto no es precisamente  una democracia”.

En una interesantísima conferencia dada en Italia por el filósofo francés Etienne Balibar, este convencido europeísta sostiene que el peligro político que vive Europa a raíz de la crisis financiera y económica de gran parte de sus miembros “genera corrientes de análisis político e intelectual que quiere cerrar el discurso europeo para volver a una soberanía nacional, que consideran la trinchera indispensable para hacer frente al poder de las finanzas” Sin embargo, Balibar cree, al contrario de esa tendencia de análisis que “lo que está ocurriendo en Europa se puede considerar como la formación de un nuevo modelo de gobernanza política. Es decir, estamos asistiendo a la reactivación del proceso de unificación política después de la pausa sucesiva al referéndum francés, neerlandés e irlandés, que pusieron en evidencia el difuso rechazo al proceso iniciado por los tecnócratas en Bruselas. Resurgimiento que se  produce, sin embargo, bajo la bandera de un neoliberalismo, que a pesar de su crisis, todavía es capaz de ejercer la hegemonía en el continente”.

Desde la trinchera que se lance el análisis, ya sea europtimistas o euroescépticos, lo claro es que se constata la crisis, definiéndola no sólo como económica, sino que principalmente política. El análisis fino de lo que está corriendo en Europa demuestra que es necesario construir para las sociedades y no para las elites. El sueño de una Europa de los pueblos, pensado por los padres fundadores en Roma, puede ser una realidad si Europa y su Troika dejan de estar obsesionados  por las herramientas aún imperfectas de las que se han dotado – como sostuvo hace más de una década Claude Julien –. Sólo así podrán construir su proyecto y enmendar el rumbo muchas veces incierto.

La crisis política en Europa y en específico en Grecia se expresa en que ella ha dejado de soñar  y se debate entre estadísticas, porcentajes, ecuaciones y gráficos, todo ello acompañado de “reducir el déficit público” “rigor fiscal” “ajustes estructurales” “bajar la inflación” “reducción de los tipos de interés”. Más política y menos economía, más construcción y menos especulación, más diálogo y menos imposición. Más democracia y menos golpes blancos. Más pueblos y menos elites se escucha desde los Balcanes hasta el Mar del Norte.

Y en ese llamado, el gobierno de un país pequeño como Grecia, Syriza liderado por Alexis Tsipras ha mostrado un camino: el de consultar a su población si desea seguir soportando los dictados de una Troika manejada principalmente desde Berlín, que impone medidas de austeridad pasando por encima de los derechos de los pueblos para satisfacer la ambición de banqueros, financistas, políticos y militares aliancistas más dedicados a fortalecer la Europa de la minoría en desmedro de jubilados, estudiantes, trabajadores e inmigrantes.

Una Europa, que alertamos, desde esta tribuna, siguiendo en ello los temores de Ulrich Beck “Una Europa que se ha hecho alemana, que como potencia económica ha ido a parar a la posición de potencia política europea que toma las decisiones. Una democracia que toma decisiones sobre el destino de otras democracias, con medidas que socavan la autodeterminación del pueblo griego. En qué mundo vivimos, sostiene Beck “en qué crisis para que semejante tutela de una democracia por parte de otra no provoque ningún escándalo. En apenas setenta años, la Alemania moral y materialmente  hundida tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto ha ascendido del puesto de débil aprendiza a la de maestra de Europa”.

Tsipras ha insistido que el llamado al referéndum no es un llamado a negar a Europa, no es sobre si Grecia permanece o no en la zona euro “nunca habría esperado que una Europa democrática negara tiempo y espacio a una decisión democrática. Esto no es una ruptura con el euro, sino un retorno a la Europa de los principios”, añadió el Premier griego alertando sobre el manejo comunicacional de aquellos que quieren ver a Grecia fuera de la Europa del despojo o al menos sometida a los dictados de la Troika y no con esas “ínfulas” de rebeldía que pueden ser un pésimo ejemplo para aquellos que hablan de soberanía y dignidad en una Europa cada día más alemana.

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