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Cinco motivos para no creer en la coalición saudí contra el terrorismo

La ‘alianza’ de 34 países no entusiasma por inconsistente e incluso Pakistán dice que supo por la prensa que era miembro
Cinco motivos para no creer en la coalición saudí contra el terrorismo
Una demostración de cómo se abate a un terrorista, en los ensayos de un desfile militar en Arabia Saudí (Mosaab Elshamy – AP)

Arabia Saudí acaba de hacer un intento ambicioso de sorprender al mundo anunciando una coalición internacional musulmana –no solo árabe- contra el terrorismo que, según la casa real de los Saud, implica nada menos que a 34 países, desde Nigeria a Malasia.

Se trata de un tipo de iniciativa que probablemente todo el mundo deseaba escuchar, tanto los árabes, que sufren más que nadie el terror yihadista, como los occidentales que afirman que son precisamente aquéllos los que tienen que ponerse manos a la obra. Sin embargo, la noticia no ha causado el menor entusiasmo. Se produce justo después de la reunión de la oposición siria convocada por Riad –que concluyó con el desplante de la milicia islamista Ahrar al Sham, a la que algunos presentaban ingenuamente como alternativa moderada– y en vísperas del premio Sajárov de derechos humanos al bloguero saudí condenado a la flagelación y la cárcel, Raif Badawi.

Es bien conocido que, menos lavar su imagen pública, el dinero de los saudíes lo puede casi todo, sobre todo ganar voluntades. Pero en este caso la pretendida coalición está pasando sin pena ni gloria por la prensa internacional y los despachos de los analistas. Al menos por cinco motivos:

-Inconsistencia: Para empezar, el anuncio ha sorprendido al principal aliado militar de Arabia Saudí, Pakistán. El propio ministro de Exteriores pakistaní, Aizaz Chaudhry, ha dicho que se enteró por la prensa de la inclusión de su país en la coalición y que tuvo que pedir a su embajador en Riad que lo aclarara. Pakistán y Arabia Saudí están unidos por un sólido acuerdo militar que implica la participación de pakistaníes en las fuerzas armadas saudíes y el apoyo recíproco a las pakistaníes, e incluso el acceso saudí al programa nuclear pakistaní. Sin embargo, cuando Arabia Saudí reclamó que Pakistán participara en los bombardeos de Yemen contra los chiíes, el Parlamento pakistaní se negó porque ello generaría serios problemas con la importante minoría chií del país.

Peor aún, Arabia Saudí no ha invitado a Siria e Iraq, los países más afectados por el yihadismo. Por la parte siria es obvio, ya que Riad pretende derrocar el régimen de Bashar el Asad; por la iraquí, lo que ven los saudíes es un gobierno apoyado por Irán –al que desde luego tampoco ha invitado-, lo que implica ni más ni menos que…

-Sectarismo: Arabia Saudí lleva meses bombardeando a los rebeldes hutíes de Yemen, de confesión chií y a los que atribuye respaldo iraní. Con ello, ha exacerbado el conflicto confesional suníes-chiíes existente en Iraq y que con tanta eficacia está siendo manipulado por el Estado Islámico tanto en este país como en Siria e incluso en Afganistán.

-Ausencia de planes: El ministro de Exteriores saudí, Adel al Jubeir, dijo que “los países que necesiten ayuda” para combatir al terrorismo pueden dirigirse a la coalición. Es decir, el punto de partida es… pasivo. Eso sí, se creará un “centro de operaciones conjunto en Riad”. Al Jubeir dijo que la alianza antiterrorista compartirá información y entrenará, equipará y aportará fuerzas contra el Estado Islámico “si es necesario”… “Hay conversaciones –afirmó- entre países que forman parte de la coalición como Arabia Saudí, los Emiratos, Qatar y Bahrein sobre el envío de algunas fuerzas especiales a Siria”.

En este sentido, y de forma bien significativa, el secretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, comentó en Turquía que “esperamos saber más sobre lo que Arabia Saudí tiene en mente”. El Gobierno turco, por su parte, dijo estar “dispuesto” a contribuir en lo que haga falta, lo mismo que el Gobierno jordano. Pero, ¿en qué?

-Inacción demostrada: Arabia Saudí y sus aliados del Golfo han estado apoyando y nutriendo a las milicias rebeldes islamistas en Siria, pero a la hora de implicarse en los bombardeos de la coalición encabezada por EE.UU. contra el Estado Islámico (EI) prefirieron enviar sus aviones a bombardear Yemen. Todos ellos han demostrado que observan el EI como un asunto secundario.

Según Farea al Muslimi, del Centro Carnegie en Beirut, la coalición saudí “es más simbólica que otra cosa; es una respuesta a las críticas internacionales de que los saudíes no están haciendo lo suficiente para detener al Estado Islámico”. De hecho, la intervención en Yemen ha dado alas a Al Qaeda y el EI. Para Muslimi, “cada día de esta guerra representa diez días dorados para el EI”.

-Ideología: Resultan muy interesantes las declaraciones tanto del ministro de Exteriores Al Jubeir como del ministro de Defensa y responsable de las masacres en Yemen, Mohamed bin Salman. Este príncipe no se cortó al referirse a una “enfermedad” que “afecta al mundo islámico”, casi una cita implícita al estudio de Abdelwahab Meddeb La enfermedad del islam precisamente por parte de un alto miembro de la casa real saudí que lleva decenios financiando y fomentando en todo el mundo musulmán la interpretación wahabí del islam, que ha dado base teológica al fundamentalismo más retrógrado, violento y militante, desde los talibanes y Al Qaeda hasta el Estado Islámico.

Al Jubeir, por su parte, dijo en París que “es hora de que el mundo islámico” se enfrente “a los terroristas y aquellos que promueven sus ideologías violentas”.

El aspecto más hipócrita de estas afirmaciones no tiene que desviar la atención sobre un hecho, sin embargo: el Estado Islámico, que cuenta con una legión de admiradores en Arabia Saudí (a juzgar por las cuentas de Twitter detectadas) y de combatientes saudíes en sus filas, es un enemigo del régimen, “el primero”, según Abdulrahman al Rashed, director general del canal saudí Al Arabiya.

Es notorio que la supuesta ideología –o al menos la que propaga- el Estado Islámico, su sistema de justicia y las costumbres que trata de imponer no distan mucho de la visión wahabí de los saudíes. Pero el monstruo, como ocurrió con Al Qaeda (recordemos que los terroristas del 11-S eran saudíes, como el mismísimo Osama bin Laden) ha crecido, y se atreve a amenazar explícitamente a Arabia Saudí, país custodio de La Meca y Medina.

En este sentido, hay que tener en cuenta que el EI tiene la pretensión de representar al islam suní. Así, a propósito de esta anunciada coalición antiterrorista, Haizam Amirah Fernández, investigador del Real Instituto Elcano, opina que “Arabia Saudí quiere presentarse como un líder de la umma, la comunidad de creyentes musulmanes suníes. Es un objetivo de liderazgo político utilizando la amenaza del Daesh –el estado Islámico-, no siendo este el objetivo principal”.

 

http://www.lavanguardia.com/internacional/20151216/30844960080/arabia-saudi-coalicion-internacional-musulmana-terrorismo.html

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