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El Día de la Nakba y la Resistencia palestina

Por Pablo Jofré Leal 15 de mayo de 2019

Se han cumplido 71 años desde el inicio de la Nakba y con ello el comienzo de un proceso de discriminación, usurpación y violación de los derechos humanos de palestinos.

Oriente Medio en general y Palestina en particular, vive momentos de guerra, agresiones, colonialismo y ocupación impulsadas principalmentepor un occidente ávido de las riquezas de esa zona del mundo, utilizando para ello, como instrumento, herramienta y punta de lanza, a dos entidades signadas por ideologías criminales como son Israel y el sionismo, junto a la Casa al Saud y el wahabismo.

Ambas entidades sirven en forma eficiente a los afanes del imperialismo estadounidense y sus aliados europeos, deseosos de recuperar viejas ínfulas palaciegas y usufructuar las riquezas energéticas y el valor geopolítico de esta parte del mundo. Pretendiendo, al mismo tiempo, que se frene la influencia de la República Islámica de Irán en apoyo al Eje de la Resistencia y poner obstáculos al avance hacia occidente de la Federación Rusa. Panorama que explica la guerra de agresión contra Siria, desde marzo del año 2011, contra Yemen desde marzo del año 2015, la ocupación de Palestina y los afanes de sionizarla desde el año 1948 hasta la fecha.

A lo mencionado, añadamos la guerra de agresión contra Irak desde el año 2003 y el sometimiento de las monarquías del Golfo Pérsico a las políticas de Washington, en momentos en los que el belicismo de la administración Trump tensiona aún más la zona con la presencia de portaaviones, cruceros, destructores, aviones y una fuerza militar, que implica incrementar las posibilidades de una confrontación, cuyos resultados puede ser el estallido de un conflicto regional. Por ello, resulta altamente sospechoso, que se esté hablando de sabotajes a barcos petroleros atracados en puertos de los Emiratos Árabes Unidos, que puede ser perfectamente una operación de bandera falsa destinada a acusar a Irán y con ello aplicar una batería de acciones, que conduzcan a un estallido de incalculables proporciones.

Es en este ámbito, en este panorama político y militar, que nos encuentra un nuevo 14 de mayo, fecha en la que el pueblo palestino conmemora su catástrofe (La Nakba), la pérdida de parte significativa de su territorio a manos del sionismo, que declaró ese día una independencia falsa al concluir el mandato británico en la zona. Un sionismo que comenzó, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, desde tierras euroasiáticas, principalmente Alemania, Rusia, Moldavia, Bielorrusia, Ucrania entre otros países, un lento pero sostenido proceso de colonización del territorio palestino. Una tarea de asentamiento y apropiación que significó la irrupción de la violencia, la segregación y el racismo en el Levante Mediterráneo, en el marco de un mito religioso que asignaba a los creyentes del judaísmo la promesa de una tierra exclusiva, por considerárse pueblo elegido por un dios, que negaba, de ese modo, a todo otro habitante de la tierra, los beneficios de tal promisión y definición.

En una crónica anterior referí, que a siete décadas de la Nakba, podíamos considerar a Israel  como la mayor entidad terrorista del mundo y consigné que esa catástrofe (La Nakba)  para el pueblo palestino “fue catalizada por la acción del terrorismo sionista, pletórico de furor homicida, que implicó la expulsión de sus tierras ancestrales de 700 mil palestinos, que saciaron su sed homicida con un pueblo pacífico, cuyo gran pecado fue no haber impedido con fuerza, desde el inicio, la presencia colonialista de los judíos sionistas europeos que comenzaron a llegar en tropel, en manadas ambiciosas, a tierras palestinas”.

Una ideología criminal, racista, que desprecia a todo ser humano que sea goyim (no judíos) y que se explica sin ambigüedad alguna con las palabras de Menachem Begin. Primer ministro de Israel 1977-1983 y Premio Nobel de la Paz, en un discurso dado al Knesset (Parlamento israelí) citado por Amnon Kapeliouk, Begin and the Beasts, New Statesman, 25 de junio de 1982.: “Nuestra raza es una raza de amos. Nosotros somos dioses sobre este planeta. Somos tan diferentes a las razas inferiores como ellos lo son de los insectos. De hecho, comparados con nuestra raza, las otras son bestias, ganado. Las demás razas son consideradas como excremento humano. Nuestro destino es gobernar sobre las razas inferiores. Nuestro reino terrenal será gobernado con vara de hierro por nuestro líder. Las masas lamerán nuestros pies y nos servirán como nuestros esclavos”.

Un 14 de mayo que nos obliga a preguntarnos si hemos sido, como humanidad, lo suficientemente firmes y claros al exigir que cese la ocupación y el asesinato del pueblo palestino. Con la voluntad de detener la infamia de 71 años de un exterminio llevado a cabo por aquellos que antaño alegaron ser víctimas y que hoy se han convertido en victimarios amparados principalmente por los gobiernos estadounidenses sin excepción, desde el momento mismo del nacimiento de esta entidad israelí el año 1948. Un Israel que no puede hablar de independencia ya que es una denominación fantasiosa pues, ¿De quién se independizó este Israel surgido del atropello del pueblo palestino? ¿Cómo atreverse a denominar un proceso de despojo declaración de independencia?

Sostengo, permanentemente, que para hablar de independencia hay que estar sujeto al dominio de otro Estado, que ocupa determinado territorio y que impide su autodeterminación. Nada de esto ha sido la realidad de un Israel que surge el año 1948 a sangre y fuego como una entidad artificiosa, para dar cuenta de promesas hechas a espaldas del pueblo palestino, una colectividad que al decir de Edward Said: “Se construye en base a la conquista, que ha invadido países limítrofes, bombardeado y destruido a su antojo, hasta el punto de que actualmente ocupa territorio libanés, sirio y palestino contraviniendo la ley internacional”.

Hoy, como ayer debemos denunciar a esta entidad criminal nacida al amparo de decisiones violatorias de los de los derechos de millones de seres humanos, forzados a dejar atrás sus casas, enseres, su vida cotidiana, sus aldeas y pueblos, sus cultivos, sus olivos centenarios. Expulsados de sus hogares por colonos extranjeros, armados hasta los dientes, protegidos por organizaciones terroristas surgidas al amparo de su proceso de llegada a palestina, como la banda Stern, la Hagana, el Irgún, dirigidas, comandadas, por los mismos que después se convertirían en los principales líderes de un régimen surgido a sangre y fuego.

Hoy, en este año 2019 la Nakba encuentra al pueblo palestino en una situación desventajosa, sujeta a la ocupación criminal en ascenso, con crímenes diarios cometidos contra el pueblo palestino tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. Allí, en este enclave el sionismo se ha cebado con sus habitantes, asesinándolos diariamente. Desde el 30 de marzo hasta la fecha más de 350 palestinos han sido asesinados por francotiradores situados en la valla artificial que separa a la Franja de la Palestina histórica. Disparando a mansalva a una población gazati que exige su retorno a la tierra, el retorno de los refugiados, su derecho a la autodeterminación. Mientras ello acontece, Estados Unidos e Israel prepararan un golpe artero, un plan miserable, que han denominado “Acuerdo del Siglo” pero que no es más que la imposición del dominio sionista sin derecho alguno a la autodeterminación palestina, impedir el retorno de los refugiados y concretar el dominio sionista de Palestina.

El sionismo, por su parte, conmemora este 14 de mayo el denominado Plan Dalet, no un proceso que quieren llamar independencia. Celebra con alborozo la proclamación del despojo como política y con ello el inicio de la Nakba palestina, expulsando a cientos de miles de nuestros hermanos y hermanas de las aldeas palestinas entre Tel Aviv y Al Quds, que tenían que ser exterminados según este Plan Dalet. En los objetivos sionistas, desde el momento mismo de la proclamación artificial de su nacimiento, se consideró que la posibilidad de que un Estado palestino debía ser frenado con todos los medios a su alcance. Y la política posterior a esa proclamación infame confirma tal objetivo, que aflora hoy con la alianza criminal entre Trump y Netanyahu para impedir la autodeterminación del pueblo palestino.

Tal como suelo sostener cada 14 de mayo, la Nakba es un acto deliberado, un proceso sistemático de usurpación, saqueo y crimen, que sentó las bases para conformar una Entidad ficticia en la Palestina histórica. La Nakba sigue estando presente en Palestina porque los crímenes, la ocupación, la usurpación, el proceso de judaización de aldeas, pueblos, ciudades e historia de esta tierra es parte consustancial al quehacer del sionismo. Una entidad que roba continuanente las tierras palestinas, sus riquezas, su vestuario, su gastronomía, su arqueología y que segrega a su población.

La Nakba es el recuerdo permanente de que somos palestinos en Gaza y la ribera occidental, en los campamentos en Siria, el Líbano y en tierras tan lejanas como Chile. La Nakba es el recordatorio de que la autodeterminación y el retorno son los objetivos prioritarios del pueblo palestino y allí la resistencia se levanta con luz propia.

Nakba y resistencia van unidas hasta conseguir el objetivo de eliminar completamente la ideología sionista malsana, arrancando sus raíces ponzoñosas de la tierra palestina.

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