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EL SUCESO DE GADIR por Yafar Subhani- Una luz para la eternidad, capítulo LXII

Terminados los rituales del Hayy, donde los musulmanes aprendieron
los procedimientos de la verdadera peregrinación del santo Profeta éste
decidió partir hacia Medina. Se dio la orden de partida. Cuando la caravana
llegó al territorio de Raabeg, a tres millas de distancia de Yuhfa (una de las
“estaciones” o “miqats” donde se consagran los peregrinos), el fiel ángel de la revelación descendió justo en un punto llamado Gadir Jum para
comunicarle al Profeta la siguiente aleya: “¡Mensajero! Proclama lo que te
fue revelado por tu Señor, porque si no lo hicieras no habrás cumplido tu
misión. Mas Dios te protegerá de los hombres; porque Dios no ilumina a los incrédulos”. (5:67)

Los términos de este versículo indican que Dios había encomendado al
Profeta la transmisión de un asunto importante y de suma delicadeza, y ¿qué asunto podía ser más importante que la designación de Alí como Califa
(sucesor) ante los ojos de cien mil personas?

Se dio la orden de detener la caravana y los que llevaban la delantera
esperaron el arribo de los que estaban más rezagados. Era el mediodía y el
calor era muy intenso. Los creyentes colocaban una parte de sus mantos
debajo de sus pies y otra sobre sus cabezas. Además hicieron entre los
árboles una galería a fin de proteger al Profeta. Muhammad dirigió la oración del mediodía. Luego, mientras la multitud lo rodeaba, subió a un púlpito que le habían preparado con varias monturas de camello superpuestas, y en voz bien alta y expresiva dirigió una disertación a los presentes.

El sermón del Profeta en Gadir Jum.

“La alabanza pertenece a Dios, a Él le imploramos ayuda y a Él nos
encomendamos. En Él nos refugiamos de nuestras maldades y nuestros
pecados. Dios es la única guía y orientación y a quien Él encamina jamás se
desviará. Atestiguo que no hay más dios que El y que Muhammad es Su
Enviado. ¡Gentes! Es probable que muy pronto acuda a una invitación divina y me vaya de vuestro lado. Yo soy responsable de mis actos y vosotros lo sois de los vuestros. ¿Qué es lo que piensan de mí?”

Todos exclamaron: “Atestiguamos que tú has cumplido tu misión y has
luchado. ¡Dios te conceda una buena recompensa! ”

El Profeta (B.P.) preguntó: “¿Atestiguan que Dios es Único, que Muhammad es Su Enviado, y que no hay duda respecto al Paraíso, al infierno
y a la vida eterna en el otro mundo?”.
Respondieron: “Sí, lo atestiguamos”.
Agregó: “Dejo entre ustedes dos cosas valiosas y queridas. Ya veré como las trataréis”.
Alguien interrogó: “¿Cuáles son esas dos cosas a las cuales te refieres?”
Respondió: “Uno es el Libro de Dios y la otra mi familia y mi descendencia.”

“Dios el Altísimo me ha informado que estos dos legados jamás se
separarán. ¡Gentes! No pretendan adelantarse al Corán ni a mi descendencia, ni tampoco retrasarse. Si lo hicieran perecerían.”

Tomando entonces el brazo de Alí y levantándolo hasta que llegaron a verse las axilas de ambos, lo presentó y preguntó quién era el soberano y el conocedor de la felicidad de los creyentes más que ellos mismos, a lo que todos respondieron: “Dios y Su Enviado”.
Exclamó entonces el Profeta (B.P.): “Aquel de quien yo fuera su señor (maula: protector, guardián y maestro), Alí también es su señor” (y lo repitió tres veces).” ¡Dios! Ama a quien lo ame; protege a quien lo proteja, sé enemigo de su enemigo y amigo de su amigo. Trata con Tu ira a quien no lo ame, haz victorioso a quien lo haga, vencedor y humilla a quien lo humille, y conviértelo en el eje de la verdad”.

Vigencia y eternidad del suceso del Gadir.

La sabia Voluntad divina quiso que el acontecimiento de Gadir Jum
perdurara a lo largo de los siglos y las eras como una historia vital, atrayente
para los corazones y que en todas las épocas los autores islámicos hablaran a su respecto tanto en sus libros de exégesis coránica, como de historia, de
tradiciones y de teología; y que también los disertantes religiosos lo citaran en sus disertaciones y reuniones, considerándolo uno de los honores innegables del Imam. Y no sólo los disertantes (de las oraciones comunitarias de los viernes) sino también los poetas se inspiraron en este acontecimiento
volcándolo en sus obras con su talento literario, dejando las más excelentes
obras en diferentes idiomas. Por lo tanto podemos afirmar que este suceso
histórico, como muy pocos en el mundo, ha interesado a personas de todos
los niveles y capacidades, los narradores de tradiciones, los intérpretes del
Corán, los teólogos, los filósofos, los poetas y los historiadores. Uno de los
factores que hizo a la prevalencia del recuerdo de este acontecimiento fue la
revelación de dos versículos a su respecto, y mientras el Corán prevalezca,
jamás podrá borrarse este acontecimiento de las mentes de los hombres.

Ejemplo de lo que decimos es que antiguamente la comunidad islámica
y hasta nuestros días la comunidad shi’ita considera esta fecha una de las
grandes fiestas religiosas. Si recurrimos a los libros de historia constatamos
que el décimo octavo día del mes de Dhul Hiyya era conocido como el día de la fiesta del Gadir. Dice incluso Ibn Jalkan, al referirse a la época de
Almusta’la Ibn Mustansar: “En el año 487 de la Hégira, que corresponde a la fiesta del Gadir, la comunidad le dio la obediencia a Almusta’la Ibn Mustansar”.
También escribe respecto a Al Mustansar padre del califa mencionado: “En el año 487 Al-Mustansar falleció cuando restaban doce noches para la culminación del mes de Dhul Hiyyah. La noche de su fallecimiento coincidía con la fiesta del Gadir”

En su obra “Al-Asarul Baqiah” Abu Raihan Al-Biruni considera a la
fiesta del Gadir una de las más celebradas entre los musulmanes. Y también
Sa’alabi la considera una de las noches más famosas en la comunidad
islámica. La causa de la celebración tuvo lugar el mismo día del Gadir,
cuando el Enviado de Dios ordenó a los muhayirún (emigrados) y a los ansár (auxiliares de Medina) y también a sus esposas, dirigirse a la tienda de Alí y felicitarlo por la distinvión recibida. Relata Said Ibn Arqam: “De entre los
emigrados los primeros en visitar a Alí fueron Abu Bakr, Umar, Uzmán,
Talha y Zubair. Las felicitaciones y el ba’iat, (juramento de fidelidad)
continuaron hasta el ocaso.
Otros factores para la prevalencia del suceso.

Para aquilatar la importancia y validez de este suceso es suficiente
saber que fue transmitido por 110 compañeros del Profeta. Naturalmente esto no significa que de tantas personas sólo unas pocas lo hayan relatado, sino que sólo en los libros de la escuela sunnita figuran 110 de ellos. Es cierto
que el Enviado de Dios ofreció su disertación ante 100.000 personas, pero
también es cierto que la vasta mayoría de ellos pertenecía a los rincones más lejanos del Hiyaz, y que de ellos no se han transmitido dichos o actos
proféticos. Seguramente muchos de ellos lo hicieron pero la historia no pudo grabar sus nombres. En el caso de haber sido registrados, no han llegado
hasta nosotros.
Durante el siglo II de la era islámica, llamado “la era de los tabi’ún” (lit. “los seguidores”, es decir la segunda generación que conoció a los contemporáneos del Profeta, relataron dichos recibidos de ellos y 89 diferentes tabi’ún relataron también el acontecimiento del Gadir.
En los siglos siguientes los transmisores del suceso del Gadir pertenecieron a la escuela sunnita. Trescientos sesenta de ellos lo narran en sus respectivos libros, y un gran número de ellos confirma su veracidad y firmeza. En el siglo III, 93 sabios; en el siglo IV, 43 sabios, en el V, 24; en el VI, 20; en el VII, 21; en el VIII, 18; en el IX, 16; en el X, 14; en el XI, 12; en el XII, 13; en el XIII, 12; y en el XIV, 20, han relatado el suceso. Y a un grupo de éstos no le bastó con transmitido en sus obras, sino que también escribió libros respecto a la documentación y el contenido del mismo.

” El gran historiador islámico Tabari ha escrito un libro titulado Al-
Uilalat fi turuq hadizi-l-Gadir” (“La Uilaiat -primacía- en los senderos del
hadiz -narración- del Gadir”) en el cual transmite el suceso según 75
diferentes versiones. Ibn Aqade Al-Kufi, en su libro “Uilaiat” lo transmitió de 105 personas diferentes. Abu Bakr Muhammad Ibn Umar Al-Bagdadi,
conocido como Yamani, lo relata de acuerdo a 25 vías diferentes.

De los grandes Muhaddizín (recopiladores y transmisiones de tradiciones proféticas) podemos citar a: 1) Ahmad Ibn Hanbal Al-Sheibani,
quien relató el suceso basándose en 40 documentos provenientes de otras
tantas cadenas de transmisión; 2) Ibn Hayar Al-Asqalani (25 documentos); 3) Yazari Al-Shafi’i (80 documentos); 4) Abu Sa’id Al-Sayestani (120
documentos); 5) Amir Muhammad Al-Iamani (40 documentos); 6) An-Nisa’i (250 documentos); 7) Abul-Ala’ Al-Hamdani (100 documentos); y 8) Abul Irfán Al-Heban (30 documentos).

Independientemente de éstos, 26 historiadores han escrito libros
respecto del tema. Tal vez hayan existido otras personas que también lo
hicieron pero la historia no los ha registrado. Los sabios de la escuela shi’ita han escrito valiosos libros sobre este histórico acontecimiento. El más completo de ellos es “Al-Gadir”, escrito por la poderosa pluma del famoso autor islámico, el gran sabio y combatiente Ayatullah Amini. Y debe saber el lector que en este capítulo se ha aprovechado mucho de su obra.

La continuación del acontecimiento.
Luego de haber pronunciado su sermón, dijo el Profeta (s.): “¡Gentes! Acaba de descender el ángel de la revelación y reveló: “Hoy os he perfeccionado vuestra religión, os he agraciado generosamente y os elegido el Islam por religión. ” (5: 3)

Enseguida se alzó la voz del Profeta (s.) pronunciando el takbir (¡Dios es el Más Grande!) y agregó: “Agradezco a Dios que perfeccionó su religión y nos agració con Sus mercedes, y se satisfizo por la sucesión y la herencia de Alí después de mí”. Luego descendió del púlpito y ordenó a Alí dirigirse a una tienda para qué los grandes lo felicitaran y realizaran la ba’iat, es decir el juramento de lealtad a su willayah o gobierno.
Antes que nadie Al-Sheijan (los dos Sheij: Abu Bakr y Umar) lo felicitaron y lo denominaron su maulá (señor y maestro).

Aprovechando la oportunidad y luego de pedir permiso al Profeta, el poeta islámico Hisan Ibn Zabit le compuso allí mismo algunos versos que recitó en presencia del Mensajero de Dios. He aquí dos de sus versos:

“Dijo a Alí: Levántate, ¡Oh Alí!, Que estoy satisfecho con tu sucesión y tu liderazgo después de mí.

“De quien soy su señor, Alí es su señor. Síganlo y ámenlo sinceramente”.

A lo largo de la historia este acontecimiento fue la más grande prueba
del honor y el privilegio de Alí por sobre todos los otros discípulos del
Profeta (B.P.). El Príncipe de los creyentes, en la reunión del consejo del
califato formada tras el fallecimiento del segundo califa, y también durante el califato de Uzmán y en su propio califato, también se apoyaba en este hecho.
Otras personalidades del Islam lo utilizaron para refutar a quienes rechazaban los derechos de Alí (a.s.)

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