Libia/terrorismo/Unión Europea

Ricardo Gatti: “Todas las mujeres que rescatamos han sido violadas”

Ha pasado poco más de dos años de la foto de la vergüenza. La de Aylan Kurdi, el niño sirio tendido boca abajo en una playa turca, la foto que debía ser para Europa lo que la niña del napalm para EEUU. Hoy, la UE sigue lejos de las cifras de acogida prometidas y la movilización civil es casi el único salvavidas que pueden encontrar los cayucos que surcan el Egeo y el Mediterráneo central. De la foto de Aylan surgió Proactiva Open Arms, una de las pocas ONG que quedan trabajando sobre el terreno y lidiando a partes iguales con traficantes de personas y una Europa cada vez más hostil a la inmigración. El mallorquín Ricardo Gatti es su jefe de misión. Hoy da una charla en la UIB, Respuesta ciudadana de denuncia y de defensa de los derechos humanos en el mar Mediterráneo. Un nuevo esfuerzo en la guerra por la concienciación.

Pregunta.- ¿Nos hemos olvidado ya de Aylan?

Respuesta.- La foto de Aylan llevó a la fundación de Proactiva Open Arms y causó mucho revuelo social; si realmente se siguiera informando y ofreciendo imágenes sobre lo que está ocurriendo la gente se enfadaría mucho más. El problema no es la gente, sino los que quieren que estas imágenes se olviden o no aparezcan más. Las instituciones han pasado de estar ausentes en el Mediterráneo a ser hostiles con las ONG.

P.- El trabajo de los cooperantes está siendo cada vez más difícil…

R.- Bueno, a nosotros nos han atacado a nivel político y judicial, nos han disparado, nos han intentando secuestrar… De doce barcos que teníamos trabajando allí (de una decena de ONG) sólo quedan tres. La gente ha ido dejándolo, después de los disparos, los ataques…

P.- Usted vivió uno de esos episodios este mismo verano, cuando guardacostas libios retuvieron durante dos horas su embarcación y les amenazaron de muerte.

R.- Estábamos en aguas internacionales, vinieron y dispararon al aire. Nos pidieron autorización del gobierno libio para navegar allí, algo que no es necesario en aguas internacionales. Nos dijeron que debíamos seguirles a Trípoli o abrirían fuego contra nosotros. Duró un par de horas. Llamamos a todas las autoridades italianas que pudimos y no obtuvimos ninguna respuesta. Al final nos dijeron que nos fuéramos y que si nos volvían a ver nos matarían. Los llamamos «guardacostas» por darles un nombre pero en realidad son los propios traficantes, milicias. Se calcula que hay unas 1.700 en Libia. Lo peor es que están siendo entrenados, dirigidos y pagados por Europa a través de los tratados entre Roma y Trípoli.

P.- ¿Qué papel está jugando el auge de la xenofobia y de la ultraderecha europea?

R.-Desde la extrema derecha nos han acusado de querer subvertir al equilibrio religioso de Europa a través de la inmigración. La verdad es que el año pasado era todo mucho más fluido, no había empezado esta campaña contra las ONG. En diciembre del año pasado, Ricardo García Vilanova [fotoperiodista freelance experto en Libia y que fue rehén del Daesh en Siria] nos dijo que tenía información de que Europa iba a pagar unas milicias para «darnos unos sustos». No sé quién está detrás pero lo que nos dijo es justo lo que está pasando.

P.- Al ministro Zoido le llovieron palos por insinuar que las ONG favorecían la inmigración ilegal. ¿Se sienten más o menos solos?

R.-Yo puedo incluso llegar a entender que un medio de comunicación con una ideología determinada pueda decir cosas, pero un ministro… Con su responsabilidad y con la repercusión que tiene el mensaje que da… Son acusaciones muy graves. ¿Qué negocio van a hacer las ONG con los inmigrantes?

P.- ¿Cuánta gente han rescatado desde sus embarcaciones?

R.-Unas 25.000 personas desde julio de 2016.

P.- ¿Y tienen idea de cuánta gente ha podido quedarse por el camino?

R.- Este año se encontraron 5.000 cadáveres en el mar, pero hay muchos más de los que nunca se sabrá. No se puede saber. Lo que está claro es que con los embarcaciones en las que los meten ahora si no son rescatados no tienen ninguna posibilidad de sobrevivir. Y la gente que los mete allí ya saben que no van a llegar: son barcos de 15 metros con un motor de 20 caballos.

P.- Por eso ya no se encuentran traficantes en las pateras.

R.-No. Ya no te los encuentras. Ellos saben que esta gente no llega. Los echan a la mar y a la mierda. Ellos no se arriesgan.

P.- ¿Cómo son los primeros momentos de un rescate?

R.-El trabajo es como muy automático: dividimos a hombres y mujeres y luego vamos viendo si están mojados o huelen a gasolina, porque la mezcla entre gasolina y agua de mar se convierte en sosa cáustica, que es corrosiva y puede causar quemaduras químicas en la piel. Que estén mojados en verano no es un problema, pero ya en otoño puede haber hipotermias. Lo primero que hacemos es taparlos a medida que vamos embarcando a más gente. Es un trabajo muy bestia porque la gente se nos va, se va muriendo en ese momento.

P.- ¿En qué estado psicológico los encuentran?

R.-El 100% de las mujeres de las mujeres que rescatamos han sido repetidamente violadas. Y subrayo «repetidamente». Un 74% de los hombres también han sido violados. Ellos no te lo dicen nunca pero los ves: son chicos jóvenes, de 18 o 20 años… Algunos no se pueden ni sentar. Es una técnica de tortura: el hecho de que te violen y te graben con esas imágenes no solo hace caer tu honor, también el de tu familia y el de toda tu comunidad. Es una manera más contundente de lograr el dinero. Tenemos la norma de no interactuar con las mujeres, sólo puede hacerlo el equipo médico. Las tocan y ves cómo se estremecen. Hemos tenido casos de gente en estado catatónico por toda esa violencia. El 64% de las personas ha visto cómo han matado a un compañero o una compañera de viaje.

P.- Y ustedes denuncian que sus torturadores son los mismos que les amenazaron a ustedes, los mismos con los que pacta Europa.

R.-Siempre lo hemos denunciado. La gente que rescatamos nos cuenta que los traficantes y los torturadores son los mismos policías y los mismos guardacostas: allí no hay buenos y malos, están todos metidos en el mismo saco. Hay que pensar que el 30% del PIB de Libia procede del tráfico de personas.

P.- ¿Tienen conciencia del riesgo cuando se embarcan? ¿Saben siquiera a dónde van?

R.-No, ellos simplemente están huyendo. Huyen de sus países, de Boko Haram, del ISIS, de tradiciones tribales como la ablación, de la pobreza, de persecuciones, de todo. Y luego está Libia. Los de Libia huyen de Libia. Allí es todo brutal.

P.- ¿Llevan periodistas a bordo?

R.-Sí, dos periodistas siempre. Van recogiendo testimonios de la gente y con ellos vamos aprendiendo todos los motivos por los que huyen. Un chaval de Eritrea que había huido de la dictadura de su país fue encarcelado en Libia y vendido a los traficantes. Le hacían llamar por teléfono a su familia mientras le daban palizas para que fuera más convincente pidiendo que pagaran el rescate. Cuando logró pagar, lo llevaron a él y a todo su grupo a un descampado donde los entregaron a otros traficantes. Un intercambio. Tuvo que volver a pagar.

P.- ¿Cuánto pueden llegar a pagar por el viaje?

R.-En el caso de este chico fueron 6.500 dólares y creo que es lo máximo que yo he escuchado, pero incluyendo viaje y rescates. La tarifa del viaje depende siempre del lugar del que uno viene. Por ejemplo, saben que los de Siria tienen normalmente más dinero, por eso le piden más. He visto gente subsahariana que ha pagado 400 dólares y gente de Bangladesh que había pagado 2.500.

P.- ¿Combatir el tráfico de personas es cuestión de voluntad política o es un problema más profundo?

R.-No creo que sea un problema tan profundo. Si la sociedad civil se ha podido unir y hacer operaciones de rescate para que esta gente no muera ahogada eso significa que se pueden hacer más cosas. Las cuotas de refugiados que Europa prometió acoger no se han cumplido. Fue un farol. Realmente solo haría falta voluntad política pero no la hay. Europa no quiere afrontar este problema. Y las soluciones que ponen en marcha son medidas criminales, como los acuerdos con las milicias libias que son precisamente los que trafican con las personas.

P.- En Baleares se ha acogido menos de la mitad de los 300 refugiados previstos…

R.-Estoy casi siempre fuera pero sé que se han ido haciendo cosas, sobre todo por parte de la sociedad civil. Hemos montado aquí en Palma un grupo que se llama Apoyo al Refugiado y se va haciendo. Sé que ha habido bastantes críticas con la gestión del centro de acogida del Arenal porque es todo muy limitado. Hay municipios en Baleares y otras comunidades que tratan de implicarse pero el Gobierno no les deja.

P.- ¿Cómo ve el futuro de su ONG y del resto en 2018?

R.-No lo sé. Tengo claro que harán de todo para cerrar la puerta. Lo hicieron enTurquía y lo harán aquí también, vendiéndolo como la mejor solución posible. Supongo que llegará un día que nos echarán de allí. Mientras tanto seguiremos trabajando. Y tenemos constancia de que el flujo está cambiando: en Mallorca se han recibido 19 pateras en 2017 por sólo tres el año anterior. En España creo que el flujo se ha incrementado un 400%. Hay niños de 15 años que llevan tres años viajando, que han cruzado el desierto… La necesidad de la gente de huir no va a cambiar. Puedes poner un tapón pero saldrá por otro lado porque la gente quiere escapar de ahí.

 

Fuente: http://www.elmundo.es/baleares/2017/12/21/5a3b76d846163fb53a8b459c.html

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