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“Imam al-Sadiq (a.s): Científico Político” – John Andrew Morrow

Conferencia sobre el Imam Sadiq pronunciada el 7 de Julio de 2019 en el Congreso de la UMAA (Asociación de Musulmanes de Estados Unidos) en Washington DC

El Imam Ja’far al-Sadiq fue un gigante entre los hombres. Fue un maestro de maestros y científico en varias ramas: en las ciencias formales, como las matemáticas y la lógica; en las ciencias naturales, como la cosmología, la química, la biología y la botánica. También fue un científico social con experiencia en educación, historia, derecho, lingüística, psicología y sociología. Hoy hablaré del Imam al-Sadiq, la paz sea con él, como científico, como politólogo, y destacaré algunas lecciones suyas que hay que aprender.

La misión principal del Imam Ja’far al-Sadiq fue la preservación de las verdaderas enseñanzas del Profeta Muhammad y de su línea de sangre sagrada, que eran co-dependientes: una de ellas no podía existir sin la otra, pero la segunda era más importante que la primera.

La supervivencia del linaje sagrado de Muhammad, Khadijah, Fatimah, y `Ali fue la causa suprema que motivó a los enemigos de Dios acabar con él cueste lo que cueste. Después de todo, Herodes no esperó a que Jesús llegara a la edad adulta para matarlo. Intentó eliminar a todos los niños de la región a modo de ataque preventivo contra el futuro rey de los judíos. De la misma manera, los omeyas y los abbasíes no tenían ninguna intención de esperar el surgimiento del Mahdi, como un hombre adulto. Querían evitar con antelación su nacimiento. Por así decirlo, cortar de raíz la posibilidad.

De todos los Imames, Ja’far al-Sadiq fue uno de los más activos e influyentes en el campo de la educación. Instruyó a miles de estudiantes. Estos, a su vez, produjeron unos mil libros. Algunos de sus dicípulos eran shiitas imamíes. Sin embargo, muchos de ellos eran shiítas zaydíes (no duodecimanos) y shiítas Ghulat (extremistas). Asimismo, había decenas que eran sunnitas y sufíes. De hecho, el sexto Imam desempeñó un papel formativo en la fundación de las escuelas de jurisprudencia Maliki y Hanifi. Si hubiera enseñado el shiísmo sólido, tal y como lo entendemos, habría sido repudiado. Lo habrían tildado de hereje. Lo habrían matado. Pero él tenía tacto. Presentó el Islam en profundidad y amplitud, en todo su espectro. Así se convirtió en una autoridad para sunnitas, shiítas y sufíes. Musulmanes de todos los movimientos imaginables se ligaron a él de una u otra manera.

Si queremos tener éxito en la difusión del Islam; si queremos emular el ejemplo del Imam Ja’far al-Sadiq, debemos adoptar el mismo enfoque. Tenemos que ser de mente abierta. Necesitamos reflejar la realidad en toda su amplitud, en términos generales, y valernos de una red o presentación de amplio alcance. No debemos acorralarnos, arrinconarnos nosotros mismos (de una u otra manera). Debemos ser capaces de comunicarnos y relacionarnos con otros musulmanes así como con la Gente del Libro: judíos y cristianos. Y también con miembros de otras comunidades de fe.

Debemos estar dispuestos a y ser capaces de trabajar con humanistas seculares. Tenemos que ser idóneos para llegar con buen tino tanto a liberales, conservadores, demócratas, republicanos, izquierdistas y derechistas. Tenemos que buscar terrenos de actuación común. Tenemos que apelar a la universalidad. Necesitamos plantar semillas. Necesitamos ser como esporas. Necesitamos ser como el agua que llena cada grieta y hendidura. Necesitamos ser como el aire: estar en todas partes. Pero hacerlo no significa ser como los demás, adoptar sus ideologías, abandonar nuestra filosofía y reemplazar nuestros valores. Un tipo de asimilación así se convierte en traición.

El Imam Ja’far al-Sadiq no tenía los ojos puestos en Arabia. Ni siquiera en el mundo árabe, que era tan vasto entonces. Sabía muy bien que los árabes estaban bajo las garras de los abbasíes y que la mayoría les vendieron sus almas. Así que buscó un terreno más fértil. Miró hacia la periferia: el norte de Irán, Yemen, el norte de África y al-Andalus. Examinó sus opciones. Movió sus fichas y apostó por el Magreb. Y para hacerlo, se volvió nativo, se hizo uno de ellos.

El Imam Ja’far al-Sadiq se casó con una bereber, miembro del pueblo Amagizh de lo que hoy es Marruecos. Se la conoció como Hamidah al-Barbariyyyah. La preparó en ciencias islámicas. Se convirtió en erudita y jurista. Enseñaba a las mujeres en su seminario de Medina. Se la consideraba una santa. Cuando su hijo, el Imam Musa al-Kazim, creció, su padre vio con buenos ojos su casamiento con Najmah Jatún ―otra bereber del norte de África famosa por sus conocimientos y piedad― también conocida como Tuktam, Umm al-Banin y Tahirah. El sexto Imam también envió a dos de sus compañeros ―al-Hulwani y Abu Sufyan― al norte de África, donde se establecieron, se casaron con mujeres bereberes y comenzaron a sembrar las semillas del shiísmo. Nada de eso se hizo al azar. Fue una planificación estratégica geopolítica y religiosa a largo plazo. Fue parte de un trabajo amplio y de construcción de alianzas. El Imam Ja’far al-Sadiq estaba planeando un movimiento honesto e importante.

En la casa del Imam Ja’far al-Sadiq se criaron muchos hombres distinguidos: Muhammad Nafs al-Zakiyyah, Yahya ibn ‘Abdullah e Idris ibn ‘Abdullah. Los tres eran bisnietos del Imam al-Hasan. Idris ibn ‘Abd Allah tuvo el apoyo de un bereber de nombre Rashid al-Awrabi. Nafs al-Zakiyyah dirigió la `Revolución Alid de 762 contra los `abasíes y fue martirizado. Yahya e Idris, junto con su sobrino al-Husayn, participaron en la batalla de Fakhkh el 11 de junio de 786.

Es sorprendente lo poco que nos enteramos sobre la batalla de Fakhkh, considerando que el Imán Ja’far al-Sadiq la llamó la Segunda Karbala. El nivel de opresión contra Ahl al-Bayt se había vuelto insoportable e intolerable. Los descendientes directos del profeta Muhammad fueron repatriados a la fuerza a Medina, donde fueron mantenidos bajo la vigilancia constante de las fuerzas abbasíes. Todas las mañanas pasaban lista. Si faltaba uno solo de ellos, toda la familia del Profeta se enfrentaba a un castigo colectivo.

Los descendientes del Profeta estaban cansados de la taqiyyah (ocultamiento por medio de callarse, desviar el tema o eludir hablar de distintas cosas). El Islam se estaba volviendo cada vez más irreconocible. Las innovaciones no tenían límites. Los bisnietos del Imam al-Hasan se rebelaron, pidiendo la restauración del hayya ‘ala khayr al-amal en el ‘adhan (en el llamado a la oración). Imagínense, estaban dispuestos a ir a la guerra por eso. ¿Por qué? Porque simplemente decirlo era una sentencia de muerte. Eso era todo lo que querían. Pedirles que se dijera ‘Aliyyan Wali Allah o ‘Aliyyan Hujjat Allah (es decir, darle al Imam Ali la posición que le correspondía) estaba totalmente fuera de discusión. Entonces, luchar porHayya ‘ala khayr al-amal fue considerado un compromiso.

La historia se repite. Al igual que Alí fue traicionado, el Imam al-Hasan fue traicionado, el Imam al-Husayn fue traicionado, Nafs al-Zakiyyah fue traicionado, del mismo modo que Husayn, Yahya e Idris, los nietos del Imam al-Hasan. Fueron abandonados por sus seguidores que huyeron (por cobardía o a cambio de riquezas materiales). Husayn fue asesinado pero Yahya e Idris sobrevivieron. Yahya se dirigió a Etiopía, Khorasan y luego a Gilan y Mazandaran en el suroeste del Mar Caspio, donde creó un estado shiíta.

Idris ibn ‘Abdullah se dirigió a Marruecos, a la tribu de Rashid al-Awrabi. Se casó con una bereber llamada Kanzah. Juntos, convirtieron a los bereberes al Islam shiíta y establecieron la dinastía idrisida. Estaban cosechando las semillas que había plantado el Imam Ja’far al-Sadiq. Proclamaron ‘Aliyyan Wali Allah (testimonio que Ali es el wali ―amigo íntimo― de Dios) a través del Maghreb. Imprimieron monedas que declaraban: Aliyyun khayru al-nas ba’da al-nabi, kariha man kariha wa radiyya man radiyya (‘Ali es el mejor de los seres humanos después del Profeta, disguste a quien le disguste y complazca a quien complazca).

De 788 a 974, la dinastía de los idrisíes, se convirtió en un refugio para los shiítas de todos los grupos y escuelas, con bifurcación en al-Andalus por medio de los hammudíes, que gobernaron de 1016 a 1073, junto con la dinastía hudi, que gobernó de 1039 a 1110. Gracias a la planificación estratégica del Imam Ja’far al-Sadiq, el shiísmo y la progenie del Profeta pudieron sobrevivir y propagarse.

Corresponde que nos preguntemos: ¿Por qué el Imam Ja’far al-Sadiq puso su esperanza en el pueblo bereber del norte de África? ¿Por qué no se concentró en su propia gente, los árabes? Sucedió que los árabes musulmanes luego de seis generaciones modificaron su conducta y a excepción de un pequeño grupo traicionaron, persiguieron y masacraron a su familia y a sus seguidores.

Los árabes pasaron a vivir bajo líderes autoritarios que se autodenominaban califas, imames, líderes supremos, guardianes del Islam y la sombra de Dios en la Tierra. Decían que seguían el Corán y la Sunnah. Decían que aplicaban la ley de la Shari’ah. Pero eran gobernantes ilegítimos. No contaban con el apoyo del pueblo. No eran virtuosos. No eran justos. Si lo que decimos se parece a la actualidad, es así nomás. El mundo musulmán se estaba asfixiando. Y el Imam Ja’far al-Sadiq lo percibía.

Los bereberes habían sido relativamente conquistados por los llamados musulmanes en el curso de tres grandes invasiones en 647, 665 a 689, y luego 698. Esos invasores no mostraron ningún interés en invitarlos al Islam. A los conquistadores sólo les interesaba el botín: literal y metafóricamente. Incluso si los bereberes se convertían al Islam, se veían obligados a pagar lajizyah (impuesto cobrado a los no musulmanes) con sus niñas y niños, quienes pasarían a ser reducidos a la esclavitud sexual en el mundo árabe.  Pero gracias al Imam Ja’far al-Sadiq, a su esposa Hamidah al-Barbariyyyah, a los misioneros del sexto Imam del Magreb, al ilustre al-Hulwani y Abu Sufyan, y a Moulay Idris, Kanzah y Rashid al-Awrabi, los bereberes finalmente pudieron conocer el Islam verdadero y reconocer el Islam falso: llegaron a saber cuál era el Islam de Dios y se dieron cuenta que el otro era el “Islam” de Satanás.

La imagen que tenían del Islam los bereberes era horrible y totalmente justificable. Los musulmanes que los “conquistaron” eran violadores, ladrones y asesinos. Eran proxenetas y pedófilos. Se parecían mucho al ISIS (nota agregada: grupo terrorista mercenario disfrazado de “musulmán” sostenido por los imperios que los usan para sus propias políticas). Lo mismo se aplica hoy en día. Muchos occidentales tienen una imagen horrible del Islam, y con razón. ¿Qué otra cosa se puede esperar? Se les ha mostrado el Islam de Yazid (el asesino de importantes familiares del Profeta Muhammad) y al-Hajjaj. El Imam Ja’far al-Sadiq no se encogió de hombros, se enojó y dijo: “Caramba, ya que los bereberes odian a los musulmanes y piensan que el Islam es del diablo, mejor los dejo.”

Cuando los traficantes de esclavos llevaban bereberes a Medina, el Imam los compraba y liberaba. Se casó con una bereber. Otra se casó con su hijo. Liberó a los esclavos. Habló con los esclavos. Envió a sus compañeros a la tierra de este pueblo esclavizado. Se casaron con las mujeres nativas. Ellos encarnaban el verdadero Islam. Y se ganaron sus corazones y almas. Y esto es lo que debemos hacer con los nativos de esta tierra. Esto es lo que debemos hacer con los afrodescendientes en las Américas. Esto es lo que debemos hacer con los americanos pobres de la clase obrera que han sido aplastados por el capitalismo salvaje. Los musulmanes tienen muchos amigos potenciales en todos los ángulos del espectro político.

Se pueden aprender muchas lecciones de la escuela del Imam Ja’far al-Sadiq. Entre ellas figura la importancia de la educación en su sentido más amplio: hacer que el mensaje sea pertinente y universal. Incluyen la naturalización (volverse uno más en cada lugar o pueblo), el abrirse en entendimiento y comprensión a los demás y no cerrarnos en nosotros mismos o caer en el tribalismo, el nacionalismo, el racismo, el clasicismo, el elitismo y el parroquialismo, el centrarse en sí mismo. El Profeta y los Imames se casaron con mujeres de otras razas y etnias, adquirieron otros idiomas y se integraron en otras culturas para difundir el Islam. Las lecciones de la escuela del Imam al-Sadiq incluyen la perspicacia política y la planificación estratégica, la construcción de puentes de amistad y solidaridad, la búsqueda de puntos en común y la lucha por causas comunes. Claramente, todavía tenemos mucho que aprender de las lecciones del sexto Imam. Que Dios nos haga dignos de lograrlo.

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