Actualidad

Hemeroteca: 40 años después del triunfo de la revolución

En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso  

¿Acaso no han viajado por la Tierra y han visto cuál fue el final de quienes vivieron antes de ellos, aunque fueron más fuertes y poderosos que ellos? Nada en los cielos ni la Tierra puede debilitar a Dios.  En verdad,  Él todo lo conoce,  todo lo puede. (35:44)

***

¿Acaso contabais con entrar en el Jardín sin soportar cosas parecidas a las que sufrieron los que vinieron antes de vosotros? Sufrieron la pena y la dificultad  y tal conmoción que el Mensajero y los que creyeron con él dijeron:  «¿Cuándo llegará el auxilio de Dios?» ¿Acaso el auxilio de Dios no está cercano? (2:214)

***

Y quienes tomen como amigos y protectores a Dios, a Su Mensajero y a los que tienen fe, sepan que los partidarios de Dios son los vencedores. (5:56)

***

EL PAPEL DE AHL UL BAYT EN EL DESPERTAR DE LOS PUEBLOS ISLAMICOS

            Inmediatamente después del triunfo de la revolución islámica en Irán, Henry Kissinger secretario de Estado durante los mandatos presidenciales de Richard Nixon y Gerald Ford, hizo las siguientes declaraciones: «O paramos esta revolución ahora o la veremos extenderse desde Marrakesh a Bangla Desh.» 

Es evidente que poseía una apreciación exacta de lo que el triunfo de la revolución islámica en Irán supondría para la ummah: el despertar de las conciencias de los musulmanes a la verdad de Allahu Akbar. Más grande que yo y más grande que tú. Y más grande que todos los imperios, a pesar de todo su poderío económico, político, propagandístico, militar e incluso atómico.

Por supuesto, el mundo islámico entendió inmediatamente el mensaje.

Ese mensaje, como bien valoraba Henry Kissinger, era muy peligroso para los tiranos imperialistas de la época y era necesario acabar cuanto antes con él, para evitar que se extendiese por todo el mundo islámico.

No por casualidad, la recién nacida república islámica de Irán será bombardeada e invadida militarmente nueve meses más tarde por el tirano gobernante en Iraq, respaldado por todas las potencias imperialistas, sus aliados y sus agencias colaboradoras: EEUU, URSS, Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, Japón, Arabia Saudita, Kuwait, Marruecos…. y todo el mundo de la banca, las finanzas, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional e incluso individuos particulares como Agnelli el presidente de la casa Fiat, quien envió de regalo diez mil minas antipersonas al extinguido régimen baasista, para colaborar de manera altruista a la recuperación de los valores democráticos y a la libertad perdida en un rincón de la ummah islámica.

El resultado de los más de ocho años de guerra impuesta contra el pueblo de Irán y los valores islámicos concluyeron, como todos sabemos, a pesar del bloqueo internacional y de la política de destrucción sistemática del país y de sus fuerzas productivas, con el fracaso de los planes imperialistas, el fortalecimiento de la revolución islámica y el debilitamiento de los enemigos.

Los logros de la revolución islámica de Irán, bajo la dirección del Imam Jomeini, rahmatul lahi alaihi, a lo largo de la guerra impuesta, y el mantenimiento y progreso del proceso revolucionario en los años posteriores a la defensa sagrada hasta nuestros días, han estado llenos de lecciones paradigmáticas para los pueblos oprimidos del mundo y en particular para los pueblos islámicos, los más capacitados, por la unidad cultural y religiosa de la ummah, para entender la importancia histórica y el significado profundo de tales acontecimientos.

Podemos decir que, cuando el Imam Jomeini, r.a., levantó la bandera gloriosa de Allah, de Su mensajero y de los Imames Purificados de la Casa Profética, ante la ummah islámica, ante los pueblos del mundo y ante los poderes imperialistas del este y el oeste y enfrentó, armado de la fe en Dios y de las enseñanzas del los Masumín, a los poderes dominantes en la tierra, el Islam se encontraba, tras siglos de deformaciones interesadas del mensaje de Dios a manos de los gobernantes usurpadores del poder en el mundo islámico y también de siglos de colonización cultural, económica, tecnológica y política de los pueblos islámicos a manos del imperialismo internacional, en su momento de mayor sumisión y opresión.

Los musulmanes del mundo ni siquiera soñaban con la posibilidad de enfrentar a los poderes dominantes en el mundo, armados con la fuerza del Islam y de la fe en Dios.

Las corrientes nacionalistas y el marxismo laicista habían penetrado hasta tal punto entre los intelectuales del mundo islámico que las luchas por la liberación de la opresión y la explotación de los pueblos islámicos veían limitados sus horizontes ideológicos y revolucionarios al marco de las luchas de liberación nacional y los objetivos de los pueblos no iban más allá de reivindicaciones de carácter económico y político en el marco materialista de la economía y la sociología capitalista o comunista.

El avance ideológico del materialismo había llegado a tal punto que los jóvenes creyentes, en sus propios países, se veían obligados a esconder sus oraciones y adoración a Allah, subhanahu wa ta’ala, para evitar ser objeto de burla de sus compañeros de estudios y de la persecución de la policía.

Tras el triunfo de la revolución soviética y el desmembramiento del califato otomano, la ofensiva anti islámica llegó hasta prohibir la escritura del alfabeto árabe, el hiyab de nuestras mujeres y las barbas y las vestiduras islámicas de los hombres. Se impidió, con la violencia institucional, la cárcel, la tortura y la muerte, la difusión del pensamiento islámico, el acceso de las nuevas generaciones al Corán, a la lengua árabe y a las mezquitas. Se quemaron los coranes y se destruyeron las tumbas de los cementerios islámicos, en un intento de borrar de la historia el pasado islámico de los pueblos.

Tras la segunda guerra mundial, la Organización de las Naciones Unidas legalizó la ocupación del Palestina por el ente sionista, las fuerzas de vanguardia de una nueva cruzada contra el territorio y los pueblos islámicos, con el objetivo manifiesto de ocupar la totalidad de las tierras musulmanas y de exterminar definitivamente el Islam de la faz de la tierra, como un día se hizo exitosamente en las tierras islámicas de Al-Andalus.

Los líderes mismos de la resistencia palestina y de las resistencias nacionales de los pueblos islámicos, terminaron llevando a sus pueblos a la esfera de influencia del Estado soviético y presentando la alternativa materialista y laicista marxista-leninista como la única salida a las luchas de liberación de los pueblos y vendiéndoles la idea del progreso material en el marco de la nación-estado como la meta a la que sus pueblos debían aspirar.

Las revoluciones de los pueblos, desde la revolución francesa, pasando por la revolución rusa, la china, el bloque socialista y la revolución cubana, limitaban los objetivos de las conquistas revolucionarias y sus metas al bienestar material y, a lo sumo, cultural de los pueblos. En la práctica, las nuevas vanguardias revolucionarias, ignorantes de la dimensión transcendente y espiritual del ser humano, se terminaron transformando en una nueva casta burocrática y, finalmente, en una nueva aristocracia privilegiada y generaron nuevas formas de opresión de sus pueblos.

Fue en ese caldo de cultivo y en el agotamiento de esas experiencias revolucionarias, incapaces de superar el marco materialista del sistema capitalista o comunista burocráticamente degenerado, donde maduraron las condiciones materiales e ideológicas para el renacimiento de los valores espirituales islámicos y el triunfo de la revolución islámica en Irán.

La defensa victoriosa de su revolución y sus valores, realizada por la nación islámica de Irán, primero contra la monarquía títere y posteriormente contra todas las fuerzas de la opresión y la arrogancia mundiales, transmitió inmediatamente un mensaje de esperanza a los pueblos oprimidos y en primer lugar a los pueblos oprimidos de la ummah islámica.

Los esquemas políticos, los conceptos y el lenguaje imperante de los trescientos últimos años saltaron por los aires y los conceptos marxistas de explotación y de lucha de clases, de privatización o socialización de los medios productivos, etc… dejaron paso a un nuevo lenguaje, a una revolución conceptual que reponía los valores espirituales y morales en el lugar que por derecho le correspondían y que denunciaba desde las tribunas internacionales, por primera vez tras el renacimiento y la revolución industrial,  el verdadero carácter satánico de los amos del mundo y de sus planes de dominación mundial.

Hace treinta y tres años, la revolución islámica triunfante en Irán, comenzó a plantar las semillas de un nuevo amanecer para la humanidad en las conciencias de los pueblos islámicos y de los pueblos oprimidos del mundo.

Un nuevo lenguaje, basado en la fe inquebrantable en Dios y en Su poder supremo, comenzó a expandirse por el mundo.

Un ejemplo de resistencia ante la opresión y los planes satánicos, y de solidaridad con los pueblos oprimidos y, en primer lugar, con aquellos que resistían con las armas en la mano en el principal frente de guerra contra la ummah islámica, Palestina, hacía su aparición en la arena política mundial.

La revolución islámica triunfante en Irán se convirtió, de la noche a la mañana, en el referente al que toda la ummah dirigía sus miradas.

Su éxitos y fracasos de todo tipo, en el interior de Irán y en la arena internacional, su defensa de la revolución islámica y su solidaridad activa con los pueblos oprimidos, así como su combate y denuncia de los crímenes de las fuerzas satánicas de la arrogancia mundial en todo el mundo, han sido desde hace treinta y tres años la llama que ha alimentado las esperanzas de los pueblos oprimidos del mundo y la fuerza que ha inspirado a los pueblos oprimidos de la ummah islámica para comenzar a recuperar las enseñanzas islámicas y para armarse ideológicamente contra sus enemigos, para poder así, está vez sí, avanzar con éxito hacia su liberación, no sólo material y cultural, sino también y principalmente espiritual y moral.

Las semillas que el Irán islámico no ha dejado de plantar desde entonces, a la luz de las enseñanzas del Islam puro de la Casa Profética, se han ido transformando en plantas y árboles que en estos días comienzan a dar sus primeras flores y frutos.

Queda por delante todavía un gran esfuerzo. En ese proceso de liberación de los pueblos islámicos será necesario terminar de liberarse de los restos de la ideología materialista dominante en el mundo en los últimos quinientos años, ideología que ha penetrado incluso en la comunidad islámica, generando lo que el Imam Jomeini llamó el Islám americano, una ideología que se manifiesta exteriormente con los aspectos formales y rituales del Islam, pero que ideológicamente hace ruku’ y sayda ante los poderes materiales, ideológicos y políticos de la arrogancia satánica mundial, ante sus conceptos de progreso y libertad, ante sus formas de gobierno y construcción de la sociedad, ante sus valores educativos y culturales.

El Islam vino a la humanidad como un mensaje de liberación personal y colectiva. Los pueblos islámicos se han colocado a la cabeza del despertar de la humanidad. La nueva primavera de la humanidad está únicamente en sus comienzos.

Si no queremos que una repentina helada queme sus primeras flores y frutos, tenemos por delante un gran esfuerzo, un gran yihad tanto en el terreno del pequeño yihad como en el terreno del gran yihad.

La ummah debe regresar a las fuentes de las enseñanzas coránicas y de la sunna profética pura y sin adulteraciones. Limpiar las enseñanzas proféticas de siglos de adulteraciones a manos de califas usurpadores y de falsos ulamás vendidos y corrompidos,  y redescubrir los manantiales de sabiduría y belleza que siguen brotando de ellas y que no han parado de hacerlo desde los tiempos de nuestro amado Profeta.

 En esas fuentes se encuentran todos los conocimientos necesarios para llevar a buen puerto las luchas de liberación de los pueblos islámicos, restablecer los lazos de hermandad de la ummah, los valores del Islam puro mohammadí y la confianza ilimitada en el poder y la fuerza de Dios.

El camino será todavía arduo, difícil,  duro, pero el despertar de los pueblos islámicos a la fe en el poder de Dios es la única garantía para avanzar hacia la liberación y para disponer de toda la fuerza, la energía y la inspiración necesarias para lograrlo.

Esa senda de liberación de la ummah islámica será, con la ayuda de Dios, la avanzadilla de la liberación definitiva de todos los pueblos, la fuente en la que el resto de la humanidad se inspire y quien les abra la senda hacia el  regreso glorioso a la espiritualidad  y a la fe en el Dios Único, Justo,  Bondadoso y Liberador.

Wa al hamdu lil lahi rabi l-‘alamín.

Jafar González

Qom, 9 de Octubre de 2012

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s