Islam/Qué es el Islam

Sobre el tauhid y la wilaya

Charla de Hoyyatol Islam wal Muslimin Obedini
Qom, 5 dic. 2015

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso
Todo el mundo con toda su multiplicidad es una señal de una realidad única.
Si queremos hacer un seguimiento de la realidad del tawhid en nuestra propia vida, veremos que esa realidad del tawhid ha sido establecida en lo más cercano de nuestro mundo relacional.
No es cierto que para llegar a la realidad del tawhid el ser humano deba realizar un viaje largo y duro sino que es posible llegar a ella en lo que tenemos más cerca. Podemos poner un ejemplo sencillo que ejemplifique este asunto de cómo hacer para desplazarse del mundo de la multiplicidad al mundo de la unidad.
Debemos saber que Dios ha establecido en el orden de las criaturas de manera innata, en el sistema de las disposiciones divinas, en las leyes y en la disposiciones morales, las indicaciones que nos permiten alcanzarlo. Por ello, el movimiento que nos lleva del mundo de la multiplicidad al mundo de la unicidad no es difícil. La mejor manera para llegar al tawhid la ha situado Dios en el interior del ser humano. El ser humano, desde la cercanía de ese sistema que está en su interior puede alcanzar esa meta final.
Para que alcancemos esa realidad Dios ha dispuesto dentro de nosotros el amor propio (hubb be dat). Ese amor propio posee una vertiente negativa, que se traduce en arrogancia, orgullo, egoísmo, pero en el desarrollo de nuestro movimiento, como Dios ha colocado ese sentimiento innato en el interior nuestro, al mismo tiempo ha hecho de él un instrumento para que podamos llegar a Él.
Es por eso que Allamah Tabatabaí, en su Tafsír Al-Mizán dice: La mayoría de las etapas del tawhid se atraviesan con el amor propio. Pero, si entendemos ese amor propio como amor a nuestro cuerpo, eso se transforma en arrogancia. Por eso, Dios dice que el amor propio es algo beneficioso, pero que la esencia propia es algo que se expande. ¿En qué sentido? En ese sentido de que al principio pensábamos que ese nosotros era este cuerpo, pero luego ese concepto se expande para hacernos entender que aquellos que se hayan alrededor nuestro, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros seres queridos, los otros musulmanes, son parte de uno mismo. De la misma manera en que la persona siente amor por sí misma, en el sistema de las leyes y la moral debe sentir amor hacia sus seres amados y hacia quienes se encuentran cerca de él.
Eso, por sí mismo, genera una realidad que conduce a la persona desde la multiplicidad hacia la unicidad. El movimiento que va de la multiplicidad a la unidad, con el hecho de que yo mismo me siento uno con la realidad de quienes están alrededor mío, sitúa al ser humano en el primer peldaño de la comprensión del concepto de la unidad, por ello, en el orden de la creación, Dios ha establecido el amor del bebé recién nacido hacia su padre y su madre, es un sentimiento que no tiene nada que ver con la enseñanza religiosa. La religión lo único que hace es confirmar ese sentimiento.
Gradualmente, la persona va ampliando ese círculo de afecto con sus amigos, sus vecinos, los otros creyentes, con la gente con la que se relaciona más de cerca. El nombre que esto recibe en el mundo de la creación es welayah. Welayah es un nombre lleno de significado para designar una realidad que comienza en un nivel muy elemental pero que nos atrae hacia una realidad inmensa.
Por ello, si nosotros vamos tras la búsqueda del tawhid en nuestra vida cotidiana debemos saber que ésta comienza desde las más cercanas de nuestras relaciones. La realidad de nuestra creencia religiosa es social y la realidad del tawhid se verifica cuando se proyecta en la realidad social. Por ello, todo el trabajo de los enviados divinos a lo largo de toda la historia ha sido el establecimiento de la realidad del tawhid en el entorno social. Si queremos poner un ejemplo de la realidad del tawhid en la sociedad, encontramos en el Corán un versículo que dice: Ese es un día en el que todos los seres serán reunidos y ese es un día del que damos testimonio. 36:32, 56:50
Marhum Allamah Tabatabaí, en el comentario a este noble versículo, dice: “El Día del Juicio Final, el concepto de reunión no tendrá el mismo significado que nosotros habitualmente le damos.”
Si no tiene el significado habitual ¿Qué significará entonces que el Día del Juicio estarán unos juntos a otros?
Allamah Tabatabaí explica, basándose para ello en versículos coránicos y hadíces proféticos verificados, que la razón por la que unos estarán junto a otros es que cada acto que yo realizo en este mundo está relacionado con todos mis actos anteriores y posteriores y relacionado con los actos de todos nuestros antepasados y descendientes, por ello, si ese día se quiere mostrar la recompensa de todos esos actos es necesario que toda la humanidad esté presente, para que se pueda ver el resultado de los actos de una persona en relación con el resto de la humanidad.
Eso nos muestra claramente que existe una unidad relacional de todos los actos de todos los seres. Eso, en el sistema que nuestros hadices conforman, se expresa con los términos ujuwah y wilayah (hermandad y amistad). Si una persona busca la manera más rápida y corta de llegar al tawhid, la manera más corta y rápida que le lleve a la unidad con Dios y a la wilayah, que busque mantener una relación cercana con las personas que le rodean.
En nuestros hadíces podemos leer: La manera de que en un creyente se verifiquen la wilayah y la cercanía de Dios es fortaleciendo sus relaciones sociales con quienes le rodean. Y en cualquier situación en la que un creyente es insultado o menospreciado, el que comete tal acto es sacado automáticamente del entorno de la wilayah.
Si nosotros observamos con esta perspectiva la relación de un creyente con su entorno social entenderemos que la manera de alcanzar el tawhid pasa por la relación con los demás y cuanto más estrecha sea la relación que los creyentes establecen entre ellos, más intensa será la wilayah divina y el tawhid.
En un hadíz profético leemos: “La santidad del creyente es mayor que la santidad de la Casa de Dios.” Porque el creyente es el descenso de la realidad del tawhid en este mundo. Por ello, leemos en un hadíz qudsi: “Quien ofende a Mi wali a Mi ofende y Yo estoy enemistado con él.” E incluso dice: “Si un creyente es ofendido, todo los velos que el ofensor ha extendido para proteger sus actos se desmoronan al instante.”
Por ello, la misión de los mejores seres humanos, que son los enviados divinos, es que lleven con ellos a toda la sociedad humana hacia la fe. Ese es el mandato más elevado de Dios para los mejores seres humanos. Esa misión, en la terminología gnóstica, es denominada: “El cuarto viaje”, es decir, el viaje desde la creación hacia la creación mediante la Verdad. El ser humano, con esa visión, hace que se verifique el tawhid en todo el mundo.
En esa comunidad que nosotros estamos esperando, la que denominamos yameie mau’ud “sociedad esperada” (la sociedad del Imam Al-Mahdi que esperamos para que en ella se realice la verdad del tawhid) se verifica esa verdad. La relación de los creyentes será tan fuerte en ella que hará que se corporeice el tawhid; que la relación entre los creyentes alcance su máxima expresión.
Si queremos transitar lo más rápidamente posible del mundo de la multiplicidad al mundo de la unidad ¿Qué es lo que en la práctica tenemos que hacer?
Una cosa es cuando decimos que hablar de los demás está mal, otra cosa diferente es decir que la persona se aleja del tawhid.
Todas mis palabras anteriores eran para tratar de explicar el por qué se nos dice que no actuemos de esa manera. La razón es para obtener esa cercanía de Dios y esa unidad con Él de la que estamos hablando.
Es decir, el juicio más sencillo que tenemos sobre este asunto trata del tema más complicado de la jurisprudencia que consiste en que para alcanzar el tawhid, la unidad con Dios, debemos partir de la relación con nuestros allegados, de nuestro entorno cercano. Cuanto más ancho sea nuestro pecho, cuanto mayor sea la paciencia de que hagamos gala con nuestros semejantes, más crecemos y más se acerca a esa Realidad Inmensa (Dios). Ese camino para alcanzar la cercanía divina se recorre únicamente con el amor. Así pues, el camino más corto para llegar a Dios es el amor. El amor posee una profundidad tan ilimitada en nuestro interior que puede recorrer todos los infinitos grados que nos separan de Dios. El amor hace alcanzar el tawhid. Por eso leemos en el hadiz: ¿Acaso la religión es otra cosa que amor y odio? Amor en relación con la perfección y odio a todo lo que es malo.
Por tanto, el amor es una fuerza ilimitada que nos permite realizar esa travesía ilimitada. La realidad del amor es la que genera la unidad. Porque es la que hace que se verifique el ciclo de la unidad, ya que cuando se ama a alguien se le considera semejante a uno mismo, se identifica uno con él. Estamos convencidos que cada ser existente en el mundo está conectado con el resto de la creación y su energía afecta al resto de la creación de la misma manera en que se ve afectado por la energía que transmite el resto de la creación. Eso se verifica también en el sistema de los actos humanos. Cada acto que realizo tiene un efecto que alcanza a todos los rincones del universo y yo me veo afectado por los actos de todos los seres del universo. A eso, en el lenguaje religioso, lo denominamos tatawuque taqwin wa tashri, es decir: la identidad de mundo de la creación y de la religión: Cada ley existente en el orden del universo se refleja en el orden de la religión y de la normativa islámica (shari’a). Por ello, cuando el ser humano se mueve con sinceridad en dirección al conocimiento, también lo está haciendo en dirección al tawhid.
Lo que Iblís hizo por primera vez fue hacerle creer a Adán que él era su cuerpo y después le planteó la cuestión de si quería tener una existencia eterna o no. Esa fue la primera mentira de Satanás. La primera mentira fue la que Satanás le dijo a Adán. Con ello pretendía que Adán no se diese cuenta de su dimensión espiritual. Y a lo largo de toda la historia el ser humano ha caído en la mentira de pensar que él es este cuerpo. Y todo el mensaje de los enviados divinos para el ser humano ha consistido en hacerles ver que no son este cuerpo.
Maulana Rumi en el Maznavi pone un ejemplo muy hermoso de esto cuando dice: «Hubo una persona que gastó toda su vida en cultivar una tierra. Al final de su vida se dio cuenta de que había construido su jardín en la tierra de su vecino.» Se refiere precisamente a que el ser humano gasta toda su vida en cuidar y atender su cuerpo y en el momento de la muerte descubre que él no era eso y que ha empeñado todo su capital en algo que queda aquí cuando él debe marcharse, que el cuerpo era solamente su vecino.
Todos tenemos a ese vecino y todos creemos que ese vecino somos nosotros mismos. Como el amor que sentimos por él es muy fuerte, Satanás utiliza ese amor que sentimos por él para engañarnos. Por eso, leemos en el hadiz: El amor por este mundo es la fuente de todos los errores. La fuerza del amor es la que nos lleva al tawhid puro o a lo más bajo de la existencia.
Abu Ali Sina dice: “El amor todo lo abarca.” El mensaje que viene con los profetas divinos viene precisamente para eso, para hacer que el amor se difunda por todo el mundo. La fuerza del amor lleva al ser humano hacia el amado donde quiera que él se encuentre. Ni el espacio ni el tiempo suponen un impedimento para el amante. En el hadíz leemos que: “A quien ame algo, Dios le unirá con ello, aunque sea una piedra.”
Por ello, la realidad del amor es aquella en la que ese amor se proyecta. Si un ser ama una casa, esa será la realidad de su amor. Por ello debemos prestar atención para orientar ese potencial que poseemos en la dirección adecuada, pues, de lo contrario, el poder del amor queda neutralizado. Por eso, si el amor que sentimos hacia los padres, los hijos, la esposa, los amigos, está bien orientado, nos lleva hacia la unidad divina. Los grados del amor son como los grados del levantamiento de peso. Cada grado de amor que el ser humano realiza de manera adecuada le prepara para poder alcanzar el grado siguiente. Emir al-Muminín ,la paz sea con él dice: “Todo recipiente reduce su capacidad conforme se va llenando excepto el recipiente del conocimiento, que cuanto más contiene mayor es su capacidad de contener.”
Y el amor es de la misma naturaleza del conocimiento, cuanto más se ejercita mayor capacidad se adquiere. Así, cuando el ser humano desarrolla su capacidad de amar adquiere la capacidad de amar al Amigo de Dios (Wali ilahi) y cuanto más capacidad tiene de amar al amigo de Dios más capacidad adquiere para amar a Dios.
Por lo tanto, no es posible que el ser humano se acerque a Dios si no es practicando su amor hacia quienes le rodean. Es con esa herramienta con la que el ser humano se acerca a Dios. Por eso, todo el hadíz profético que llama al creyente a fortalecer sus relaciones con quienes le rodean tiene como objetivo fortalecer su camino hacia Dios. En un hadíz leemos: “El creyente que llega a ti con una necesidad es un enviado de Dios para ti.”
Cuando dos creyentes se encuentran y se tratan con amor, ese comportamiento es el que provoca el descenso de la misericordia divina para ellos, y quien mayor capacidad tiene de amar al otro es quien más se beneficia de la misericordia divina.
Esa misma relación es válida para el rechazo del mal. La intensidad del rechazo del mal eleva al ser humano. Por tanto, en el ser humano, existen dos condiciones innatas: la fitra del amor, que es la que le conduce hacia la fuente del amor y la fitra que le lleva a rechazar y a escapar del mal. Por eso, el creyente es fuerte en el amor y fuerte en el rechazo.
La primera dimensión que Dios ha otorgado al ser humano es la fuerza para rechazar el mal. Si el creyente no posee una fuerte capacidad para rechazar el mal, aunque su amor por Dios sea mucho, se convierte en presa del mal. Por eso, la enseñanza religiosa pone mucho énfasis en que no seamos tibios en relación al mal, que rechacemos el mal con tanta intensidad como amamos el bien.
La historia del Imam Huseyn (a.s.) es una manifestación perfecta de la presencia de esas dos dimensiones en el creyente. Es la manifestación de todo el tawhid y el bien en la relación con Dios y de la disposición para soportar todo tipo de dificultades por Dios, por un lado, y de la manifestación de todo el mal frente a él, para mostrar lo que significa el mayor grado de opresión y tiranía. Para que, a lo largo de su épica, podamos contemplar una manifestación de todo el mal y de todo el bien, para que la persona, por muy dormida que esté, al ver la intensidad de tanto mal, despierte, y al ver la intensidad de tanto bien, se ponga en movimiento. A eso es a lo que denominamos “la llamada de la fitra”. Por eso, en nuestra creencia, se dice que Huseyn es el barco de la salvación que más rápido navega, porque su ejemplo es el que más despierta a las personas y más rápido las conduce a la salvación.
Nosotros fuimos parte de la joven generación de la revolución iraní y vimos como el magnetismo que generaba el amor del Imam Jomeini (r.a.) provocaba un vuelco en los corazones. Por mucho que he intentado transmitir con palabras esa sensación, no me ha sido posible. Él establecía una relación entre los corazones que los transformaba. Fue un ejemplo del movimiento que generan los enviados divinos en los corazones y de la manifestación del tawhid. En un espacio de tiempo muy corto provocó un cambio en los corazones de millones de personas. Hasta el punto de que decenas de miles de personas estuvieron dispuestas a ir a la guerra y dar su vida para preservar y proteger las creencias religiosas. Eso, en sí mismo, es una muestra clara de que un ser humano no es solamente un cuerpo, cuando es capaz de ponerlo en peligro yendo a la guerra y arriesgándose a morir en defensa de un ideal.
Lo que los gnósticos del Islam necesitan años para hacer llegar a los corazones, el Imam lo hizo en un tiempo mínimo, insuflando en los jóvenes un sentimiento que les llevó a estar dispuestos a sacrificar sus propias vidas. Esa predisposición al martirio, en la cultura gnóstica, es en realidad a una disposición a abandonar este plano de la realidad. Fue el resultado de la intensidad del amor que el Imam generó en los corazones de los jóvenes lo que les hizo ponerse en marcha, con los ojos bien abiertos y los corazones llenos de amor, en dirección al martirio. Decirlo es algo fácil pero cuando uno estaba en el campo de batalla y era testigo de ello, podía sentir la grandeza que había en ello.
Esa es la realidad del tauhid, que el Imam manifestó como un pequeño ejemplo de aquello con lo que vienen los profetas y enviados divinos.

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