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10 de rayab del 195 h. nacimiento del Imam Muhammad Al-Yawad a.s.

Capítulo VIII

Imam Muhammad ibn Alí al-Yawád

de la obra Kitáb al-Irshad del Sheyj Al-Mufíd

8/1  Mención del Imam que vino tras Abu Al-Hasan Alí ibn Musa, la paz sea con ambos, la fecha en que nació, las pruebas de su Imamato y algunas noticias que hablan de ello, los años que vivió, la duración de su califato, la edad que alcanzó, la fecha de su muerte y las causas de la misma, el lugar en que se encuentra su tumba, el número de sus hijos y una breve selección de los relatos que hablan de él

            El Imam que vino tras Ar-Rida Alí ibn Musa, la paz sea con él, fue su hijo Muhammad ibn Alí Al-Mortadá, conforme a lo que dejó establecido e indicado su padre sobre él y conforme a la perfección de sus virtudes.

            Nació el mes de Ramadán del año ciento noventa y cinco de la hégira en la ciudad de Madián y murió en Bagdad, el mes de Dul Qaada de año doscientos veinte, a los veinticinco años de edad.

            El periodo como heredero de su padre y de su Imamato, tras el fallecimiento de aquel, fue de diecisiete años y su madre fue Sabíka una mujer Nubia que había sido esclava.

***

8/2  Mención de algunos testimonios de su padre indicando el Imamato de Abu Yafar Muhammad ibn Alí, la paz sea con ambos

            Algunos de quienes relataron los testimonios de Abu Al-Hasan Ar-Rida designando Imam a su hijo Abu Yafar, la paz sea con él, fueron Alí ibn Yafar ibn Muhammad As-Sádeq, Safuán  ibn Yahia, Maamar ibn Jalád, Al-Husein ibn Yasár, Ibn Abu Nasr al-Bizantí, Ibn Qiyámá al-Wásití, Al-Hasan ibn al-Yahim, Abu Yahia as-Sanaání, Al-Jayrání y Yahia ibn Habíb Az-Zayát,  entre otros muchos cuya mención haría muy largo este libro.

            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Alí ibn Ibrahím ibn Háshim, de su padre, y de Alí ibn Muhammad al-Qásání, que Zakariá ibn Yahia ibn An-Nuumán dijo:

«Escuché a Alí ibn Yafar ibn Muhammad hablarle a Al-Hasan ibn Al-Huseyn ibn Alí ibn Al-Huseyn y entre las cosas que le dijo estaban las siguientes: «Dios auxilió a Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, cuando sus hermanos y tíos le trataron injustamente.»

            E hizo un relato muy largo que terminaba diciendo:

«Así que yo fui y tome la mano de Abu Yafar Muhammad ibn Alí Ar-Rida, la paz sea con él, y le dije: «Doy testimonio de que tú eres Imam ante Dios.»

Entonces, Ar-Rida, la paz sea con él, lloró y dijo:

«¡Oh hermano de mi padre! ¿Acaso no escuchaste a mi padre decir: «Dijo el Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, a mi padre (Alí ibn Abu Táleb) que el hijo de la mejor de la mujeres de la Nubia hechas esclavas sería uno de sus descendientes. Él sería perseguido, exilado, privado de su padre, su nieto sería el Imam que se ocultaría y del que se diría que había muerto, que le habían matado o cualquier otro pretexto semejante?»

            Yo le dije: «Has dicho la verdad. Doy mi vida por ti.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Muhammad ibn Yahia, de Ahmad ibn Muhammad, que Safuán ibn Yahia dijo:

            «Dije a Ar-Rida, la paz sea con él: «Nosotros te preguntábamos, antes de que Dios te diese a Abu Yafar, y tú decías: «Dios me dará un hijo.»

            Ahora, Dios te lo ha dado y nuestros ojos se alegran con él. Le pedimos a Dios que nunca nos haga presenciar el día en que no estés entre nosotros, pero si algo ocurre ¿Sobre quién recaerá el Imamato?

            Él señaló con su mano a Abu Yafar que se encontraba de pie ante él.

            Yo dije: «¡Doy mi vida por ti! ¡Es un niño de tres años!»

            Él dijo: «Eso no le perjudica. Jesús dio pruebas de su misión siendo un niño con menos de tres años de edad.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Muhammad ibn Yahia, de Ahmad ibn Muhammad ibn Isa, en la autoridad de Maámar ibn Jalád, quien dijo:

            «Una vez que yo mencioné algo, escuche a Ar-Rida, la paz sea con él, decir: «¿Qué necesidad tenéis de eso? Aquí tenéis a Abu Yafar, al cual he hecho estar presente en mis reuniones y al cual dejaré en mi lugar.»

            Y añadió: «En verdad, nosotros somos la gente de la casa profética. Nuestros jóvenes heredan de nuestros mayores la misma función exactamente.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de algunos de nuestros compañeros, de Ahmad ibn Muhammad, de Yafar ibn Yahia, de Málek ibn Háshim, que Al-Huseyn ibn Yasár dijo:

            «Ibn Qiyámá escribió una carta a Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, en la que le decía: «¿Cómo nos asegurarás el Imamato si no tienes hijos?»

            Y Abu Al-Hasan le respondió: «¿Cómo sabes que yo no tendré hijos? Juro por Dios que no pasarán muchos días sin que Dios me otorgue un hijo que distinguirá entre la verdad y la falsedad.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de algunos de sus compañeros, de Muhammad ibn Alí, de Muawia ibn Hakím, que Ibn Abi Nasr al-Bizantí dijo:

            «Me dijo Ibn An-Nayáshí: «¡Quién será el Imam después de tu señor?»

            Yo quise entonces preguntarle sobre ello para saberlo y fui a ver a Ar-Rida, la paz sea con él y se lo dije.

            Él me dijo: «El Imam será mi hijo.»

            Pero entonces él no tenía hijos.

            Entonces, dijo: «¿Puede ser creíble alguien que dice «mi hijo» cuando no tiene hijos?»

            Todavía no había nacido Abu Yafar, la paz sea con él, pero no pasaron muchos días antes de que naciese. ¡Que Dios le bendiga!»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Ahmad ibn Muhammad, de Muhammad ibn Alí, que Ibn Qiyámá al-Wásití, dijo: «Fui a ver a Alí ibn Musa y le dije: «¿Es posible que existan dos Imames?»

            Él dijo: «No. A no ser que uno de ellos permanezca en silencio.»

            Yo le dije: «¿Cómo es que tú no tienes uno que permanezca en silencio?»

            Él me dijo: «Juro por Dios que Dios me otorgará uno que establecerá la verdad y a quienes estén con ella y eliminará la falsedad y a su gente.»

            En ese momento no tenía hijos, pero un año después le nació su hijo Abu Yafar, la paz sea con él.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Ahmad ibn Muhammad, de Muhammad ibn Alí, que Al-Hasan ibn Al-Yaham dijo:

            «Estaba en una reunión con Abu Al-Hasan, la paz sea con él, he hizo llamar a su hijo, que era entonces un niño pequeño, le hizo sentarse en mi regazo y me dijo: «¡Levanta su camisa!»

            Así lo hice. Entonces, me dijo: «¡Observa lo que tiene entre sus hombros!»

            Entonces, vi en uno de sus hombros algo parecido a un sello en el interior de su carne.

            Entonces, me dijo: «¿Lo has visto? Mi padre, la paz sea con él, tenía uno semejante en el mismo sitio.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Ahmad ibn Muhammad, de Muhammad ibn Alí, que Abu Yahia as-Sanaání dijo:

            «Estaba con Abu Al-Hasan, la paz sea con él, y trajeron a su hijo Abu Yafar, la paz sea con él, que era todavía un bebé y él me dijo: «Éste es un nacimiento como no existe otro nacimiento semejante entre nuestros seguidores debido a la inmensidad de sus bendiciones.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Al-Huseyn ibn Muhammad, de Al-Jairání, que su padre dijo: «Me encontraba en presencia de Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, en Jorasán y alguien dijo: «¡Oh señor! Si te sucediese algo ¿A quién seguiríamos?»

            Él dijo: «A Abu Yafar, mi hijo.»

            El que había preguntado le hizo ver que Abu Yafar era un niño, Abu Al-Hasan dijo: «En verdad, Dios, glorificado sea, envió a Jesús hijo de María como mensajero, profeta y portador de una norma jurídica revelada, cuando era un niño de una edad aun menor que Abu Yafar, la paz sea con él.»

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            Me informó Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Alí ibn Muhammad, de Sahl ibn Ziyad, de Muhammad ibn al-Walíd, que Yahia ibn Habíb  az-Ziyát dijo: «Uno que estaba sentado junto a Abu Al-Hasan, la paz sea con él, me informó que, cuando la gente vino a él, Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, les dijo: «Id a ver a Abu Yafar, saludadle y estableced con él un pacto de lealtad.»

            Cuando la gente se fue, se volvió hacia mí y dijo: «Que Dios tenga misericordia de Al-Mufaddal, pues, en verdad, él habría estado satisfecho también sin que yo le hubiese indicado tal cosa.»

***

8/3   Algunas noticias relativas a las virtudes de Abu Yafar, la paz sea con él, a las pruebas de su Imamato y a sus milagros

Al-Mamún sentía predilección por Abu Yafar, la paz sea con él, a causa de las superiores virtudes que le adornaban a pesar de sus pocos años, de la madurez de sus conocimientos, de su sabiduría, de sus conocimientos literarios y de la perfección de su intelecto, que no era igualada por ninguno de los sabios de su época. Por ello le casó con su hija Umm al-Fadl y Abu Yafar la llevó con él a Medina.

Al-Mamún tuvo con él abundantes muestras de amabilidad, le honró y le otorgo rango y posición.

            Relató Al-Hasan ibn Muhammad ibn Suleiman, de Alí ibn Ibrahím ibn Háshem, de su padre, que Ar-Rayán ibn Shabíb dijo:

            «Cuando Al-Mamún quiso casar a su hija Umm ul-Fadl con Abu Yafar Muhammad ibn Alí, la paz sea con él, las noticias de aquello llegaron a los Abásidas, haciéndoles actuar de manera equivocada y llenándoles de arrogancia.

            Temieron que el poder terminase en sus manos, de la misma manera en que había terminado en manos de Ar-Rida, la paz sea con él, así que se pusieron en acción, reunieron a los miembros cercanos de la familia y le dijeron:

«¡Oh Gobernador de los Creyentes! Le pedimos a Dios que no sigas adelante con ese plan que tienes de casar al hijo de Ar-Rida, ya que tememos que, con ello, escape de nosotros la posición que Dios nos ha otorgado y el poder del que nos ha investido, pues tú bien sabes lo que hay entre nosotros y esa gente, desde antaño y actualmente, y la política que siguieron los califas rectamente guiados, antes de ti, de mantenerles apartados del poder y empequeñecidos. Lo que hiciste con Ar-Rida nos llenó de temor, hasta que Dios nos lo solucionó.

            Así que, le pedimos a Dios que nos evite volver a padecer los temores de los que habíamos escapado.

            Cambia de parecer sobre el hijo de Ar-Rida y considera quién puede ser apropiado para casarle con tu hija, entre los miembros de tu familia exclusivamente.»

            Al-Mamún, entonces, les dijo: «Vosotros sois los culpables de los que hay entre vosotros y la familia de Abu Táleb y si cambiaseis vuestra actitud hacia ellos sería mejor para vosotros.

En cuanto a lo que les hicieron quienes estuvieron antes que yo, eso fue un acto que rompió las relaciones de parentesco y yo me refugio en Dios de hacer algo parecido.

            Juro por Dios que no me arrepiento de haberle pedido a Ar-Rida que asumiese el califato Yo le pedí que tomase el poder y yo se lo cedería y fue él quien lo rechazó y lo que sucedió fue un asunto determinado por Dios.

            En cuanto a lo que tiene que ver con Abu Yafar Muhammad ibn Alí, yo le he escogido por su superioridad respecto a toda la gente virtuosa, tanto en conocimientos, como en virtudes, a pesar de su corta edad y lo sorprendente que ello resulta. Y espero que él se muestre a las gentes para que ellas conozcan todo eso de él y sepan la razón por la que yo le he escogido y vean lo que yo he visto en él.»

            Entonces, ellos dijeron: «Ese niño, aunque te haya fascinado, necesita aun ser guiado, pues no deja de ser un niño sin conocimientos y sin formación en las leyes religiosas. Así pues, se prudente y espera a que sea formado y pueda alcanzar un mayor conocimiento de las leyes religiosas y, después, haz lo que consideres conveniente.»

            Él les dijo: «¡Ay de vosotros! Yo conozco quien es este joven en comparación con vosotros. Él es de la familia cuyo conocimiento procede de Dios, que Le aman y a quienes Él inspira. Sus antepasados fueron todos ellos muchos más ricos en conocimientos religioso y generales que el resto, que carecían de ese grado de perfección.

            Así pues, si queréis, examinadle, para que os deje claro lo que yo os he expuesto sobre su condición.»

            Ellos le dijeron: «Estamos de acuerdo contigo ¡Oh Gobernador de los Creyentes!  Le examinaremos. Permítenos pues que designemos a alguien que le interrogue, ante ti, sobre algunos temas de jurisprudencia. Si responde acertadamente, no nos opondremos a él y evidenciará a los sabios y a la gente en general el acertado criterio del Gobernador de los Creyentes. Y si no es capaz de hacerlo, eso será suficiente para demostrar lo acertado de nuestras palabras.»

            Al-Mamún les dijo: «Podéis hacerlo cuando queráis.»

            Ellos se fueron y se pusieron de acuerdo en que fuese Yahia ibn Akzam quien, en aquellos días, era juez supremo, para que le plantease una cuestión  que no supiese responder y le prometieron que por ello le darían mucho dinero.

            Regresaron junto a Al-Mamún y le pidieron que fijase un día para la reunión y él así lo hizo.

            El día señalado se reunieron con él y con ellos se presentó Yahia ibn Akzam. Al-Mamún ordenó que colocasen un asiento de honor para Abu Yafar, la paz sea con él, con dos cojines, y así se hizo.

            Llegó Abu Yafar, la paz sea con él, que en aquellos tiempos era un niño de nueve años, y se sentó entre los cojines y Yahia ibn Akzam se sentó frente a él. Todos los demás se sentaron conforme a sus rangos y Al-Mamún se sentó junto a Abu Yafar, la paz sea con él.

            Yahia ibn Akzam dijo a Al-Mamún: «¿Me concede permiso el Gobernador de los Creyentes para que pregunte a Abu Yafar?»

            Y Al-Mamún le dijo: «Te concedo permiso para ello.»

            Yahía ibn Akzam se volvió hacia él y le dijo:«¡Doy mi vida por ti! ¿Me das tu permiso para hacer una pregunta?»

            Y Abu Yafar, la paz sea con él, le respondió: «Pregunta si lo deseas.»

            Yahia ibn Akzam dijo: «¡Doy mi vida por ti! ¿Qué dirías de un peregrino que estando consagrado con las ropas de la peregrinación caza a un animal y le mata?»

            Abu Yafar le dijo: «¿Le mató en el área del recinto sagrado o fuera de ella? ¿Sabía que eso estaba prohibido o lo ignoraba? ¿Le mato intencionadamente o por error? ¿El peregrino era un hombre libre o esclavo? ¿Era menor o mayor? ¿Era experto en la caza o inexperto? ¿El animal cazado era un ave o era otro tipo de animal? ¿Era un animal pequeño o grande? ¿Se arrepintió de lo que hizo o no? ¿Era de noche cuando lo cazó o era de día? ¿Cuándo le mató estaba consagrado para la peregrinación menor o para la mayor?»

            Yahia ibn Akzam quedó demudado y en su rostro se reflejó la impotencia y el desconcierto. Comenzó a temblar de tal manera que todo el mundo se dio cuenta de ello.

Entonces, Al-Mamún dijo: «¡Alabado sea Dios por esta merced y por el acierto de mi juicio!»

            Luego, mirando a la gente de su familia, les dijo: «¿Reconocéis ahora lo que negabais?»

            Después, se volvió hacia Abu Yafar, la paz sea con él, y le dijo: «¡Oh Abu Yafar! ¿Nos dirás unas palabras?»

            Él dijo: «Sí ¡Oh Gobernador de los Creyentes!»

            Y Al-Mamún le dijo: «¡Doy mi vida por ti! Hablanos.

Yo estoy satisfecho de ti y te casaré con mi hija Umm Al-Fadl aunque a la gente le disguste.»

            Abu Yafar, la paz sea con él, dijo: «¡Proclamamos alabanzas a Dios por sus mercedes! ¡No existen más dioses que Dios! ¡Único en Su unidad! Y las bendiciones de Dios sean con Muhammad, el señor de Su creación, y con los puros de su descendencia.

            Uno de los favores de Dios para la humanidad ha sido el beneficiarles con el conocimiento de lo que es lícito y lo que es ilícito, pues Él ha dicho:

            Y casad a quienes estén solteros de vuestra gente y a vuestros esclavos y esclavas en condiciones de contraer matrimonio.  Si son pobres, Dios les enriquecerá con Su favor.  Y Dios todo lo abarca,  todo lo conoce[1]

            Por ello, Muhammad ibn Alí ibn Musa pide en matrimonio a Umm Al-Fadl hija de Abdel lah Al-Mamún y le asigna la misma dote de matrimonio que recibió su abuela, Fátima hija de Muhammad, la paz sea sobre ambos, que fue de quinientos dirhams de primera calidad.

¡Oh Gobernador de los Creyentes! ¿Estás conforme en casarle con ella por esta dote mencionada?»

            Al-Mamún dijo: «Sí. Abu Yafar te desposo con Umm Al-Fadl, mi hija, por la dote mencionada. ¿Aceptas el matrimonio?»

            Abu Yafar dijo: «Lo acepto y estoy satisfecho de ello.»

            Entonces, Al-Mamún ordenó que las gentes se sentasen conforme a sus rangos, los principales y la gente común.

            Dijo Ar-Rayán: «Al momento escuchamos cantos parecidos a los cantos de los marineros. Entonces, aparecieron unos sirvientes llevando un  barco hecho de plata, con cuerdas de seda, montado sobre un carromato lleno de perfumes de almizcle y ambas gris.

            Al-Mamún ordenó que perfumasen la barba de los nobles  con aquel perfume y luego se pusiese a disposición de la gente común para que ellos mismos se perfumasen con él y se colocaron mesas para que comiesen las gentes y se repartieron regalos a todos, conforme a la posición de cada cual.

            Cuando las gentes se hubieron dispersado y ya sólo quedaban algunos de los cercanos a la corte, Al-Mamún dijo a Abu Yafar: «¡Doy mi vida por ti! Si te parece bien, explícanos la jurisprudencia correspondiente a los casos que has desarrollado sobre el muhrim [2]que mata a un animal, para que lo sepamos y nos beneficiemos de ello.»

            Abu Yafar, la paz sea con él, dijo: «Sí. Cuando el muhrim mata al animal fuera del área que pertenece al entorno sagrado de la Casa de Dios y el animal es un ave adulta, debe sacrificar, en compensación, una oveja y si lo hizo en el entorno sagrado, la penalización será el doble.

            Si  era un ave joven y la mató fuera del entorno sagrado, deberá sacrificar un cordero joven que ya no mame leche. Si fue dentro del entorno sagrado, deberá sacrificar el cordero y pagar el precio del ave.

            Si era un animal salvaje y era un asno salvaje, deberá sacrificar una vaca y si era un avestruz deberá sacrificar un camello. Si era una gacela deberá sacrificar una oveja. Y si mato algo de ello dentro del entorno sagrado, la multa será el doble y debe sacrificarse en La Caaba.

            Si lo que cazó obliga al muhrim a sacrificar un animal y su consagración era para la peregrinación mayor (hach) deberá sacrificarlos en Miná, si su consagración era para la peregrinación menor (umra) deberá hacerlo en La Meca.

            La multa para quien sabía que la caza era un acto prohibido es la misma que para quien lo ignoraba. Si lo hizo deliberadamente cometió un pecado. Si lo hizo por error no cometió pecado.

            La penalización para el hombre libre deberá pagarla él mismo, pero la del esclavo deberá pagarla su amo.

            El menor no tiene penalización pero el adulto deberá pagarla obligatoriamente.

            Quien se arrepiente de lo que hizo se libra del castigo en la otra vida, pero el pertinaz será necesariamente castigado por ello en la otra vida.»

            Entonces, Al-Mamún le dijo: «¡Excelente! ¡Oh Abu Yafar! Dios te ha otorgado excelencia.

            Si lo crees oportuno, puedes preguntarle a Yahia, de la misma manera que él te ha preguntado.»

            Abu Yafar, la paz sea con él, dijo entonces a Yahia: «¿Te pregunto?»

            Yahia dijo: «¡Doy mi vida por ti! Haz lo que creas conveniente. Si se la respuesta a lo que me preguntes te responderé y si no, me beneficiaré de tu conocimiento.»

            Entonces, Abu Yafar le dijo: «Infórmame sobre un hombre que mira a una mujer al principio del día y su mirada a ella era ilícita, pero al avanzar la mañana fue lícita. Al medio día era ilícita pero por la tarde era lícita. Al anochecer era ilícita y al entrar la noche era lícita. A mitad de la noche era ilícita y al amanecer era lícita para él. ¿Cuál era el estado de esa mujer y por qué le era lícita e ilícita?»

            Yahia ibn Akzam le dijo: «Juro por Dios que Él no me ha guiado para poder responder a esa pregunta y no conozco el tema. Si lo ves conveniente, permite que nos beneficiemos de tu conocimiento.»

            Entonces, Abu Yafar le dijo: «Ella era una esclava de otro hombre, él hombre que la miró era un extraño para ella al principio del día, por lo que mirarla era ilícito para él.

            Al elevarse el día, la compró a su dueño y le devino lícita. Al mediodía la dio su libertad y le fue ilícita. Al atardecer se casó con ella y le fue lícita. Al anochecer la repudió[3] y se le hizo ilícita. Al principio de la noche pago la multa compensatoria por haberla repudiado y se le hizo lícita. A media noche la divorció una vez y se le hizo ilícita. Al amanecer se arrepintió de haberla divorciado y volvió a serle lícita.»

            Entonces, Al-Mamún se volvió hacia los miembros de su familia presentes y les dijo: «¿Alguno de vosotros habría sido capaz de responder a esa cuestión como él lo ha hecho o es capaz de plantear una pregunta como la que él ha planteado?»

            Ellos dijeron: «¡Por Dios! No. En verdad, el Gobernador de los Creyentes sabe más y su criterio es mejor.»

            Entonces, él les dijo: «¡Ay de vosotros! En verdad, las gentes de esa casa han sido elegidos entre todas las criaturas con los superiores atributos que veis. Aunque sean todavía niños por la edad, eso no les resulta un impedimento para su perfección.

¿Acaso no sabéis que el Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, comenzó su llamamiento al Islam llamando a Emir al-Muminín Alí ibn Abu Táleb, la paz sea con él,a él a pesar de que era solamente un niño de diez años y que él aceptó su entrada en el Islam y le juzgó adecuado para tomar tal decisión, a pesar de que no invitó al Islam a ninguna otra persona de esa edad?

            ¿Y que Al-Hasan y Al-Huseyn, la paz sea con ambos, le dieron su juramento de lealtad cuando apenas eran unos niños de seis años y que ningún otro niño lo hizo aparte de ellos dos?

            ¿No os dais cuenta ahora de cómo Dios les ha escogido y que ellos son una familia en la que unos suceden a otros y en la que el último de ellos posee el mismo conocimiento que el primero de ellos?»

            Ellos dijeron: «Dices la verdad ¡Oh Gobernador de los Creyentes!»

            Después de aquello, todos se levantaron y partieron.

            Al día siguiente, las gentes volvieron a reunirse y Abu Yafar, la paz sea con él, también hizo acto de presencia.

Los comandantes militares, los cortesanos y la gente común acudieron para felicitar a Al-Mamún y a Abu Yafar, la paz sea con él.

            Trajeron tres bandejas de plata con bolas compuestas de almizcle y azafrán. En mitad de cada una de aquellas bolas había trozos de tela que llevaban escritas grandes cantidades de dinero, rentas anuales y posesiones y Al-Mamún ordenó que se repartiesen entre  los cortesanos y autoridades. Cada uno de los que recibían una de aquellas bolas, abría la pieza de tela que contenía y leía lo que llevaba escrito.

            Trajeron bolsas llenas de dirhams y fueron repartiendo su contenido entre los comandantes militares y otras autoridades y entre las gentes, que se enriquecieron con los regalos y las rentas repartidas.

            Al-Mamún repartió limosnas entre todos los pobres y no cesó de honrar a Abu Yafar, la paz sea con él, y de incrementar sus posesiones mientras vivió y de recomendar a su hijo y familiares que así lo hiciesen.

            Las gentes relataron que Umm Al-Fadl hija de Al-Mamún escribió a su padre desde Medina quejándose de Abu Yafar, la paz sea con él, y diciendole: «Posee algunas siervas y hace que me sienta celosa.»

            Y Al-Mamún le respondió diciendo: «¡Oh hijita mía! No te hemos casado con Abu Yafar para que trates de prohibirle lo que es lícito. No vuelvas a mencionarme esto nunca más.»

            Cuando Abu Yafar, la paz sea con él, partió de Bagdad, dejando a Al-Mamún y llevando con él a Umm Al-Fadl, con la intención de llegar a Medina, pasó por la calle de Bab Al-Kufa y con él iban las gentes que salieron a despedirle y llegó a la casa de Al-Musayb cuando estaba anocheciendo. Descendió de su cabalgadura y entró a la mezquita. En su patio había un árbol de loto que no daba frutos. Pidió una jarra de agua y realizó sus abluciones a los pies de aquel árbol. Rezó con las gentes la oración del anochecer y en el primer ciclo recitó la surat ul-Fátiha y la sura del Auxilio (CX) y en el segundo ciclo la surat ul-Fátiha y la sura del Monoteísmo (CXII) e hizo suplicas (qunut) antes de la inclinación (rukú). Realizó el tercer ciclo y terminó su oración, permaneciendo un rato recordando a Dios Altísimo. Luego se puso en pie y rezó cuatro ciclos de oraciones voluntarias y, al terminarlas, hizo dos prosternaciones de agradecimiento y salió de la mezquita.

            Cuando las gentes fueron hacia el árbol de loto vieron que estaba lleno de frutos y se sorprendieron de ello. Comieron de ellos y los encontraron dulces y sin semillas.

            Él, la paz sea con él, se despidió de ellos y partió para Medina y se quedó en ella hasta que Al-Mutasim le hizo ir a Bagdad a principios del año doscientos veinte.

Allí permaneció hasta su muerte a finales del mes de Dul Qaada del mismo año y allí fue enterrado, junto a su abuelo Abu Al-Hasan Musa, la paz sea con él.»

***

            Me relató Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Ahmad ibn Idrís, de Muhammad ibn Hasán, que Alí ibn Jálid dijo:

            «Estuve en Al-Askar y me relataron que allí había un hombre preso al que habían traído encadenado por el camino de Siria. Y dijeron: «¡Pretende que es un mensajero divino!»

            Me aproxime a la puerta y me hice amigo de los guardianes para que me permitieran verle. Era un hombre cuerdo e inteligente y le dije: «¿Qué fue lo que te sucedió?»

            Él dijo: «Yo era un hombre que vivía en Siria y solía ir a rezar al lugar en el que dicen que colocaron la cabeza de Al-Huseyn, la paz sea con él.[4]

Una noche que me encontraba en aquel sitio recordando a Dios Altísimo frente al mihrab, vi de pronto a un hombre frente a mí, le miré y él me dijo: «¡Ponte en pie!»

Yo me puse en pie y fui con él. Caminó conmigo un poco y, de pronto, me encontré en la mezquita de Kufa.

Él me dijo: «¿Conoces esta mezquita?»

Yo le dije: «Sí. Es la mezquita de Kufa.

Él rezó y yo recé con él. Luego, salió y yo salí con él. Caminó conmigo un poco y, de pronto, nos encontrábamos en la mezquita del Mensajero, la paz sea con él.

Él saludó al Mensajero de Dios, las bendiciones de Dios sean con él y con su familia, y rezó y yo recé con él. Luego salió y yo salí con él.

Caminamos un poco y, de pronto, me encontré en La Meca. Él hizo sus circunvalaciones alrededor de la Caaba y yo con él. Luego salió y caminó un poco y, de pronto, me encontraba de nuevo en el mismo lugar en el que había estado recordando a Dios Altísimo en Damasco.

El hombre desapareció de mi vista y yo quedé lleno de sorpresa de lo que había visto.

            Al año siguiente volví a ver a la misma persona y eso me llenó de alegría. Me habló y yo le respondí y volvimos a hacer lo mismo que habíamos hecho el año anterior.

Cuando quiso alejarse de mí en Damasco, yo le dije: «Te pido, por el derecho que tiene Quien te ha dado el poder de hacer lo que he visto hacer, que me digas quién eres.»

            Él dijo: «Soy Muhammad ibn Alí ibn Musa ibn Yafar.»

            Yo le conté lo que me había sucedido a un hombre que vino a mí y éste me denunció ante Muhammad ibn Abdel Málik Az-Zayát, que me detuvo, me llenó de cadenas, me llevó a Iraq y me puso en prisión como ves, acusado de mentir.»

            Yo le dije: «Hablaré de ti a Muhammad ibn Abdel Málik Az-Zayát.»

            Él me dijo: «Hazlo.»

            Escribí el asunto detalladamente y se lo envié a Muhammad ibn Abdel Málik Az-Zayát, que me respondió diciendo: «Dile a quien te llevó en una noche desde Damasco a Kufa y de Kufa a Medina y de Medina a La Meca y te trajo desde La Meca a Damasco de nuevo, que te saque de tu prisión.»

            Alí ibn Jálid dijo: «Me quede pensativo con su asunto, preocupado por él y avergonzado ante él, así que, al día siguiente me dirigí hacia la prisión para informarle del estado de su gestión y pedirle que tuviese paciencia y fuese fuerte.

Pero me encontré allí a los soldados, los guardianes de la prisión, al director de la cárcel y a una gran multitud de personas yendo de un lado a otro a toda prisa.

            Pregunté qué les sucedía y me dijeron: «El prisionero de Damasco que pretendía ser un enviado divino, desapareció ayer de la prisión y no se sabe si se lo tragó la tierra o se lo llevaron los pájaros volando.»

            Aquel hombre, Alí ibn Jálid era un Zaydí y, cuando presenció aquello, proclamo el Imamato y fortaleció su creencia.

***

Me relató Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Al-Huseyn ibn Muhammad, de Muala ibn Muhammad, de Muhammad ibn Alí, de Muhammad ibn Hamza, que Muhammad ibn Alí Al-Háshemí dijo:

«Fui a visitar a Abu Yafar, la paz sea con él, la mañana de día en que se casaba con la hija de Al-Mamún.

Había tomado una medicina por la noche y, cuando llegué a verle en la mañana, me atormentaba la sed, pero no quise pedirle agua.

Abu Yafar, la paz sea con él, me miró al rostro y dijo: «¿Tienes sed?» 

Yo dije: «Así es.»

Él dijo: «¡Oh muchacho! Tráeme agua.»

Yo me dije: «Ahora le traerán agua envenenada.» Y me quedé preocupado con ello.

Cuando el muchacho llegó con él agua, él me miró al rostro y dijo: «¡Oh muchacho! Sírveme agua.»

Él le sirvió agua y Abu Yafar la bebió, luego me sirvió a mí y bebí.

Estuve con el un largo rato y volví a sentir sed.

Él pidió que trajesen agua e hizo lo mismo que la primera vez, bebió primero y luego me dio de beber mientras sonreía.

Muhammad ibn Hamza dijo: «Muhammad ibn Alí Al-Háshemí me dijo: «Juro por Dios que creo que Abu Yafar sabe lo que hay en el alma de las personas, tal y como aseguran los Rafidíes.»

***

Me relató Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de algunos de sus maestros, de Ahmad ibn Muhammad, de Al-Hiyál y Amru ibn Uzmán, de un hombre de Medina, que Al-Mutrafí dijo:

«Murió Abu Al-Hasan Ar-Rida, la paz sea con él, debiéndome cuatro mil dirhams y solo yo y él lo sabíamos.

Pero, Abu Yafar, la paz sea con él, al día siguiente envió a por mí y, al siguiente día fui a verle y él me dijo: «¿Abu Al-Hasan, la paz sea con él, murió debiéndote cuatro mil dirhams?»

Yo dije: «Sí.»

Él levanto la alfombrilla de sus oraciones sobre la que estaba y había dinares. Me los entregó y correspondían a cuatro mil dirhams de la época.»

***

Me relató Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Al-Huseyn ibn Muhammad, de Muala ibn Muhammad, que Alí ibn Asbát dijo:

«Vino a verme Abu Yafar, la paz sea con él, para avisarme de la muerte de su padre y me fijé en su estatura para poder luego contárselo a mis compañeros. Él se sentó y dijo:

«¡Oh Alí! En verdad, Dios me ha responsabilizado del Imamato de la misma manera en que otorgó la responsabilidad de la profecía, y recitó:

Y le otorgamos la sabiduría desde niño.»[5]

***

            Me relató Abu Al-Qásim Yafar ibn Muhammad, de Muhammad ibn Yaqub, de Alí Muhammad, de Sahl ibn Ziyád, que Dawud ibn Al-Qásim al-Yafarí dijo:

            «Fui a ver a Abu Yafar, la paz sea con él, y traía conmigo tres piezas de tela sin nombres y dudaba de a quien pertenecía cada una, por lo que estaba algo confuso.

Él tomó una de ellas y dijo: «Ésta es la tela de Rayyán ibn Shabíb», tomó la segunda y dijo: «Ésta es la tela de fulano de tal.» Yo le miré perplejo. Él sonrió, tomó la tercera y dijo: «Ésta es la tela de fulano.»

            Entonces, yo le dije: «Sí ¡Doy mi vida por ti!»

            Él me entregó trescientos dinares y me pidió que se los llevase a uno de sus primos paternos y me dijo:

«Él te dirá: «Indícame un artesano que me venda unos muebles. Así que, indícale alguno.»

            Él dijo: «Le llevé los dinares y él me dijo: «¡Oh Abu Háshim! Indícame un artesano al que pueda comprarle unos muebles.»

            Yo le dije: «Bien.»

***

            Un camellero me habló en el camino y me dijo que hablase a Abu Yafar y le pidiese permiso para que él y algunos de sus compañeros fuesen a visitarle. Cuando fui a verle para hablarle le encontré comiendo y con él había un grupo de personas, por lo que no puede hablar con él.

            Él me dijo: «¡Oh Abu Háshim! ¡Come!» Y puso ante mí la comida que él estaba comiendo.

Luego dijo, sin haber mediado ninguna pregunta: «¡Oh muchacho! Mira a ver donde está ese camellero que ha traído Abu Háshim y tráelo contigo.»

            Otro día fui con él a un jardín y le dije: «¡Doy mi vida por ti! Tengo ganas de comer barro. Pide a Dios por mí.»

            El no dijo nada, pero unos días después me dijo: «¡Oh Abu Háshem! ¿Se ha llevado Dios tu deseo de comer barro?»

            Y dijo Abu Háshim: «Y hoy no hay cosa que aborrezca más.»

***

Las noticias de este tipo son numerosas y las que hemos mencionado son suficientes para dejar establecido aquello que nos habíamos propuesto, si Dios Altísimo quiere.

***

8/4 Mención de la muerte de Abu Yafar, la paz sea con él, del lugar en el que se encuentra su tumba y de los hijos que tuvo

            Ya, anteriormente, dijimos que Abu Yafar nació en Medina y que fue enterrado en Bagdad debido a que el califa Al-Mutasem le obligó a abandonar Medina y trasladarse a Bagdad, cuando quedaban dos noches para que finalizase el mes de Muharram del año 220 de la hégira, y allí murió el mes de Dul Qada del mismo año.

            Se dijo que la causa de su muerte fue el haber sido envenenado, pero eso no ha quedado claramente establecido para mí y quiero dar testimonio de ello.

            Fue enterrado en el cementerio de Quraix, junto a su abuelo Abu Al-Hasan Musa ibn Yafar, la paz sea con ambos. Cuando murió, tenía veinticinco años de edad y algunos meses.

            Fue conocido como «El elegido» (Al-Muntayab) y «El satisfecho con el decreto divino» (Al-Murtadá).

            Entre sus hijos, fue Alí quien le sucedió en el Imamato cuando murió. Dejó otro hijo: Musa y dos hijas: Fátima e Imama y no se han mencionado otros, aparte de los citados. ***


[1] Sagrado Corán, 24:32.

[2] El peregrino a la Casa de Dios que se ha vestido las dos piezas de tela sin costuras, llamada Ihrám, que indican el comienzo de la consagración del peregrino para la realización de los ritos de la peregrinación..

[3] Ad-Dihar era una forma de repudio de los árabes en tiempos preislámicos, consistente en decir a la esposa: «Eres para mi como la espalda (dahr) de mi madre.» con lo cual, la esposa quedaba en una situación en la que no podía volver a casarse. El Islam prohibió el repudio de la esposa y estableció disposiciones legales para el divorcio.

[4] En Damasco, en la Mezquita de los Omeyas.

[5] Sagrado Corán, 19: 12, Referencia a Juan el Bautista, la paz sea con él.

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