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Los Pactos del Profeta Muhammad Llaman al Respeto y la Coexistencia Pacífica con los Cristianos

El Islam y las Relaciones Entre Religiones:

Los Pactos del Profeta Muhammad Llaman al Respeto y la Coexistencia Pacífica con los Cristianos

Por: Dr. Halim Rane, Profesor Asociado de Estudios Islámicos en la Universidad Griffith de Australia

Los Pactos del Profeta Muhammad fueron escritos después de su migración en 622 a Yathrib (Medina) desde La Meca, donde él y sus compañeros sufrieron una intensa persecución que iba desde el ridículo público hasta el asalto físico y la tortura, así como el ostracismo del clan de Muhammad. Algunos de los que se convirtieron en musulmanes en La Meca se vieron obligados a buscar refugio a través del Mar Rojo bajo la protección del reino cristiano de Axum en Abisinia (Etiopía). No deberían subestimarse las estrechas relaciones y conexiones del Profeta Muhammad con los cristianos, incluidos el rey cristiano de Askum Negus Al-Najashi, Bahira el monje que conoció en un viaje a Siria cuando era joven y el primo de su esposa Khadija, Waraqa ibn Nawfal, a quien consultó al recibir la primera revelación del Corán en el año 610.

Después de emigrar de La Meca a Medina, Muhammad recibió una revelación que permitía a los musulmanes, por primera vez, defenderse contra la continua agresión de los politeístas de La Meca:

Se ha dado permiso a quienes son atacados, por haber sido oprimidos. Y, en verdad, Dios tiene poder para auxiliarles. Aquellos que han sido expulsados de sus hogares sin derecho, solo por haber dicho «Dios es nuestro Señor.» Y si Dios no hubiera defendido a unas personas por medio de otras, habrían sido destruidos monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se menciona mucho el nombre de Dios. Ciertamente, Dios auxilia a quienes Le auxilian. En verdad, Dios es fuerte, poderoso. (Corán, 22:39-40)

El segundo de estos dos versículos es muy significativo, ya que hace un llamamiento a los musulmanes para que defiendan también los lugares de culto cristianos y judíos. Esto indica que el Islam no pretendía ser exclusivista sino defender el derecho de las diversas comunidades religiosas a coexistir pacíficamente. Los Pactos del Profeta Muhammad proporcionan una expresión aún más detallada de la invocación del Corán a proteger monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas (Corán 22:40).

Cuando el profeta Muhammad se instaló en Medina, formalizó sus ya fuertes, pacíficas y respetuosas relaciones con sus compañeros monoteístas. Escribió la llamada Carta de Medina en la que se esbozaban los derechos y responsabilidades de las diversas tribus árabes y judías de la ciudad a la vez que se afirmaba que todas pertenecían a una sola comunidad (ummah). Los Pactos del Profeta Muhammad son una extensión de su promesa, en nombre de Dios, de proteger los derechos de los que estaban fuera de Medina ―las comunidades cristianas, judías y otras monoteístas― y defender su derecho a vivir en paz y seguridad. El-Wakil ofrece el siguiente resumen del contenido de los Pactos en general:

1. Los musulmanes protegerán las iglesias y los monasterios de los cristianos. No derribarán ninguna propiedad de la iglesia para construir mezquitas o para construir casas para los musulmanes;

2. Todas las propiedades eclesiásticas de los cristianos estarán exentas de cualquier tipo de impuesto;

3. Ninguna autoridad eclesiástica se verá obligada por los musulmanes a abandonar su puesto;

4. Ningún cristiano será forzado por los musulmanes a convertirse al Islam;

5. Si una mujer cristiana se casara con un musulmán, tendrá plena libertad para seguir su propia religión.

La redacción de los distintos pactos es muy similar a pesar de la diversidad de lugares geográficos y comunidades que los poseen, lo que sugiere un origen único más que una multiplicidad de falsificaciones. Entre ellos se incluyen el Pacto con los Monjes del Monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí y el Pacto con los Cristianos de Najran. El original del primero fue dictado por el Profeta Muhammad a su más confiable compañero, primo y yerno, Ali bin Abi Talib (m. 661), en el segundo año después de la migración (alrededor de 624). El documento también incluye una lista de 22 testigos entre sus compañeros más destacados. Los registros históricos sugieren que el original fue llevado de Egipto a Estambul por el sultán otomano Salim I en 1517. El análisis hasta la fecha se ha basado en copias o recensiones de los Pactos, mientras que la búsqueda de los originales sobrevivientes continúa.

Aunque los estudios anteriores descartaron estos documentos como apócrifos o falsificaciones piadosas, el reciente análisis de múltiples pactos en diversas comunidades no musulmanas con un enfoque específico en la datación, las estipulaciones, la redacción y las listas de testigos ha llevado a El-Wakil a concluir lo contrario:

… los pactos del Profeta con (1) los cristianos de Najran, (2) los monjes del monte Sinaí, (3) los cristianos armenios, (4) el escrito el lunes 29 Rabi al-Thani del año 4 de la Hégira, (5) la reproducción de 1538 con los cristianos del mundo, (6) con los judíos de Khaybar y Maqna y (7) con los samaritanos, son todos esencialmente auténticos. Lo mismo se aplica a los pactos de Umar con (8) los cristianos de Jerusalén y (9) los cristianos de Mesopotamia, así como (10) el pacto de Ali con los cristianos armenios. Esto nos da un total de siete pactos auténticos que se remontan al Profeta, dos que se remontan a Umar y uno que se remonta a Ali.

El Corán y los Pactos establecen claramente que el Islam original del Profeta Muhammad aceptó el pluralismo religioso y la diversidad cultural, estableciendo la coexistencia pacífica como base normativa de las relaciones entre las comunidades. Considine sostiene que los Pactos proporcionan una sólida narrativa del pluralismo religioso en el Islam, que él asocia con una interacción social genuina, buscando el entendimiento entre diversos grupos, el compromiso con diversos valores e instituciones religiosas y el diálogo interreligioso. Esta caracterización del Islam primitivo como abrazador del pluralismo religioso es corroborada por los escritos de los primeros cristianos que vivieron bajo la égida musulmana, luego de las conquistas del Cercano Oriente tras la muerte del profeta Mahoma (m. 632). Estos textos siriacos, como las cartas del Catholicos sirio oriental Ishoyahb III (m. 659) a otro obispo, habla de los conquistadores árabes:

No solo, como saben, no se oponen al cristianismo. Más bien, alaban nuestra fe, honran a los sacerdotes y santos de nuestro Señor y ayudan a las iglesias y monasterios.

Tales declaraciones son coherentes con las disposiciones de los Pactos y reflejan otros escritos siriacos primitivos sobre el buen trato que recibían los cristianos bajo el dominio musulmán. Así se ve en el escrito The Book of Main Points de John bar Penkaye. Aunque encontramos que en unas pocas décadas parece haber una erosión de la adhesión a los Pactos en muchas tierras bajo la égida musulmana, algunos eruditos musulmanes conservaron el conocimiento de los mismos. Por ejemplo, un conocido jurista maliki, Shahab Ad-Deen Al-Qarafi (m. 1285), declaró en su libro Al-Furuq:

El pacto de protección nos impone ciertas obligaciones hacia ahl adh-dhimmah. Son nuestros vecinos bajo nuestra protección y amparados por lo que garantiza Dios, Su Mensajero (paz y bendiciones sean con él) y la religión del Islam. Quienquiera que viole estas obligaciones respecto a cualquiera de ellos, perjudicando su reputación o haciéndole algún daño, violará el Pacto de Dios y de Su Mensajero, en tanto que su conducta irá en contra de las enseñanzas del Islam.

A lo largo de los siglos, los escritos de los no musulmanes en tierras musulmanas muestran que fueron sometidos de manera cada vez mayor a la discriminación y violación de sus derechos en nombre del Islam. Se lo hizo a través de normas que pasaron a formar parte del llamado sistema dhimmi de minorías “protegidas”. El consenso académico parece ser que este maltrato se basó en un documento conocido como el Pacto de Umar (al-Shurut al-Umariyya), que se cree tuvo su origen a finales del siglo VIII o principios del IX, sustituyendo a todos los acuerdos anteriores entre musulmanes y no musulmanes. Hay dos versiones principales del Pacto de Umar y dos fechas relativas a su promoción. La primera está registrada en libros de historiadores como Ya’qubi (m. 898) y al-Tabari (m. 923). Se refiere al Pacto de Umar bin al-Khattab (m. 644) con los Cristianos de Jerusalén, que garantizaba la protección y permitía la libertad de religión ―similar a los Pactos del Profeta Muhammad― sin mencionar ninguna condición desdeñosa, restricciones o impuestos económicos. Sin embargo, las fuentes de la jurisprudencia islámica medieval se refieren a una versión diferente, al-Shurut al-Umarīyah. Según Ezziti, esta versión apareció por primera vez en el libro Ahkam Ahl al-Milal de al-Jallal Abi Bakr Ahmed al-Baghdadi al-Hanbali (m. 935) y luego en otro de Abi al-Shaykh (m. 941) titulado Shurut Umar o Shurut al-Dhimmi.

Aunque la atribución del documento al califa Umar (m. 644) es rechazada por los historiadores, sus disposiciones se convirtieron en una norma mediante la cual los derechos de los no musulmanes se articulaban en los libros de jurisprudencia islámica. Por ejemplo, el erudito del siglo XIV de la jurisprudencia Shafi’i, Ahmad ibn Naqib Al-Misri (m. 1367), afirma en su conocido manual de la ley islámica en la sección sobre “Súbditos no musulmanes del Estado islámico” que ellos deben distinguirse de los musulmanes vestidos con un cinturón de tela ancho (zunnar), que no se los debe saludar con as-salamu alaykum (la paz sea contigo), que deben mantenerse a un lado de la calle, que no pueden hacer construcciones más grandes o más altas que las de los musulmanes, que tienen prohibido tocar las campanas de las iglesias, exhibir cruces, recitar la Torá o el Evangelio en voz alta, que tienen prohibido construir nuevas iglesias así como exponer públicamente sus funerales y días festivos. Estas disposiciones discriminatorias y ofensivas no se derivan del Corán y contradicen los Pactos del Profeta Muhammad, los cuales defienden la libertad religiosa sin injerencias, restricciones o discriminaciones externas. Tales órdenes adquieren autoridad y legitimidad a partir del Pacto de Umar. Los musulmanes, pasados y presentes, consideraron esos textos atribuidos a los califas y juristas aceptables, colocándolos, de hecho, por encima de los del Corán y los Pactos del Profeta Muhammad. Y dijeron que eso era Islam. La adhesión a esos textos  fomentó la intolerancia de los no musulmanes y el rechazo de la coexistencia pacífica. Por lo tanto, la instrucción religiosa convincente tendrá que proporcionar un enfoque crítico-analítico basado en la evidencia para la lectura de las diversas fuentes asociadas con el Islam.

Las afirmaciones de los yihadistas o salafistas de que el Islam permite que se imponga una guerra ofensiva para subyugar a los no musulmanes, no están respaldadas por el Corán o los Pactos del Profeta ni por el consenso de los eruditos islámicos clásicos. La minoría que entiende la yihad como una guerra ofensiva contra los no musulmanes, se basa en un método de interpretación desacreditado que es rechazado por la mayoría…. Los Pactos del Profeta Muhammad junto con una lectura contextual del Corán, proporcionan una perspectiva de las enseñanzas originales del Islam sobre las relaciones interreligiosas/intercomunitarias. Y aboga por una coexistencia considerada, respetuosa y pacífica…..

Este artículo proporciona citas seleccionadas del siguiente estudio académico: Rane, H. “‘Cogent Religious Instruction:’ A Response to the Phenomenon of Radical Islamist Terrorism in Australia. Religiones 2019, 10, 246”. El estudio completo en formato pdf con las referencias completas se puede encontrar en: https://www.mdpi.com/2077-1444/10/4/246

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