Iraq/terrorismo

Carnicería en la huida del Daesh

© REUTERS Vehículos destrozados en Zanjili, Mosul, tras la lucha entre las fuerzas iraquíes y el IS. / REUTERS.

“Nos dijeron que el ejército había abierto un corredor humanitario junto a la fábrica de Pepsi. Y salimos hacia allá en grupos de 300 personas. Cuando llegamos, había francotiradores del Daesh [acrónimo en árabe del Estado Islámico] por todas partes. Abrieron fuego y la gente comenzó a correr sin mirar atrás. En la huida las madres perdieron a sus hijos y las familias se dividieron”. Así relata, en conversación con EL MUNDO, Mohamed el Obeidi la huida del barrio de Zanjili que los combatientes del IS transfiguraron en una carnicería. Más de 200 vecinos del distrito, uno de los últimos en manos yihadistas en el oeste de Mosul, perecieron bajo las ráfagas de disparos, según datos confirmados por la ONU.

Mohamed, de 27 años, logró sortear el plomo junto a su esposa e hijos. “Fue una trampa. Los medios de comunicación nos proporcionaron información falsa y las fuerzas de seguridad iraquíes no protegieron el pasillo humanitario. Una familia del barrio perdió hasta 15 miembros”, evoca este padre de familia, alojado desde hace días en la vivienda de unos parientes en la zona liberada de la segunda ciudad de Irak. “La masacre -precisa- tuvo lugar en una zanja creada por los bombardeos de la coalición internacional para evitar el paso de los coches bomba del Daesh. Para escapar era necesario cruzarla”. El suceso se registró el pasado 1 de junio pero durante días los combates cancelaron la evacuación de los 163 civiles asesinados a sangre fría por las huestes del califato. “Había cadáveres en cualquier rincón. La gente que trataba de huir llevaba encima todo el dinero y el oro que les quedaba. Todas las pertenencias han permanecido desde entonces esparcidas por la calle”, desliza Mohamed.

Matanza de mujeres y niños

El IS, que durante los últimos tres años ha impuesto el terror público de ejecuciones, decapitaciones o lapidaciones, ha dado orden de liquidar a todos aquellos civiles que intenten abandonar el cada vez más menguante territorio bajo su yugo. “Sus militantes saben que son sus últimos días en Mosul y están dispuestos a derramar toda la sangre que puedan. Matar civiles, incluidos mujeres y niños, se ha convertido en una reacción a su derrota”, denuncia a este diario Mustafa Saadun, director del Observatorio Iraquí para los Derechos Humanos. “El testimonio de los heridos provoca pánico. Hay quienes no pueden creer que hayan podido sobrevivir. Una mujer, por ejemplo, recuerda el zumbido de las balas sonando a su alrededor. Por puro milagro los disparos solo le hirieron en la pierna y el hombro”, detalla el activista, muy crítico con la actuación de las fuerzas de seguridad iraquíes y la coalición occidental que bombardea los últimos enclaves del IS en la urbe.

“Tienen que hacer todo lo que esté a su alcance para proteger las vidas civiles y evitar que se enfrenten a esta aniquilación”, suplica Saadun. “Es probable -advierte- que en los próximos días lleguen noticias de nuevos asesinatos“. A la cifra de fallecidos se suma, además, un “número indeterminado” de civiles desaparecidos que podría disparar las bajas. Dos días después de la primera fechoría, francotiradores del IS apostados en las azoteas de las viviendas de Zanjili mataron a otros 41 habitantes que emprendían el éxodo rumbo a las posiciones de las fuerzas del orden iraquíes. Bagdad, que hasta ahora había instado a los residentes a resistir en sus hogares a las escaramuzas y los bombardeos, ha arrojado en las últimas semanas pasquines animando a inaugurar la desbandada.

Los extremistas, por su parte, han redoblado la caza de civiles que planean la espantada. “Cuando reciben informes de intentos de fuga, arrestan a los acusados. Su destino inmediato es la ejecución”, apunta el máximo responsable del Observatorio. A finales de mayo, en otra tragedia poco conocida, los barbudos confinaron a nueve civiles en el sótano de un hospital. Los arrestados fueron fusilados cuando las tropas gubernamentales se aproximaron al complejo. A pesar del riesgo, el reguero de caídos y heridos ha empujado a otros cientos a urdir la huida. “En las 48 horas siguientes a los sucesos hasta 5.000 personas alcanzaron los campamentos de desplazados cercanos y decenas fueron atendidas en los hospitales próximos”, apunta a este diario Sheruán Alduberdani, un activista local. Alejado del peligro, Mohamed elabora el luto por los parientes que corrieron peor suerte. “Mi familia ha perdido a tres miembros, entre ellos, una mujer. Todos los demás, incluidos los heridos, escapamos del corredor raptando por el suelo. Es terrible”.

 

Fuente: http://www.msn.com/es-es/noticias/internacional/carnicer%C3%ADa-en-la-huida-del-estado-isl%C3%A1mico/ar-BBCxiJY?li=BBpmbhJ&ocid=mailsignout#image=1

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